Faltas de ortografía por influencia de la pronunciación
12 de Mayo de 2008
Los desajustes entre pronunciación y escritura son fuente de numerosas faltas de ortografía. Quienes están poco versados en la escritura dejan que la lengua oral les juegue malas pasadas ortográficas de dos maneras, principalmente:
a) Escriben de oído, es decir, escriben las palabras tal como se pronuncian
b) Se pasan de correctos: por miedo a equivocarse, desconfían de grafías que les parecen demasiado sencillas y al final incurren en ultracorrección
Podemos diferenciar dos grandes tendencias en la ortografía de las lenguas con escritura alfabética. Por un lado, encontramos sistemas como el del inglés y el francés que poco tienen ya que ver con la pronunciación (y mucho con la historia o el origen de las palabras). Esto es lo que se denomina tendencia etimológica. Por otro lado, hay sistemas muy fieles a la pronunciación, como el del italiano o el checo. Predomina en ellos la tendencia fonémica. El ideal de una ortografía fonémica es que a cada sonido le corresponda una letra y a cada letra un sonido, aunque en la práctica es raro que esto se lleve hasta las últimas consecuencias. La ortografía del castellano se sitúa a mitad de camino entre unos y otros. La correspondencia es bastante estrecha, pero se dan también desajustes como la digrafía, heterografía y otros.
Las faltas de ortografía son más frecuentes para aquellas variedades del español que han sufrido una evolución fonética más radical, ya que aumenta la distancia entre el código oral y el código escrito. Tienen mayor prestigio las variedades cuya pronunciación se mantiene más cercana a la escritura, aunque esto no pasa de ser un prejuicio de los hablantes, que creen que lo escrito es superior a lo oral. Hasta tal punto es así que la ortografía puede llegar a cambiar la pronunciación.
Probablemente, el ejemplo más famoso de dificultades ortográficas por discordancia entre pronunciación y escritura es la confusión de b y v. Estas dos grafías corresponden en español a un único sonido. Ya en tiempos de los romanos se decía: “Beati hispanii quibus bibere uiuere est” (’Dichosos los hispanos, para quienes vivir es beber’). Esto indica que ya en el latín hispánico los sonidos representados por esas dos letras habían quedado reducidos a uno (”b”), de modo que sonaban igual bibere ‘beber’ y vivere ‘vivir’. Por eso, esta falta de ortografía aparece ya en latín por estas tierras.
Hoy escribimos haber con hache porque hace más de 2 000 años se pronunció. Este es un buen ejemplo de ortografía etimológica. En la lengua estándar actual, esta letra no se corresponde con ningún sonido. No es de extrañar, por tanto, que dé pie a incorrecciones, ya sea por omisión (comerse la hache), ya sea por ultracorrección (escribirla indebidamente).
Las grafías c, z y s dan quebraderos de cabeza a los hablantes seseantes y ceceantes, es decir, a la inmensa mayoría. No tienen mayor problema quienes distinguen en la pronunciación “ese” y “ce” (coser frente a cocer). Pero para una gran parte de los andaluces, así como para los hablantes canarios y americanos, la corrección ortográfica depende aquí tan solo de su memoria visual.
Hoy son minoría quienes distinguen en la pronunciación entre rallar y rayar. Este es un fenómeno que se conoce como yeísmo. De ahí que sean frecuentes las vacilaciones en la escritura entre el par y/ ll.
La pronunciación de la x en final de sílaba se suele simplificar en s, de modo que extraño suena “estraño”. Esto, que es perfectamente aceptable en el habla, explica que al escribir se confundan x y s en dicha posición.
Los casos que hemos revisado hasta aquí afectan a la escritura de letras individuales. También ocurre a veces que se escriben juntas palabras que deberían ir separadas, como sobre todo. Esto se explica porque sobre, como preposición que es, carece de acento propio y se apoya en la palabra siguiente para pronunciarse, que es lo que pretende reflejar quien las une en la escritura.
Las pausas de la lengua oral nos llevan a veces a colocar comas donde no son necesarias. Es muy normal que se introduzca una pausa entre el sujeto y el verbo, sobre todo si el primero es largo: La Federación de Asociaciones de Pequeños Comerciantes | ha solicitado ayudas económicas al Gobierno. Pero nunca se puede separar el sujeto del verbo con una coma al escribir.
Si invertimos la perspectiva, las faltas de ortografía dan pistas sobre cómo se pronuncian las lenguas. Nos las han dado para lenguas de las que no tenemos documentos sonoros, como el latín. Y si hacemos un poco de lingüística-ficción es fácil imaginar que si dentro de 3 000 años un historiador de la lengua se encuentra con que en los cuadernos de los escolares del siglo XXI abundaban las confusiones entre s y c, llegará a la conclusión de que algo pasaba con la pronunciación correspondiente.
Nota: por motivos metodológicos, renuncio a incluir ejemplos con faltas de ortografía. El leer o escribir palabras con faltas refuerza la tendencia a cometerlas. Por eso, los mensajes electrónicos con faltas son nefastos para la ortografía.
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20 de Septiembre de 2008 a las 13:14
Hola.Me ha parecido muy interesante su página.
Siempre me ha gustado usar bien el castellano y me esfuerzo por hacerlo.
Aunque no soy andaluz,me considero de uno de ellos porque llevo tiempo viviendo aquí y hablo casi como los andaluces.
Digo “casi” porque no suelo cecear ni sesear y diferencio y pronuncio esos dos fonemas perfectamente.
El caso es que siempre creí que el [ll] y [y] se pronuncian igual y que esa diferencia de sonido no se daba en castellano
Creo que lo mismo ocurría con [b] y [v]
He oído escuchar que había profesores que se esforzaban en hacer que los alumnos pronunciaran bien los fonemas [b] y [v],pero nunca escuché lo mismo de [ll] y [y]
Si hay diferencias en este último caso,¿podrías escribir como se pronuncian o se pronunciaban?
Me he quedado con la duda de si soy yeísta o no :)
De todas formas será difícil corregirlo a estas alturas.
Gracias y seguiré atento a su página.
La añadí a los marcadores.
20 de Septiembre de 2008 a las 18:42
Hola, José:
En castellano nunca se ha diferenciado en la pronunciación entre [b] y [v]. Algunos maestros introducían esa diferencia en los dictados para ayudar a los alumnos con la ortografía. También a veces algunas personas diferencian esa pronunciación por ultracorrección, pues piensan que si hay una diferencia en la escritura también debería haberla en la pronunciación.
En cuanto a “y/ ll”, la diferencia se ha perdido en la mayoría de los territorios de habla castellana. Se mantienen algunos reductos diferenciadores en Castilla, regiones de Colombia, etc., pero la inmensa mayoría de los hablantes son yeístas. Eran muy pocos los pares de palabras que se diferenciaban solamente por ese fonema, por ejemplo, “rayar/ rallar”. Las consecuencias funcionales del abandono de esa distinción son mínimas.
Tienes que tener en cuenta que el yeísmo, el seseo y el ceceo no son errores o “faltas” en la pronunciación. La norma va acomodando progresivamente la noción de variante.
La pronunciación de la ll viene a ser como una l pero aplastando el centro de la lengua contra el paladar en lugar de elevar la punta hacia los incisivos superiores. A veces se describe aproximadamente como pronunciar una l y una i al mismo tiempo. Es el mismo sonido de port. “filho”.
Gracias por tu comentario y sigue leyendo el blog.
1 de Octubre de 2008 a las 18:01
HOla Alberto. Muchas gracias por la aclaración.
Por cierto,se me ha colado un “de” donde no debía.
“me considero de uno de ellos”.
Iba a escribir “de aquí” y al final cambié un poco la frase y se quedó la preposición.
En un blog sobre lengua hay que extremar mucho más las precauciones ;)
Saludos
10 de Julio de 2009 a las 18:05
muybien
10 de Julio de 2009 a las 18:06
excelenteinformacion