Archivo para la categoría ‘determinante’
Cualquier, cualquiera, cualesquiera
28 de Abril de 2008
Una duda muy frecuente es la que plantea el uso de las diferentes formas del determinante cualquiera:
Cualquier
Cualquiera
Cualesquiera
El que aparezca una u otra depende de dos factores:
a) la posición respecto del nombre (si aparece antes o después de este)
b) el número del nombre (singular o plural)
La forma cualquier es singular y aparece antepuesta al nombre. Como vemos en el ejemplo siguiente, el nombre al que se refiere puede ser tanto femenino (cosa) como masculino (sitio):
(1) […] el [teléfono] móvil es el mejor disfraz, el que te permite disimular cualquier cosa, camuflar cualquier sitio, el que hace que el enemigo no sepa dónde mirar cuando te está buscando [¿Quién es Juan? / e-life, acceso: 26-4-2008]
Cualquiera es también singular, pero aparece pospuesto al nombre, que puede ser masculino o femenino:
(2) Trabaja en una oficina cualquiera, en un polígono cualquiera [Ideario Personal sin Censuras, acceso: 26-4-2008]
El comportamiento es el mismo que con otras palabras que tienen una forma plena y otra apocopada (acortada), como, por ejemplo, el determinante posesivo mi, mío: decimos mi primo, pero un primo mío. La forma apocopada aparece antes del nombre, mientras que la forma plena aparece detrás.
Cualesquiera es la forma de plural. Hoy es rara, salvo en textos formales. Esta forma aparece pospuesta al nombre. El género sigue siendo indiferente:
(3) Una mañana cualquiera, en un tren cualquiera, unos ojos cualesquiera [Más de Cien Mentiras, acceso: 27-4-2008]
En el ejemplo (3) podemos ver no solo el uso de cualesquiera sino también su contraste con la forma de singular. Creo que así se percibe mejor cuándo se utiliza cualquiera y cuándo cualesquiera. La tendencia en el habla corriente es a la pérdida de la forma de plural y su sustitución por la de singular, pero lo norma aún no ha dado ese paso.
Virtualmente, existe también una forma apocopada de plural cualesquier. En la práctica no se usa. En lugar de decir cualesquier problemas, se dice cualquier problema (en singular) y ya está.
Además, hay un uso como pronombre. En este caso, lógicamente, no hay sustantivo, y se emplean tan solo las formas plenas cualquiera y cualesquiera, según se trate de singular (4) o plural (5):
(4) Como sabe cualquiera, en un principio todos los elfos eran blancos: formas blancuzcas de niebla, espíritus claros [Escritos e ideas, acceso: 27-4-2008]
(5) Cualesquiera que sean su cuna o ascendencia común, lo cierto es que en la época del profeta Mahoma […] existían varios dialectos entre las tribus de la Península Arábiga [Silvia Peralta Morillo, acceso: 27-4-2008]
¿’Aparte’ o ‘a parte’?
20 de Abril de 2008
Como norma general, aparte se escribe en una palabra. Tiene varios usos diferentes. En uno de ellos es un adverbio que significa ‘en otro lugar’, ’separado’ o incluso ‘a un lado, al margen’, como en el ejemplo (1):
(1) He tratado de dejar aparte todos los prejuicios que he ido acumulando contra el libro, leerlo, y luego formarme una opinión concreta [Tatuado en papel, acceso: 19-4-2008]
También existe la locución aparte de, que puede significar ‘además’ (2) o ’sin contar’ (3):
(2) Eric Olhsson es diseñador gráfico y trabaja como freelance aparte de ser músico [Graficante, acceso: 19-4-2008]
(3) Aún es joven, tiene 40 años y dos meses contados, y, aparte de unos triglicéridos rebeldes, está razonablemente sano [Fibromialgia, acceso: 20-4-2008]
Estos son los usos más importantes de aparte escrito junto. Quedan dos que solo comentaré de pasada porque no plantean tantas dudas. Hay un aparte adjetivo ‘diferente, singular’ (Ese es un caso aparte) y un aparte sustantivo, como en la expresión hacer un aparte con alguien ‘hablar con otra persona sin que se enteren los demás de lo que dicen’.
Hasta aquí llegan los usos de aparte escrito junto.
Además, ocasionalmente, pueden coincidir la preposición a y el sustantivo parte como palabras independientes en la secuencia a parte (separado):
(4) […] el conseller Huguet quiere escuchar a parte de la sociedad digital y se va a estudiar cómo impulsar la sociedad de la información [K-Government, acceso: 8-4-2008]
Las apariciones de esta combinación son relativamente escasas. Normalmente podremos reconocerla porque admitirá que introduzcamos un artículo entre la preposición y el nombre o incluso que añadamos un artículo y un adjetivo:
(5) El conseller Huguet quiere escuchar a una parte considerable de la sociedad digital
Haz la prueba con los ejemplos (1), (2) y (3); y verás cómo no funciona.
En resumen, antes de escribir a parte separado, desconfía y compruébalo. Probablemente estás metiendo la pata.
Origen del artículo determinado
8 de Marzo de 2008
En latín no existía el artículo. Este es una innovación de las lenguas románicas a partir de un demostrativo que significaba ‘aquel’:
Illem hominem ‘aquel hombre’ > el hombre
Illam civitatem ‘aquella ciudad’ > la ciudad
En este proceso, el demostrativo original experimenta diversos cambios.
Se reduce su sustancia fónica. Esto salta a la vista al comparar la forma latina con la castellana, que es más breve. La reducción afecta también al acento. El demostrativo latino era tónico, mientras que nuestro artículo es átono y se apoya en la palabra siguiente para su pronunciación. Compárese:
“íllem óminem” / “elómbre”
También se reduce su significado (esto es lo que se conoce como desemantización). Tanto el demostrativo como el artículo tienen un significado gramatical, abstracto. Sin embargo, el significado del demostrativo incluye más componentes. Nos muestra (de ahí su nombre) una realidad que está situada en el máximo grado de alejamiento, pues no está en la órbita de la 1.ª persona (yo) ni de la 2.ª (tú) sino en la de una 3.ª (él). Un componente secundario de este significado es la definitud: esa realidad es conocida por haber sido nombrada anteriormente o porque forma parte por cualquier otro motivo del universo del discurso. Pues bien, en el paso del demostrativo latino al artículo castellano se pierde el componente primario del significado y solo queda este rasgo secundario de definitud.
Además, el artículo ha perdido libertad en cuanto a su posición (fijación sintagmática). En latín el demostrativo podía aparecer antes o después del nombre, o sea, podíamos decir lo mismo illem hominem que hominem illem. Pensemos que con nuestros actuales demostrativos también podemos decir aquel hombre o el hombre aquel. El artículo, en cambio, por fuerza tiene que anteceder al sustantivo: el hombre.
La presencia o ausencia de nuestro artículo viene determinada por reglas en la mayoría de los contextos. El artículo ha sufrido un proceso de obligatorificación. Por eso decimos El pan ha vuelto a subir, mientras que sería incorrecto Pan ha vuelto a subir.
Este proceso se dio en paralelo en castellano y en las otras lenguas románicas. Los resultados fueron ligeramente diferentes (por eso no se utiliza igual el artículo en castellano y en francés, por ejemplo). El pronombre de sujeto de 3.ª persona (él - ella - ello) tiene el mismo origen, pero es una forma tónica con una evolución propia. También salen de este demostrativo nuestros actuales pronombres átonos de 3.ª persona (por ejemplo, La vi ayer). En fin, que el ille latino fue bastante prolífico.
‘Amoto’ y ‘atril’: reanálisis
27 de Diciembre de 2007
Las formas atril y amoto son el resultado de sendos procesos de reanálisis que han alterado las fronteras entre el determinante y el sustantivo.
Nuestro atril procede del latín lectorile (que, a su vez, procedía de lector):
Lectorile > latril > atril
Alguien debió de creer que la ele inicial de latril formaba parte del artículo. Así, una parte del nombre quedó embebida en el artículo:
El latril > el atril
El sustantivo moto surge de motocicleta por acortamiento:
Motocicleta > moto
Aparece así un nombre femenino terminado en -o. Esto no es más extraño que otros nombres femeninos terminados en -o como mano, pero contribuyó al cambio. Si en el caso de atril una parte del nombre se integró en el determinante, en el de moto es el determinante el que le va a pasar un trozo al nombre:
Una moto > un amoto
Estas dos palabras tienen diferente consideración desde el punto de vista normativo: amoto se considera incorrecta, mientras que atril es correcta.
‘Azúcar’: un caso especial de nombre ambiguo en cuanto al género
8 de Noviembre de 2007
Azúcar es un nombre ambiguo en cuanto al género, es decir, un nombre que se puede usar tanto en masculino como en femenino sin que cambie su significado. En los dos ejemplos siguientes vemos cómo se puede decir tanto azúcar moreno como azúcar morena:
El azúcar moreno y el azúcar blanco de las Indias Occidentales Francesas […] nunca apareció en Londres o Bristol, salvo como botín de guerra […] [Guillermo Morón: Historia general de América]
Los nuevos colonos yanquis veían con desprecio al español, […] que seguía moliendo su azúcar morena […] [José Vasconcelos: Ulises criollo]
Lo que hace especial a azúcar en comparación con otros nombres ambiguos en cuanto al género es que se combina con el artículo masculino también cuando se usa en femenino:
Los propios industriales refresqueros han devaluado el azúcar refinada en 15 y 20 por ciento […] [Época: Semanario de México, 5-8-1991]
Se comporta en esto como los nombres femeninos que empiezan por a tónica. Sin embargo, azúcar comienza por a, pero el acento no recae en esa sílaba.
Azúcar también se puede combinar con el artículo femenino. Esto es correcto pero poco frecuente. Veamos un ejemplo:
[…] el comercio de la azúcar está manejado por comercializadores internacionales […] [Época: Semanario de México, 5-8-1991]
Este uso es claramente minoritario. Una búsqueda con Google a 8 de noviembre de 2007 arroja nada más y nada menos que 1 980 000 documentos para la cadena exacta el azúcar, frente a 99 000 para la azúcar. La proporción es, por tanto, de 20 a 1 a favor del determinante masculino.
Como ocurre con otros sustantivos ambiguos en cuanto al género, ciertas combinaciones son fijas. Esto implica que no pueden cambiar de género. Por ejemplo, azúcar blanquilla solo se usa en femenino. Hasta tal punto es así que el autor de esta oración se vio obligado a respetar la forma femenina aunque en todos los otros casos utiliza el masculino:
Azúcares crudos: azúcar terciado, azúcar blanquilla […] y azúcar granulado [Anales de Bromatología, 1967, vol. 19, p. 247]
Y esto es lo que les tenía que contar sobre el sustantivo azúcar. Espero no haber aburrido ni empalagado.
Nombres ambiguos en cuanto al género
30 de Octubre de 2007
Los nombres ambiguos en cuanto al género son aquellos que se pueden utilizar tanto en masculino como en femenino sin que cambie su significado. Algunos ejemplos de sustantivos ambiguos en cuanto al género son mar, maratón, linde, dracma y azúcar. Veamos cómo se utilizan en textos reales:
Los expertos creen que en el fondo del mar hay cientos de navíos […] [Abc, 28-10-2007]
El paseo de la ría acogerá […] una serie de talleres infantiles sobre el medio ambiente y la mar [La Nueva España, 30-9-2007]
Azúcares crudos: azúcar terciado, azúcar blanquilla […] y azúcar granulado [Anales de Bromatología, 1967, vol. 19, p. 247]
En las dos primeras oraciones encontramos el uso masculino y femenino, respectivamente, de mar. El tercer ejemplo, el del azúcar, es muy interesante porque vemos cómo en la misma línea aparece el mismo nombre utilizado en masculino y en femenino.
Es importante tener en cuenta que el utilizar estos nombres en un género o en otro no da lugar a un cambio de significado. Por ejemplo, yo puedo irme a Alicante y sentarme en la playa. Si ese día tengo una vena lírica, probablemente diré:
Mira: ¡la mar!
Si me da por hablar de forma más neutra, lo que me saldrá será:
Mira: el mar
Pero en los dos casos estaré hablando de la misma realidad. El mar sigue siendo el mismo; solo ha cambiado el género del nombre que estoy utilizando para referirme a él.
Por lo general, los nombres ambiguos en cuanto al género se refieren a seres inanimados (y así es en los ejemplos anteriores). La excepción son dos nombres de animales: cobaya y ánade.
El que no cambie el significado tampoco quiere decir que dé exactamente igual utilizar estos sustantivos en masculino o en femenino. Las diferencias no van a ser de significado sino de otro tipo.
A veces, el utilizar un género u otro es una cuestión de puras preferencias individuales. Puede haber hablantes que prefieran la forma azúcar moreno y otros que prefieran azúcar morena.
Otras veces, las diferencias tienen que ver con la pertenencia a ciertos grupos sociales. Un ejemplo que se suele repetir en los manuales es que las gentes de mar tienden a decir la mar (en femenino), mientras que quienes no tenemos mayor relación con el mar tendemos a utilizar la forma masculina.
También hay preferencias regionales. Calor es masculino para la mayoría de los hablantes de español, pero dentro de España, por ejemplo, el femenino la calor está muy extendido en ciertas zonas de Andalucía, Murcia o Cataluña.
Llegamos ahora a la cuestión de la consideración normativa de estas vacilaciones de género. Para la norma del español no todas son iguales. Algunas vacilaciones están aceptadas por la norma, como las de los ejemplos que hemos utilizado hasta ahora (salvo calor, que es un caso especial). Otras, en cambio, se condenan. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con pus, que para la norma solo es masculino, aunque para muchos hablantes sea femenino.
Esta consideración puede ir cambiando con el paso de los años. Calor tradicionalmente estaba admitido como ambiguo en cuanto al género y así se recoge todavía en el DRAE (2001). Sin embargo, con la publicación del DPD, la norma se volvió un poco más restrictiva y ya solo se admite la forma masculina. Lo contrario ha pasado con maratón. Después de años y años de condenar la forma femenina, al final se han admitido las dos, por lo que hoy este nombre ha pasado a considerarse ambiguo en cuanto al género con la bendición de las Academias.
Por último, no conviene perder de vista que hay expresiones con diferentes grados de fijación en las que es obligatorio uno u otro de los géneros. Por lo general, podemos elegir entre el mar o la mar, pero solo utilizamos la forma femenina en las siguientes expresiones fijas:
Pelillos a la mar ‘olvidemos nuestras diferencias’, ‘reconciliémonos’
La mar de (simpático, distraído, etc.) ‘muy’, intensificador
En el primer ejemplo, el artículo masculino forzaría una interpretación literal: hay unos pelillos que se arrojan al mar. En el segundo ejemplo, simplemente, daría lugar a un sinsentido.
La tilde de los demostrativos
20 de Octubre de 2007
En la inmensa mayoría de los casos es correcto escribir los demostrativos sin tilde.
En español tenemos tres series de demostrativos. Este es el conjunto completo de formas:
1. Este - esta - esto - estos - estas
2. Ese - esa - eso - esos - esas
3. Aquel - aquella- aquello - aquellos - aquellas
Los demostrativos pueden funcionar como adjetivos o como pronombres. Cuando funcionan como adjetivos, modifican a un sustantivo:
Quiero esa camisa
Cuando los demostrativos funcionan como adjetivos, nunca se acentúan.
Cuando funcionan como pronombres, desempeñan la función de un nombre o, para ser más exactos, de un sintagma nominal completo:
Quiero esa
Cuando funcionan como pronombres, algunos de ellos (no todos) puede ser obligatorio acentuarlos (en la práctica, casi nunca). Para empezar, nunca llevan tilde las formas neutras:
Esto - eso - aquello nunca se acentúan
¿Por qué? La tilde que reciben algunas de las formas pronominales es una tilde diacrítica o acento diacrítico, que es el que evita que confundamos palabras diferentes que se escriben igual. Nunca puede haber confusión con las formas neutras porque solo pueden ser pronombres. Podemos escribir:
Esto es increíble
Lo que no podemos hacer nunca es combinar esa forma del demostrativo con un nombre: esto árbol.
El resto de las formas pronominales solo es obligatorio acentuarlas si se puedan confundir con la forma adjetiva y dar lugar a interpretaciones erróneas, que es lo que puede pasar en estas dos oraciones:
Matilde dejó a ese tonto
Matilde dejó a ése tonto
La tilde nos indica que tenemos que interpretarlas así, respectivamente:
Matilde abandonó a ese tonto
A ese Matilde lo dejó tonto
Hasta aquí, en teoría, todo está muy bien. En la práctica, lo que hay que hacer es redactar de forma más clara y dejarse de tildes diacríticas. El primer par de oraciones tenemos que leerlo dos veces para enterarnos de lo que nos están diciendo. Las del segundo par, en cambio, se entienden a la primera.
No hay más casos obligatorios. Cuando los demostrativos se utilizan como pronombres sin dar lugar a ambigüedad, el acento es facultativo, es decir, queda a nuestro criterio el ponerlo o no ponerlo. Sin embargo, es preferible no poner tilde en estos casos. Cuando hay dos posibilidades correctas, y una es más sencilla y otra más complicada, se prefiere la sencilla.
En resumen, si tenemos una tilde en un demostrativo, hay que leer otra vez esa oración. Si la tilde no es obligatoria, hay que quitarla; y si lo es, hay que rehacer la oración para que desaparezca.
‘El arma’: determinante masculino ante nombre femenino
16 de Octubre de 2007
¿Por qué decimos el arma, el águila y no la arma, la águila? La regla general es que los sustantivos femeninos que empiezan por a tónica van precedidos por la forma masculina del determinante. Pero cuidado, porque esta regla tiene varias restricciones.
Primera restricción (y muy importante): solo se aplica a cuatro determinantes:
el: el arma
un: un arma
algún: algún arma
ningún: ningún arma
Es fácil darse cuenta de que se trata en realidad de los determinantes el y un y los que llevan dentro ‘un’ (o sea, algún y ningún). La norma no acepta este tipo de construcciones con el resto de determinantes. Se considera incorrecto, por ejemplo, De este agua no beberé. La norma exige que se diga y se escriba:
De esta agua no beberé
Segunda restricción: la regla solo se aplica al singular, como se puede ver en el siguiente ejemplo:
Uno de los problemas más graves que tenemos en el municipio (relacionados con el agua) es el vertido de las aguas residuales en los ríos […] [La Unión de Morelos, 15-10-2007]
En el ejemplo anterior, aparece primero agua en singular con el correspondiente artículo en forma masculina; pero a continuación, con la forma plural del mismo sustantivo, el determinante aparece en femenino.
Tercera restricción: el determinante y el sustantivo tienen que ocupar posiciones contiguas. En el momento en que se interpone cualquier elemento entre uno y otro, el determinante vuelve a la forma femenina, que es la que le correspondería normalmente:
Dos profesores y tres estudiantes […] han resultado heridos al ser tiroteados por un adolescente que […] se ha quitado la vida con la misma arma [El País, 10-10-2007]
En el ejemplo anterior sería incorrecto escribir con el mismo arma (aunque este uso es, sin duda, muy frecuente).
Cuarta restricción: la regla no se aplica a femeninos de nueva creación, es decir, no es productiva en la lengua actual. Pensemos en el sustantivo árbitro. Tradicionalmente, solo se utilizaba en masculino. La formación del femenino árbitra es relativamente reciente. En principio, debería seguir la misma regla que los otros sustantivos femeninos que empiezan por a tónica; pero no lo hace. En lugar de eso, decimos la árbitra:
La árbitra brasileña más mediática posará desnuda para el Playboy [20 Minutos, 19-6-2007]
Es importante no perder de vista que estos sustantivos son femeninos a todos los efectos. Esto quiere decir que cualquier elemento que tenga que concordar con el sustantivo (aparte de los mencionados determinantes el, un, algún y ningún) lo hará en femenino, como ocurre con el adjetivo canina en el siguiente ejemplo:
Llegaron al pueblo muy fatigados, con un hambre canina [Josep Pla: La calle estrecha]
Este ejemplo, ya de paso, nos viene bien para darnos cuenta de que la aparición de la forma masculina del artículo tiene que ver con la pronunciación y no con la grafía: la hache no se pronuncia y, por tanto, no afecta a la aplicación de la regla.
La regla, aparte de estas restricciones, tiene sus excepciones (como toda regla que se precie). Se utiliza el artículo femenino con:
1. Nombres de letras: la hache, la alfa
2. Nombres de mujer (en aquellos contextos en que pueden aparecer con artículo):
Esta no es la Ana que yo conocía
Nótese que el mismo nombre puede comportarse de manera diferente dependiendo de si es nombre de mujer o no: El África subsahariana (nombre de continente), pero La África de la que hablabas no es la misma que yo conozco (nombre de mujer).
3. Nombres de países y ciudades: aquí se tiende a utilizar la forma femenina:
Una noche, en viaje ya de regreso a España, recordé a Ávila, la Ávila única […] [Miguel Delibes: La sombra del ciprés es alargada]
Durante su último viaje por Austria, el papa Benedicto XVI ha vuelto a insistir en la Austria católica […] en una repetida proposición […] [El Universal (México), 25-9-2007]
Este fenómeno tiene una explicación histórica que expondremos en otra entrada.