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Brotes verdes
19 de junio de 2009
Últimamente hablan mucho en las noticias de los brotes verdes refiriéndose a esta economía nuestra que parece que quiere salir del coma. Esto es una metáfora que no se ha escogido por casualidad. Vamos a ver por qué.
Yo lo único que entiendo de economía es que cada vez me cuesta más llegar a fin de mes. El común de los mortales no nos enteramos demasiado de si los grandes indicadores macroeconómicos están mejorando, si la gente está comprando más casas en Florida o si Obama, Lula y Merkel han decidido crear un nuevo orden financiero internacional.
Pero sucede que la economía es confianza y si no tenemos confianza y empezamos a gastar, no vamos a salir nunca de la dichosa crisis. Y por eso se intenta decirle a la gente que aunque no se note mucho de momento pronto vamos a empezar a levantar cabeza.
La metáfora de los brotes verdes asimila la situación económica a la vida de las plantas. Un brote, por definición, es pequeño, pero tiene el potencial de crecer y convertirse en una gran planta. El verde no solo es el color de la vida, del resurgir, sino que además inspira confianza; por eso los médicos llevan batas verdes. Las plantas, cuando crecen, son fuente de alimento y de todo tipo de bienes. Después del invierno de la recesión viene la primavera del despegue económico. Al principio apenas se nota; los primeros días de sol todavía conviven con el frío, pero conforme vayamos avanzando, todo irá floreciendo, hasta que lleguemos al verano, en que todo fructifica y después al otoño cuando madura. Para entonces ya se estará fraguando el próximo invierno, pero eso queda lejos y más vale no pensarlo.
Un brote es delicado y tierno. Se malogra fácilmente. Así, si la recuperación no llega, no se podrá echar la culpa a quienes la han vaticinado. Es como cuando vuelve el frío y la helada quema las yemas de los árboles. Pero un brote también se puede cuidar y abrigar y eso probablemente es lo que quieren nuestros mandamases que pensemos que están haciendo ellos.
Y más vale que sea así por la cuenta que nos trae.
Cultura de la propiedad
16 de mayo de 2009
Me entero por la prensa de que en España se van a eliminar las subvenciones a la compra de pisos y veo resurgir de sus cenizas una de las expresiones preferidas de los años de la especulación: la cultura de la propiedad. Durante las pasadas fiebres inmobiliarias se entendía esta cultura como una necesidad compulsiva de comprar casa, consustancial con el genio hispánico. Veamos un ejemplo que refleja bastante bien el uso de la expresión de marras:
La cultura de la propiedad está tan arraigada que el 92% de los cabezas de familia de entre 65 y 75 años son propietarios de una vivienda, valorada de media en unos 180.300 euros [Demayores.com, acceso: 13-5-2009]
La palabra cultura se utiliza para ennoblecer sin necesidad de entrar en discusiones racionales. Su simple presencia basta para realzar lo que se le pone al lado; lo mismo da que sea un bloque de viviendas o una berenjena.
Lo que tenemos detrás es una metáfora que asimila la compra de una casa con la composición de los Conciertos de Brandeburgo o la lectura del Quijote. Se explota el prestigio de las manifestaciones más genuinas del espíritu humano, las que nos hacen verdaderamente personas y nos diferencian de otras especies del planeta. Se asocia así una operación mercantil con valores de urbanidad, desarrollo y civilización, y se la presenta como algo valorado en nuestra sociedad, con una tradición y un arraigo, consustancial con nuestra forma de ver el mundo y entender la vida.
Lo que tiene este tipo de lenguaje es que es como un calcetín al que fácilmente se le da la vuelta. Así, la cultura de la propiedad fácilmente se transforma mediante otra metáfora en la mentalidad del pisito. Es la misma realidad contemplada bajo otra luz, ahora francamente negativa, por ejemplo:
Hay que pensar que la mentalidad del pisito se ha terminado, y creo que es bueno para todos. A partir de ahora a alquilar a precios razonables [comentario de un lector en El Economista, acceso: 13-5-2009]
Metáforas como estas se prestan fácilmente a la manipulación. Es conveniente pararse a pensar lo que hay detrás de ellas si no nos queremos dejar llevar a terrenos que quizá no sean los que más nos convienen.