Etimologías: mandarina, siesta, cantimplora

Yo soy un gran amante de la etimología. ¿Por qué? Porque supone una ayuda inestimable para quien quiere escribir mejor. Las palabras son los ladrillos con los que se construyen los textos. Cuanto mejor conozcas esos materiales, más partido les podrás sacar. La etimología te permite mirar en el interior de las palabras. Al hacerlo, descubres cuál es su significado original. Eso te da una gran ventaja sobre quien desconoce ese significado primero.

Cuando yo me informo sobre los orígenes de una persona, estoy en una posición envidiable para entender quién es y cómo es esa persona hoy día. Me resulta más fácil comprender su comportamiento, sus reacciones, su psicología. Lo mismo ocurre con las palabras. Estudia los orígenes de las palabras y te aportarán claridad sobre quiénes son esas palabras en la lengua de nuestros días y por qué se comportan de la manera en que lo hacen.

Hoy te propongo tres etimologías diferentes. Todas ellas son curiosas, todas ellas nos aportan conocimiento, todas ellas merecen que les prestemos atención.

Etimología de mandarina

Si te gustan las etimologías, hay una obra que resulta imprescindible para ti. Me refiero al Breve diccionario etimológico de la lengua castellana del filólogo catalán Joan Coromines. Yo lo tengo siempre a mano en mi estantería de trabajo. En el momento en que escribo, cuesta unos cuarenta euros, pero vale mucho más. Vale su peso en oro. Hazte con un ejemplar. Me lo agradecerás.

Coromines nos da esta etimología en su diccionario:

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Mandarina ‘especie de naranja’, […] probablemente de mandarín por alusión al color del traje de este.

Detrás de esta etimología hay toda una historia. De momento, desde el punto de vista lingüístico te puedo contar que la denominación de esta fruta se basa en la metonimia. Si quieres escribir, pero todavía no tienes claro lo que es la metonimia, ya te puedes ir informando. Para eso te he dejado un enlace.

La mandarina llega a Europa en el siglo XIX desde China. Este dato te muestra una primera relación metonímica. Tiene que ver con el lugar: las mandarinas vienen del país de los mandarines. Las unas y los otros están en el mismo territorio.

La siguiente metonimia tiene que ver con el color, que es el mismo. El traje del mandarín y la piel de la mandarina presentan un color anaranjado.

En España a esta fruta se la conoce como mandarina, pero en otros lugares las llaman tangerinas. ¿Por qué? Porque originariamente las importaban de la ciudad marroquí de Tánger.

También están las clementinas, que son una variedad especial. Estas se denominan así por un señor, un religioso francés. Él se llamaba Clemente Rodier y trabajaba en un orfanato de Orán, en Argelia. El père Clément se ocupaba de las criaturas de esta institución y, en sus ratos libres, hacía experimentos en el huerto. Allí fue donde cruzó la mandarina con la naranja amarga. A la fruta resultante la bautizaron como clementina en su honor.

Etimología de siesta

La siesta es toda una institución en España. Además, ahora dicen incluso que es buena para la salud. Los más modernos se echan también sus sietecitas, pero no las llaman así porque eso es una vulgaridad. Según ellos, eso es sueño polifásico.

La palabra siesta viene de la expresión hora sexta. En el sistema de horas canónicas, la hora sexta se situaba hacia el centro del día. Ese es el momento en que hace más calor en verano y, por eso, apetece reposar. Te doy un ejemplo que tomo del Libro de Alexandre (1240-1250). En ese texto, la palabra siesta se refiere simplemente a cierta hora del día:

El medio dia passado, fue la siesta viniendo.

Como a esa hora la gente se queda dormida por menos de nada, se empezó a llamar siesta a esa cabezadita. Detrás de esta denominación hay una metonimia: la actividad (o, en este caso, más bien, falta de ella) toma su nombre de la hora del día en que se desarrolla:

Siesta ‘parte del día’ > siesta ‘sueño tomado en esa parte del día’

La siesta no solo es una institución hispánica, sino que se ha convertido en una palabra internacional. La vas a encontrar en lenguas tan diversas como estas:

  • inglés (siesta)
  • francés (sieste)
  • alemán (Siesta)
  • danés (siesta)
  • húngaro (szieszta)
  • polaco (sjesta)

Estos son solamente algunos ejemplos. Si te pones a buscar, vas a encontrar la palabra en muchas otras lenguas.

Etimología de cantimplora

La palabra cantimplora la hemos tomado prestada del catalán. Según Coromines, procede de esta expresión catalana:

Canta i plora (‘canta y llora’)

Lo que tenemos aquí es una metáfora preciosa. A nuestros tatarabuelos el ruido del agua en la cantimplora les sonaba a veces como una canción y otras veces como una persona que lloraba. Fíjate en que estaban personificando un objeto inanimado. Si quieres escribir y todavía no sabes lo que es la personificación, tienes trabajo por delante. Yo, simplemente, lo dejo caer.

En el siglo XVII, el lexicógrafo castellano Sebastián de Covarrubias hablaba así sobre la cantimplora en su Tesoro de la lengua castellana o española:

Es una garrafa de cobre con un cuello muy largo para enfriar en ella el agua o el vino metiéndola y encerrándola en la nieve o meneándola dentro de un cubo con la dicha nieve, cosa muy conocida y usada en España y en todas partes. Díxose cantimplora porque al dar el agua o el vino que tiene dentro, por razón del aire que se encuentra en el dicho cuello, suena en muchas diferencias, unas baxas y otras altas, unas tristes y otras alegres, que parece cantar y llorar juntamente.

El Tesoro de Covarrubias es un verdadero tesoro para las personas curiosas y amantes de las palabras. Está repleto de perlas etimológicas. Otro día hablaré de él.

1 comentario en “Etimologías: mandarina, siesta, cantimplora”

  1. Es interesante que la palabra mandarín, como se les decía a los altos funcionarios en la antigua China, es un vocablo portugués, pero no proviene de mandar, como a menudo lo sugiere la etimología popular, sino del malayo mantari, “consejero”.

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