Ene 232018
 

Hoy vamos a sacar del fondo del baúl diez palabras raras raras raras que tienen en común el empezar con la eme. Mientras las sacudo para quitarles el olor a naftalina, te voy contando que las he encontrado a base de rebuscar en el ínclito Diccionario de uso del español de María Moliner. Esta entrada es un puro juego. Está escrita por diversión, que también hace falta en esta vida. Yo ahora te voy a contar lo que significan las palabritas en cuestión. Tú luego, si quieres, prueba a deslizarlas en la conversación como quien no quiere la cosa, a ver qué cara se les queda a tus amigos, a tus hermanos o a tus hijos.

Vamos a empezar por malingrar, que es una forma más complicada de decir malignar. “¿Y qué es eso de malignar?”… te estarás preguntando a estas alturas. Muy fácil: malingrarmalignar consiste según María Moliner en “corromper, estropear, infectar, pervertir, podrir y, en general, hacer malo algo o a alguien”. Vamos a ver un ejemplo de una y otra variante:

No me gusta que te juntes con esos amigos porque los chicos de tu edad se malingran muy fácilmente.

Cariño, vamos a tener que tirar la mayonesa porque se ha malignado.

Nos hemos quitado las dos primeras de un plumazo. Vamos ahora con otro par. Mansuefacto es un adjetivo que se aplica a los animales. Significa ‘domesticado’. Pero ¡ojo!, que mansuefacto no es lo mismo que mansueto, que es el animal manso por naturaleza. O sea, el mansuefacto era fiero y lo hemos dejado hecho un corderito (que ahí está el mérito). Podemos ilustrar su uso posible con un pequeño diálogo:

—No se asuste, señora, que este león es mansuefacto.

—No, no, yo solo acaricio animales mansuetos.

El siguiente palabro va también de animales, concretamente las memnónidas, que eran unas aves que según la mitología griega no tenían otra cosa mejor que hacer que irse de excursión desde Egipto hasta Troya, pasarse tres días volando alrededor del sepulcro de Memnón (de ahí su nombre) y después matarse unas a otras. Memnón fue un rey de Etiopía, hijo de la Aurora (la diosa, no la vecina del tercero). El pobre murió en la guerra de Troya. Veamos un ejemplo de uso, fabricado para la ocasión:

[En la tienda de mascotas]

—Disculpe, ¿tienen memnónidas?

—Lo siento, pero las memnónidas son especie protegida.

Tampoco está nada mal minción, que no tiene nada que ver ni con mención ni con micción (!). La minción era un impuesto que se pagaba a un señor feudal cuando moría uno de sus súbditos. Era una versión antigua de nuestro impuesto de sucesiones. Si hoy existiera, se podría usar así más o menos:

Me ha llegado una carta de Hacienda reclamándome la minción por la herencia de mi tía Enriqueta.

Una modurria es una bobería, como su propio nombre indica. Me encanta esta palabra, que podría tener multiples aplicaciones en nuestros tiempos, por ejemplo:

Déjate de ver modurrias en Facebook y ponte a trabajar, que se nos va toda la mañana.

Moflir es ‘comer’ o ‘masticar’ (piensa en moflete). Lo que más me gusta de este verbo es lo expresivo que resulta. Veámoslo en acción:

Ya está otra vez ahí el tío ¡venga a moflir! ¡Pero qué tragaldabas!

Si de pronto nos encontramos con la palabra murador, seguramente creeremos que es mirador, pero mal escrito. Nada más lejos de la realidad. Murador es un adjetivo que se le aplica al gato al que se le da bien cazar ratones:

Zeus ya me ha traído otro ratoncito. ¡Pero qué murador me ha salido este minino!

Por último, munúsculo no se debe confundir con minúsculo. Un munúsculo es un regalo sin importancia (bien pensado, debe de ser algo así como un regalo minúsculo):

—¡Ay, pero si no me tenías que haber traído nada!

—No, mujer, si es solamente un munúsculo.

Pues ya está, este era nuestro puñado de palabras raras. A ver si con este artículo conseguimos que levanten cabeza. Compártelo con tus amigos para que nos echen una mano.

 23 de enero de 2018  léxico