May 072019
 

En nuestro idioma tenemos un puñado de palabras que empiezan con la secuencia de consonantes pt-, a saber: pterodáctilo, ptolemaico, ptosis, pteridofito, ptialina y ptiriasis. A estas hay que añadirles sus derivados, naturalmente. Todas ellas son términos técnicos y todas proceden del griego. Hay alguna más, pero son ya términos tan especializados que ni siquiera se recogen en los diccionarios generalistas.

El pterodáctilo es un reptil fósil. Tenía unas membranas parecidas a las de los murciélagos que probablemente le permitían volar. Etimológicamente, pterodáctilo significa ‘dedos con alas’. El elemento –dáctilo de la palabra remite a ‘dedo’, igual que en huella dactilar. Ptero-, por su parte, significa ‘ala’. Es el mismo elemento que encontramos en coleóptero (los coleópteros son insectos que tienen alas, pero protegidas por un caparazón). Otro tecnicismo de la familia de pterodáctilo es pterosaurio.

Ptolemaico es un adjetivo que se deriva del nombre propio griego Ptolomeo. El adjetivo puede referirse al astrónomo griego Ptolomeo, que vivió en el siglo II, o a la dinastía de los Ptolomeos, que reinó en el antiguo Egipto.

Ptosis en medicina es la caída o descenso de un órgano. Esta palabra en griego significa simplemente ‘caída’.

Las pteridofitas o pteridófitas son un grupo de plantas. A él pertenecen los helechos y afines. Pterís, -ídos significa en griego ‘helecho’. El elemento -fito es ‘planta’ o ‘vegetal’. Pteridófito, -a, -os, -as también puede funcionar como adjetivo.

La ptialina es una enzima que está presente en la saliva. Ptýalon significaba ‘saliva’ en griego. Además encontramos la palabra ptialismo, que se refiere a la secreción excesiva de saliva.

Y nos queda la ptiriasis, que es una infección de la piel causada por bichos bastante desagradables (si a alguien le interesan los detalles, los puede buscar). El sustantivo ptiriasis contiene la raíz phtheír, o sea, ‘piojo’.

Desde el punto de vista de la ortografía, lo interesante de estas palabras es que todas ellas admiten doble grafía: con p- y sin ella. Podemos escribir pterodáctilo o terodáctilo, Ptolomeo o Tolomeo (¡ejem!). No obstante, lo más habitual es respetar la grafía etimológica (con su p-).

En cuanto a la pronunciación, hay que tener en cuenta que el grupo pt- se simplifica: la pe es muda. Decimos [terodáktilo, tolemáiko, tósis], etc. De todas formas, si alguien es capaz de pronunciar [pterodáktilo] sin perder la dentadura, que nos avise, porque tiene su mérito.

 7 de mayo de 2019  etimología, lengua oral, léxico, ortografía