‘Albahaca’ o ‘albaca’

La albaca o albahaca es una deliciosa planta de la familia de la menta que sirve para darles vida a nuestros alimentos.

Esa secuencia inicial al- ya te está dando pistas sobre su origen: es un sustantivo que el romance castellano tomó prestado del árabe hispánico alḥabáqa. Por lo que se ve, a nuestros ancestros se les trababa la lengua cuando intentaban pronunciar este préstamo. Por eso, hoy día decimos albahaca en lugar de alhabaca, que es lo que se corresponde con el étimo árabe. Dos de las sílabas trocaron su posición por el fenómeno conocido como metátesis, que es el mismo que dio lugar a nuestras actuales formas murciélago o cocodrilo. El catalán, en cambio, ha mantenido todas las sílabas en su sitio: alfàbrega (o alfàbega en valenciano y balear). Y en portugués encontrarás la forma alfavaca, que es uno de los nombre que recibe esta planta aromática en dicho idioma.

Las Academias de la Lengua admiten una doble grafía: puedes escribir albaca o albahaca. Así se intenta reflejar el hecho de que coexisten dos pronunciaciones que resultan aceptables en la lengua culta: [albáka] y [albaáka]. La doble grafía -a-/-aha- se acepta también con alguna otra palabra, como marajá/maharajá (‘príncipe de la India’) y pitaya/pitahaya (‘cierto tipo de cactus y el fruto que este produce’). Para esta última, el Diccionario de la lengua española recoge incluso una variante pitajaya. Todas estas grafías tratan de dar cuenta de las pronunciaciones más corrientes para tales sustantivos. En cambio, otras palabras que se escriben con -aha- mantienen claramente la doble vocal. Por ejemplo, no aceptan la grafía simplificada vaharada (‘golpe de vaho, olor, etc.’) o bahameño, ña (‘adjetivo que se refiere a todo lo que tiene que ver con las Bahamas’).

Nosotros hemos tomado albahaca o albaca del árabe, pero otras lenguas europeas se fueron al griego para nombrar a la planta en cuestión. En italiano se le llama basilico. En francés es basilic; en alemán, Basilikum; en inglés, basil; en esloveno, bazilika; en húngaro, bazsalikom; etc. Detrás de todas estas denominaciones se hallarás la palabra griega basileus (‘rey’). ¿Por qué? Porque su aroma es tan delicioso que resulta digno de reyes.

Y llegados a este punto, nos viene como anillo al dedo el inicio del artículo que publica Covarrubias sobre esta palabra. Como bien sabes, su Tesoro de la lengua castellana o española (1611) es el primer diccionario de una lengua vulgar europea:

ALBAHACA, yerua y mata conocida [en latín como, A. B.] basiliscum del nombre Griego basilikon, cosa real, por ser su olor tan excelente que puede ser Rey de los demás olores o lleuarse a los palacios de los Reyes. Es nombre arábigo: aluahaca, vehecum, del verbo veheca, que sinifica ‘penetrar el celebro con suaue olor’.

Sebastián de Covarrubias: Tesoro de la lengua castellana o española

Si te das cuenta, la cita de Covarrubias contiene la forma latina basiliscum. Esto es así porque en latín se produjo un cruce con el basilisco. En la Antigüedad se creía que este animal fabuloso mataba con la mirada a todo el que se le ponía por delante (te aseguro que cuando me pongo hecho un basilisco soy capaz de eso y más). Bromas aparte, basilisco significa literalmente en griego ‘reyezuelo’. Los romanos estaban convencidos de que la albahaca contrarrestaba el veneno del animalito.

Así que ya sabes: puedes escribir albaca o albahaca de la misma manera que puedes pronunciar tranquilamente [albáka] o [albaáka]. Cualquiera de estas formas te sirve para referirte de manera aceptable a esta planta de regio aroma.