Comas opcionales

Lección

En lecciones anteriores hemos hablado de comas que es obligatorio poner y comas que es obligatorio evitar. Eso incluye algunas pruebas que puedes aplicar para evitar la temida coma criminal.

Ahora vamos a ocuparnos de los numerosos casos en que la coma es opcional. Los casos obligatorios plantean dificultades a quien se está familiarizando con las reglas de uso de los signos de puntuación. Sin embargo, a medida que uno va avanzando en el dominio de estos, son las comas opcionales las que empiezan a crear más quebraderos de cabeza. ¿Por qué? Porque te obligan a tomar decisiones constantemente.

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Los manuales de ortografía al uso suelen plantear esto como una cuestión de estilo. Hay personas que prefieren expresarse con un estilo de puntuación más trabado, en el que proliferan las comas opcionales. En cambio, otras son más dadas a un estilo más suelto, en el que introducen un mínimo de puntuación opcional.

Yo te invito a que le des un giro copernicano a esta perspectiva. Tus opciones en este ámbito deben estar orientadas al lector. Pregúntate siempre lo siguiente: ¿ayuda esta coma a mi lector? Lo importante es si esa coma le orienta o si su falta va a provocar que pierda el hilo de la lectura. Te conviene considerar factores como, por ejemplo, si le va a agobiar un exceso de comas que interrumpen el flujo de la lectura.

Además, algunos escritores se preguntan a veces si es necesario seguir de manera coherente a lo largo del texto unas mismas opciones en cuanto al uso de las comas opcionales. Si elimino una coma opcional, ¿tengo que suprimirla ya siempre? ¿Tengo libertad para proceder de una manera en ciertas ocasiones, pero cambiar de criterio más adelante? La aparición de las comas opcionales varía necesariamente a lo largo de un mismo texto.

Un factor importante es la longitud del enunciado y del elemento que se separa con la coma opcional. Por ejemplo, se puede introducir (o no) una coma para separar un complemento circunstancial que aparece antepuesto al verbo.

Cuanto más largo sea ese complemento, más sentido tiene escribir la coma. Mira este ejemplo:

(1) En el siglo XI doña Urraca fue señora de Zamora.

La expresión En el siglo XI es un complemento circunstancial. Yo podría separarlo con coma tranquilamente. Sin embargo, este complemento es breve; el enunciado en su conjunto también lo es; la ausencia de coma no da lugar a confusión y, por eso, puedo quitarla de en medio sin pestañear. De esa forma, la lectura resulta más fluida. Compara con este otro ejemplo:

(2) Para compensar a su hija por ese nombre tan horrendo que le había dado, el rey Fernando la hizo señora de Zamora.

Ahora el complemento circunstancial es Para compensar a su hija por ese nombre tan horrendo que le había dado. Ese complemento tiene una extensión considerable. Además, si elimino la coma, no es fácil identificar su final. Probablemente, el lector creería que el rey Fernando forma parte del complemento circunstancial. Se perdería, tendría que releer y solamente entonces se percataría de que el rey Fernando es el sujeto de la oración principal (la hizo señora de Zamora). En este caso, la coma resulta de lo más recomendable. Ese es otro factor: si una coma opcional previene confusiones, conviene ponerla.

No obstante, en situaciones como esta, yo te recomiendo que releas y reescribas. Cuando la interpretación correcta de todo un enunciado depende de una sola coma, probablemente te conviene redactar de otro modo. Sin ir más lejos, yo le haré un favor a mi lector si redacto el ejemplo anterior de esta otra manera:

(3) El rey Fernando hizo a su hija señora de Zamora. Era la forma de compensarla por darle ese nombre horrendo.

En el uso de las comas opcionales conviene alcanzar un equilibrio. Tan malo es pasarse por exceso como hacerlo por defecto. No obstante, yo te voy a dar otro de mis consejos de redacción. Si en algún momento notas que estás acumulando comas, detente un instante. Eso es un indicio poderoso de que algo está fallando en tu redacción. A menudo, el problema reside en que estás redactando con enunciados de siete leguas. En ese caso, se impone sacar la tijera para dividir eso en dos, tres o más enunciados con una extensión más sensata.

En otras ocasiones, una proliferación de comas indica que te convendría sacar de la gaveta otros signos de puntuación como los dos puntos o el punto y coma. Estos te van a servir para jerarquizar la información. De esa forma, guiarás mejor a tu lector.

Llegados a este punto, procede resolver un ejercicio.

Ejercicio

1. Las comas opcionales se pueden eliminar, pero es una mala costumbre.
2. Si elimino una coma opcional una vez, ya tengo que hacerlo siempre igual en el mismo texto.
3. La longitud es un factor importante para decidir si usar una coma opcional.
4. Si una coma opcional previene confusiones, conviene ponerla.
5. En el uso de las comas opcionales vale más pecar por exceso que por defecto.
6. La proliferación de comas puede indicar que me conviene dividir ese enunciado.
7. Es preferible utilizar muchas comas antes que recurrir a signos como el punto y coma o los dos puntos.
8. En general, las comas opcionales son más fáciles que las obligatorias (al fin y al cabo, no es una falta ni el ponerlas ni el no ponerlas).
9. El utilizar más comas opcionales o menos es una decisión puramente personal que depende únicamente de mi estilo.
10. La proliferación de comas entorpece el flujo de la lectura.

 

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