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La secuencia entre… y… permite expresar un intervalo, tal como se hace, de manera impecable, en el siguiente ejemplo:
(1) Los termómetros suben hoy entre ocho y diez grados [El Diario Montañés (España), acceso: 9-2-2012]
La secuencia en cuestión está formada por una preposición y una conjunción, y define un intervalo abstracto, un rango delimitado por dos valores extremos. Se trata de un uso figurado a partir del uso espacial, literal, que tenemos ejemplificado en (2):
(2) [...] intentaron evitar la confiscación poniéndose entre el vehículo y los soldados [La Vanguardia (España), acceso: 9-2-2012]
En el uso espacial, simplemente se expresa que algo queda situado dentro un intervalo físico definido por dos referencias extremas.
El uso abstracto de entre… y… es, simplemente, una más de las numerosas metáforas que se hallan presentes en la gramática.
Hasta aquí, todo bien; sin embargo, frecuentemente se oye y se lee entre… a…, expresión que debemos evitar por los motivos que a continuación se expondrán. Pero observemos primero un caso concreto de este uso incorrecto:
(3) La Fiscalía [...] ha mantenido hoy las penas de entre ocho a diez años de prisión para nueve presuntos miembros de la organización juvenil ilegalizada Segi
El ejemplo (3) está tomado de una nota de agencia que se publicó en diversos diarios españoles. Como es natural, lo que se debería haber escrito aquí es, más bien:
(4) La Fiscalía ha mantenido hoy las penas de entre ocho y diez años de prisión
La secuencia entre… a… constituye un anacoluto porque mezcla dos construcciones diferentes, por más que tengan significados cercanos. Viene a ser como si empezáramos a formar nuestra oración con entre… y…, pero a mitad de camino cambiáramos de planes y nos pasáramos a la expresión de… a… El resultado es que se quiebra la correlación, se desvanece la metáfora y ni siquiera la gramática sale demasiado bien parada.
Por eso, ¿tan complicado es quedarnos con entre… y…?
Hay un qué interrogativo (1) o exclamativo (2) que se escribe con tilde diacrítica:
(1) ¿Qué mano oculta había urdido la horrible conspiración? [Juan Goytisolo: Paisajes después de la batalla]
(2) ¡Qué cosas se te ocurren, Tula! [Miguel de Unamuno: La tía Tula]
Podemos encontrarlo también precedido de preposición:
(3) Cariño, ¿por qué dejaste el psicoanalista? [Elvira Lindo: Tinto de verano]
(4) ¿Y para qué quería oxígeno, si estamos en el campo? [Juan José Alonso Millán: Pasarse de la raya]
(5) ¡De qué manera tan difícil hemos llegado a vivir juntos veinticinco años! [Ana Diosdado: Trescientos veintiuno, trescientos veintidós]
Este qué acentuado también aparece en oraciones interrogativas (6, 7) y exclamativas (8) indirectas:
(6) Y no sabemos qué es lo que quieren [Alejandro Dolina: El ángel gris]
(7) Se preguntaba con qué podría comerciar él para obtener a cambio un poco de la libertad que nadie le ofrecía [Belén Gopegui: Lo real]
(8) Hay que ver qué buen gusto tiene esta chica… [María Manuela Reina: Alta seducción]
Al igual que ocurre con otras palabras con valor interrogativo, qué se puede sustantivar anteponiéndole un determinante (9). Mantiene entonces su acento ortográfico. Como muestra el ejemplo (10), también algunas de las secuencias con preposición admiten este cambio de categoría:
(9) Más decidir sobre el qué, que pretender monopolizar el quién y el cómo [Joan Subirats, "Sociedad en cambio", La Vanguardia, 2-6-1995]
(10) [...] si por alma entendemos eso que siempre ha estado ahí sin que nosotros sepamos ni el porqué ni el para qué [Daniel Leyva: Una piñata llena de memoria]
La tilde de los ejemplos anteriores sirve para diferenciar los usos interrogativos y exclamativos frente a dos homógrafos átonos: el relativo que (11) y la conjunción que (12):
(11) Nunca te he hablado de estos ataques que sufro desde pequeño [Juan José Millás: Dos mujeres en Praga]
(12) Decidió que se despediría de ellos en cuanto le resultasen más favorables las circunstancias [Jesús Torbado: El peregrino]
Hay un uso del que átono en el que tropiezan muchas personas al escribir: a menudo aparece encabezando un enunciado interrogativo o exclamativo sin ser él mismo ni lo uno ni lo otro. Es lo que sucede en (13) y (14):
(13) ¿Que te has dejado las llaves en casa?
(14) ¡Que se me quema la comida!
Es muy frecuente que aquí se deslice una tilde indebidamente. En el caso de las oraciones interrogativas, al menos, podemos echar mano de un truco que nos puede sacar de apuros. Si se puede contestar a esa pregunta con un sí o un no, entonces el que en cuestión no lleva tilde:
(15) —¿Que te has dejado las llaves en casa? —Sí, me las he dejado
A veces nos toparemos con pares de oraciones que, aunque sintácticamente son muy diferentes, en apariencia son iguales y en las que la presencia o ausencia de tilde puede dar lugar a contrastes de significado:
(16) No tengo qué comer
(17) No tengo que comer
La oración (16) significa ‘carezco de alimento’, mientras que la (17) se interpreta como ‘no debo comer’ o ‘no me conviene’.
El problema básico que plantea esta tilde diacrítica es que para desenvolverse entre la maraña de casos particulares son necesarios unos conocimientos de gramática que nos permitan afinar al milímetro en lo tocante a funciones y categorías. Por si fuera poco, se trata de funciones y categorías donde se dan la mano lo abstracto y lo complejo. Cada cual puede aventurarse con el análisis gramatical hasta donde le parezca seguro, pero donde dejemos de hacer pie no nos quedará más remedio que aferrarnos al oído como tabla de salvación. Las formas con tilde corresponden a palabras tónicas, mientras que las contrapartidas sin acento ortográfico son átonas. Así, ejemplos como (13) y (14) deberían ser fáciles de resolver si nos percatamos de que se pronuncian como sigue:
(18) ¿keteás dejádo lasllábes enkása?
(19) ¡kesemekéma lakomída!
Compárese lo anterior con (20) y (21):
(20) ¿ké teás dejádo? ¿lasllábes? [¿Qué te has dejado? ¿Las llaves?]
(21) ¡ké rríka está lakomída! [¡Qué rica está la comida!]
Análogamente, el contraste de significado de (16) y (17) se resuelve así en la pronunciación:
(22) nó téngo ké komér (‘carezco de comida’)
(23) nó téngo kekomér (‘no debo comer’)
En fin, con lo expuesto hasta aquí no he hecho sino tocar de pasada los puntos principales del uso de qué y que. Quien tenga la paciencia de estudiarse la prolija exposición que contiene la Ortografía de la lengua española de 2010 se convencerá de ello. Y todavía nos queda hablar de quién, cómo, cuál, (a)dónde, cuándo, cuánto y cuán.
La teoría está muy bien, pero no sustituye a la práctica. Haz unos ejercicios.
Existen dos síes diferentes que se escriben con tilde diacrítica. El primero es un pronombre reflexivo de tercera persona que resulta fácil de identificar porque siempre depende de una preposición, como vemos en el ejemplo (1). Otras combinaciones frecuentes son en sí, por sí, para sí, etc. Puede aparecer también acompañado del refuerzo mismo como en a sí mismo (2):
(1) La puesta de sol, Sr. Saila, no da más de sí. Vamos adentro [Ramón José Sender: Proverbio de la muerte]
(2) Yo fui pausadamente, como cuando quiere uno convencerse a sí mismo de que no tiene miedo [Rosa Chacel, Memorias de Leticia Valle]
El segundo es la afirmación sí (3), que técnicamente es un adverbio. Este adverbio se puede sustantivar anteponiéndole un determinante (el sí). Sigue escribiéndose entonces con acento. La más famosa de estas sustantivaciones es probablemente la que utilizó Moratín en el título de una de sus obras que recojo aquí como ejemplo (4):
(3) Sí, señor, me he casado con la hija del rey [Ray Loriga: Caídos del cielo]
(4) El sí de las niñas [Leandro Fernández de Moratín]
La contrapartida sin tilde es una conjunción que, como tal, introduce una oración.
(5) Si no has ido nunca, vas a ir hoy por primera vez [Adelaida García Morales: La tía Águeda]
Este otro si es átono. Lo que se pronuncia en la oración subordinada de (5) es esto: [sinó ás ído núnca]. No está de más indicar aquí que conviene tener cuidado para no confundir si no con sino. La explicación correspondiente se puede leer en el artículo al que conduce el enlace anterior.
Existe todavía otro si sin tilde que es el nombre de una nota musical, pero lo que de verdad se intenta diferenciar con la tilde diacrítica es lo anterior. Por eso, este se ajusta simplemente a la regla de acentuación que establece que los monosílabos no llevan tilde.
Más se escribe con tilde diacrítica cuando tiene valor comparativo (1) o cuando expresa la idea de ‘suma’ (2):
(1) Estás más joven y guapa que nunca [Eduardo Mendoza: El misterio de la cripta embrujada]
(2) Si dos más dos igual a cinco, entonces el Ebro pasa por Badajoz [Joaquín Leguina: Tu nombre envenena mis sueños]
En cambio, se escribe sin tilde cuando funciona como conjunción adversativa (3). Normalmente reconoceremos este uso porque admitirá la sustitución por pero o, más raramente, por sino.
(3) Penáguilas ofreció a sus amigos casa y cena, mas no quisieron estos aceptar [Benito Pérez Galdós: Marianela]
Usos como los de (3) hoy son escasos. En cambio, los de (1) y (2) sí que tendremos ocasión de escribirlos a menudo, por lo que no podemos olvidar que necesitan la tilde oportuna.
En este caso específico de tilde diacrítica no podemos fiarnos del oído porque el valor ejemplificado en (2) lleva tilde y, sin embargo, es átono en la cadena hablada. Es una pequeña incoherencia de la ortografía del español.
Prueba a resolver unos ejercicios de tilde diacrítica.
Dentro del ránking de las dudas y vacilaciones ortográficas hay una que se sitúa muy arriba: la diferencia entre por qué, porque, el porqué y por que en todas sus variantes, es decir, junto o separado, con tilde o sin ella.
Vamos a empezar con la variante en dos palabras y con tilde: por qué. Esta es una combinación de una preposición (por) y un interrogativo o, a veces, exclamativo (qué). Sirve para preguntar por la causa de algo. Su uso más frecuente y más claro lo encontramos en las oraciones interrogativas directas:
(1) ¿Por qué no te casas?
Si leemos en voz alta la oración anterior, nos daremos cuenta de que el qué es tónico. Eso explica que lleve una tilde diacrítica que lo distingue de otros ques que en la oración carecen de acento prosódico.
Por qué también se utiliza en las oraciones interrogativas indirectas, como, por ejemplo:
(2) No sé por qué no te casas
Como vemos, también aquí el interrogativo qué es tónico, lo que justifica su tilde diacrítica. En la oración anterior, podemos reconocer que nos hallamos ante una interrogativa indirecta porque tenemos la posibilidad de construir la correspondiente interrogativa directa:
(3) Hay una cosa que no sé: ¿por qué no te casas?
Si tenemos claro este primer uso, también está a nuestro alcance el segundo, es decir, junto y sin tilde: porque. En el ochenta por ciento de los casos, este no es sino la contestación a un ¿por qué?:
(4) ¿Por qué no me caso? Porque no me da la gana
En el ejemplo anterior tenemos la secuencia completa de pregunta y respuesta: ¿Por qué…? Porque… Ni que decir tiene que la pregunta puede quedar sobreentendida y que nos podemos encontrar el dichoso porque sin pregunta previa, como aquí:
(5) No se casó porque no le dio la gana
Pero entonces podremos formular la pregunta correspondiente, como es fácil comprobar. Siempre que le podamos buscar un ¿por qué? a nuestro porque, querrá decir que se escribe junto y sin acento. En este uso, porque es una conjunción causal, es decir, tiene la función de introducir una oración que explica el motivo de algo.
En tercer lugar tenemos el porqué, en una palabra, con tilde y con el artículo delante. Se trata aquí de un sustantivo que procede de la lexicalización de la secuencia interrogativa que veíamos en primer lugar. Podemos parafrasearlo como el motivo. Se escribe siempre junto y acentuado y es el más fácil de reconocer gracias al artículo, que obligatoriamente lleva delante. Veamos un ejemplo:
(6) Cuando analizo el porqué de aquella ilusión óptica, hallo pronto su causa (José Ortega y Gasset: Ideas y creencias)
Como es un sustantivo a todos los efectos, podemos incluso pluralizarlo:
(7) Cuando analizo los porqués de aquella ilusión óptica, hallo pronto su causa
Es fácil cerciorarse de que, como decíamos, se puede sustituir por el sustantivo motivo:
(8) Cuando analizo el motivo de aquella ilusión óptica, hallo pronto su causa
(9) Cuando analizo los motivos de aquella ilusión óptica, hallo pronto su causa
La secuencia menos frecuente es la que se escribe en dos palabras y sin tilde: por que. La dejo para el final porque, a efectos prácticos, es la que menos dificultades nos va a plantear, ya que se presenta en pocas ocasiones. Aquí podemos tener bajo una misma forma dos estructuras sintácticas muy diferentes. En el primer caso, se trata de una preposición regida por un verbo a la que le sigue una conjunción. No se puede fundir en una palabra precisamente porque la preposición depende del verbo:
(10) El gobernador se preocupó por que el proceso electoral se desarrollara limpiamente
El verbo preocuparse rige la preposición por; preocuparse es preocuparse por algo. No es ya que el fundir la preposición con la conjunción que venga a ser como despojar al verbo de algo que le pertenece, es que si hacemos esto el significado puede modificarse radicalmente. Compara la oración (10) con esta otra:
(11) El gobernador se preocupó porque el proceso electoral se desarrollara limpiamente
Si el ejemplo (10) significaba que el gobernador puso todo su empeño en garantizar la limpieza del proceso, en (11) lo que tenemos es una conjunción causal y lo que indica es que la limpieza del proceso es causa de preocupación para el gobernador; vamos, que no tiene mucho interés en que las elecciones sean limpias. Mientras que el verbo de (10) tiene el significado de ‘ocuparse’, el de (11), en cambio, tiene el de ‘inquietarse’. Con una simple falta de ortografía le estamos dando la vuelta al significado y podemos estar calumniando a un íntegro servidor del estado (imagínate la que podemos organizar).
La preposición también puede depender de un sustantivo (12) o incluso de un adjetivo. En estos casos se mantiene la escritura en dos palabras y sin acento:
(12) Los anuncios de las compañías muestran su interés por que los colores corporativos tengan un significado simbólico (Elena Añaños y otros: Psicología y comunicación publicitaria)
La otra estructura sintáctica que se puede esconder detrás de esta grafía es la formada por la coaparición de una preposición y un pronombre relativo (13). Se trata de una forma culta y, precisamente por eso, poco frecuente. No es demasiado difícil de reconocer porque admite la inserción de un artículo, como vemos en (14):
(13) La razón por que manda el príncipe debe ser únicamente que así se lo manda Dios (Benito Jerónimo Feijoo: La política más fina)
(14) La razón por la que manda el príncipe debe ser únicamente que así se lo manda Dios
Y, por último, para terminar de volvernos locos, hay un caso que admite la grafía en dos palabras o en una, pero siempre sin acento: cuando la secuencia de marras tiene valor final, es decir, cuando indica un para qué, como en (15) y (16):
(15) Lucharé por que se sepa la verdad (= para que se sepa)
(16) Lucharé porque se sepa la verdad (= para que se sepa)
Tanto la grafía de (15) como la de (16) son correctas.
Y eso es todo. Si has llegado hasta aquí, te felicito porque has sido constante… o, espera, ¿cómo había que escribirlo?
Las antiguas reglas de acentuación establecían que cuando la conjunción o aparecía entre cifras, esta se acentuaba. Con la publicación de la nueva Ortografía de la lengua española de 2010, esta tilde diacrítica queda definitivamente desterrada. A partir de ahora debemos escribir 2 o 3 sin acento ortográfico.
Hay dos motivos que han llevado a jubilar esta vieja tilde, según se nos explica en la Ortografía académica (pp. 217-218, 270-271). En primer lugar, se ha tenido en cuenta un principio general que regula el uso del acento ortográfico en español:
Solo las palabras tónicas son susceptibles de llevar tilde
Pero sucede que la conjunción o es átona, es decir, carece de acento propio en la lengua oral, por lo que para pronunciarse se apoya en la palabra que viene a continuación. En consecuencia, acentuarla en secuencias como 1 ó 2 rompía este principio general y, por tanto, iba contra la economía del sistema de acentuación ortográfica del español.
En segundo lugar, consideran los académicos que en los textos impresos o electrónicos actuales la tipografía es lo suficientemente clara como para evitar confusiones. Incluso en manuscritos basta con esmerarse un poco para que los espacios en blanco dejen claro cómo se ha de leer el texto.
Desde un punto de vista comparativo, se puede señalar que en italiano no existe nada parecido a esa tilde diacrítica y en catalán tampoco. En estas dos lenguas románicas, esa conjunción es una simple o, como en castellano, sin que hasta la fecha se haya producido ninguna catástrofe por confundir 2 o 3 con 203.
Por otra parte, la antigua norma daba pie a que muchas personas, por hipercorrección, se empeñaran en poner la tilde también cuando los números estaban escritos en letra: dos ó tres. Incluso había quien, aplicando una acentuación preventiva, escribía sopa ó ensalada.
Dentro de las dudas ortográficas la diferencia entre sino y si no ocupa un puesto de (dudoso) honor.
La diferencia gramatical es bastante clara. Sino es una conjunción adversativa y constituye una unidad que se escribe en una sola palabra (1). En cambio, si no es la agregación de una conjunción condicional (si) y una negación (no), como vemos en (2):
(1) ITER debería demostrar no solo que la fusión existe, sino que la tecnología está preparada [Instituto de la Ingeniería de España, acceso: 7-5-2009 (a 5 de diciembre de 2012 la página ha dejado de estar en línea)]
(2) Si no fuera por los sindicatos, aún estaríamos trabajando jornadas de entre 10 y 16 horas, como en el siglo XIX [La Barbarie, acceso: 7-5-2009]
Si no andamos muy fuertes en gramática, nuestra tabla de salvación puede ser el oído. Prueba a leer en voz alta lo que vas a escribir. Sino es átono, por lo que se apoya en la palabra siguiente para su pronunciación:
(3a) Mariano no es bombero sino trapecista
(3b) “mariáno nó és bombéro sino_trapecísta”
En cambio, en la secuencia si no la primera palabra es átona y la segunda es tónica:
(4a) Si no lo veo, no lo creo
(4b) “si_nó lo_véo, nó lo_créo”
Para asegurarte, lo mejor es que hagas unos ejercicios.
Muchas personas dudan también sobre la escritura de asimismo, así mismo y a sí mismo. Te puede interesar pinchar en el enlace para leer esa entrada.
El queísmo es un fenómeno antinormativo que consiste en eliminar ante la conjunción que una preposición exigida por un verbo (1a), sustantivo (2a) o adjetivo (3a):
(1a) Me acuerdo que hasta a Zidane le pusieron en duda cuando llegó [...] [As, acceso, 17-10-2008] [incorrecto]
(1b) Me acuerdo de que hasta a Zidane le pusieron en duda cuando llegó
(2a) Si la carrera a la Casa Blanca es una competición de fondo, que lo es, no cabe duda que el senador por Illinois, el demócrata Barack Obama, sigue llevando la delantera a su rival, el senador por Arizona, el republicano John McCain [La Vanguardia, acceso: 17-10-2008] [incorrecto]
(2b) Si la carrera a la Casa Blanca es una competición de fondo, que lo es, no cabe duda de que el senador por Illinois, el demócrata Barack Obama, sigue llevando la delantera a su rival, el senador por Arizona, el republicano John McCain
(3a) Estoy seguro que los mismos que lo hicieron el martes, cantarán el himno cuando Francia juegue en la Eurocopa o el Mundial [Público, acceso: 17-10-2008] [incorrecto]
(3b) Estoy seguro de que los mismos que lo hicieron el martes, cantarán el himno cuando Francia juegue en la Eurocopa o el Mundial
Las formas correctas son las de (1b), (2b) y (3b). El que el sustantivo forme parte de una locución, como en el ejemplo (2), no afecta a su régimen.
Normalmente, la preposición suprimida es de, como en los ejemplos anteriores, aunque también pueden ser otras, como en:
(4a) Esta versión fue desmentida por Xulio Calviño, quien insistió que un coche de un año [...] no tiene por qué pasar la ITV [La Voz de Galicia, acceso: 17-10-2008] [incorrecto]
(4b) Esta versión fue desmentida por Xulio Calviño, quien insistió en que un coche de un año no tiene por qué pasar la ITV
La pregunta del millón es, naturalmente, cómo sé yo si tengo que utilizar preposición y cuál. Para esto no hay reglas, puesto que es un problema léxico. Forma parte de la idiosincrasia de ciertas palabras el incluir una determinada preposición en su plan de construcción. El único remedio consiste en consultar el diccionario. El Diccionario panhispánico de dudas nos será de utilidad, por lo menos para los casos más frecuentes. Te recomiendo que lo añadas a los motores del búsqueda del navegador para tenerlo siempre a mano. También el María Moliner contiene información útil sobre régimen.
Como los hablantes se sienten inseguros, unas veces eliminan y otras veces añaden preposiciones incorrectamente. Cuando ocurre esto último, nos encontramos con el fenómeno opuesto, conocido como dequeísmo.
El dequeísmo es un fenómeno antinormativo que consiste en introducir la preposición de ante la conjunción que en aquellos casos en que esta preposición no viene exigida por el verbo u otro elemento de la oración.
El ejemplo clásico es pienso de que. Álex de la Iglesia recurre humorísticamente a él cuando titula así un artículo en el que anda a vueltas con el tema:
(1) “Pienso de que existo” [El País, acceso: 6-2-2008]
Este artículo, por cierto, tiene más interés desde la perspectiva social que desde la lingüística, pues revela la percepción tan negativa que se tiene de este fenómeno.
El dequeísmo es un problema de régimen: algunos verbos rigen la preposición de y otros no. Pensemos en dos verbos de significado afín (pero no idéntico, ojo), por ejemplo, librarse de algo y evitar algo, como en las dos oraciones siguientes:
(2) Mariano se libró de que le operaran
(3) Mariano evitó que le operaran
En (2) obligatoriamente tenemos que utilizar la preposición, mientras que en (3), para decir algo muy parecido, debemos evitarla. No es de extrañar entonces que la encontremos empleada incorrectamente en ejemplos dequeístas como (4):
(4) [...] mucha gente fue convertida al señor y se evitó de que muchos hogares fueran destruidos [...] [Comentario de un usuario en L'Absurd Diari, acceso: 5-2-2008]
Las preposiciones regidas por verbos están desemantizadas; y por ahí viene el problema. Tienen una función puramente estructural: el verbo las necesita para introducir uno de sus complementos, pero no aportan ningún significado.
La dificultad no se plantea con preposiciones como las de los dos ejemplos siguientes, que no vienen regidas por el verbo sino exigidas por el sentido:
(5) El príncipe Carlos es de Zaragoza [86400, acceso: 5-2-2008]
(6) Ya sabíamos que el alma está en el cerebro [Blog de Eduard Punset, acceso: 5-2-2008]
Un hablante nativo nunca dudará de cuál es la preposición correcta en (5) ó (6). Si se le ocurriera cambiarla por otra o suprimirla, el sentido cambiaría o se perdería. En cambio, el añadir la preposición de al verbo evitar no altera el significado.
Se suele proponer un truco para saber si el verbo verdaderamente rige una preposición: sustituir la oración subordinada por el pronombre eso. Si la preposición se mantiene, está empleada correctamente:
(7) Se evitó que muchos hogares fueran destruidos > Se evitó eso
(8) Se evitó de que muchos hogares fueran destruidos > Se evitó de eso
Sin embargo, este truco, como todos, sólo funciona a veces. Yo puedo decir Necesito de tu ayuda, y, por tanto, necesito de eso, pero no Necesito de que me ayudes.
Al final, nos encontramos ante un problema de diccionario. Este nos debe informar no solo sobre el significado de los verbos sino también sobre su construcción: qué tipo de complementos admiten, si estos van introducidos por alguna preposición, etc. El Diccionario panhispánico de dudas nos ofrece esta información para los verbos más frecuentes, pero no para todos. Así, nos orienta con necesitar, pero nos deja tan perdidos como estábamos en el caso de evitar. El excelente diccionario de María Moliner sí que nos saca de apuros muchas veces.
La inseguridad es tanta que muchas veces, huyendo del dequeísmo, caemos en el queísmo. Este es el fenómeno opuesto y consiste en suprimir incorrectamente una preposición regida por un verbo, sustantivo o adjetivo.
Cuando pensamos en dequeísmo, pensamos sobre todo en construcciones verbales. Este es el caso central, aunque hay otros. Pero a cada día le basta su afán y esta entrada ya se ha alargado demasiado. Volveremos sobre el tema.