¿De dónde viene la palabra ‘bárbaro’?
28 de Febrero de 2010
La palabra bárbaro viene del griego bárbaros, aunque a nosotros nos llega por intermediación del latín. Originariamente servía para referirse a los extranjeros y después, por extensión, a quienes son rudos e incultos.
Su origen está en una onomatopeya, bar-bar, y dice mucho sobre la incomprensión entre los pueblos. Bar-bar es el equivalente de nuestro bla, bla, o sea, de un parloteo que resulta ininteligible. El extranjero es el que no sabe hablar como Dios manda, el que solo es capaz de decir bla, bla, bla, bla, bla.
El hablante ingenuo es chovinista por naturaleza. Para él las lenguas del mundo se dividen en dos: la suya, que es la buena, y otra —el extranjero— que es la mala (y prueba de ello es que no se entiende). Con mi abuela solía mantener diálogos de este tipo:
—Hijo, ¿y cómo se dice pan en extranjero?
—Pues depende, abuela, es que el extranjero es muy grande.
—Yo qué sé, en extranjero, en lo que hablen por ahí.
—Bread, abuela, se dice bread —le contestaba yo por decir algo.
—Pues qué tontos, ¡con lo fácil que es decir pan!
Mi abuela no lo sabía, pero ella participaba de la misma idea que tenían los griegos de todos los demás.
Aunque si le hubieran preguntado al bárbaro, seguramente hubiera dicho que él pensaba lo mismo de los griegos.
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¿De dónde viene la palabra ‘alfil’?
3 de Febrero de 2010
El árabe proporcionó una gran masa de vocabulario al castellano, la más importante después del latín. Pero su papel no se limitó a aportar su propio léxico patrimonial, sino que también sirvió de vehículo para conceptos y formas lingüísticas procedentes de otras culturas y lenguas con las que entró en contacto.
Este es el caso de alfil, que procede del árabe al ‘el’ y fīl ‘elefante’, tomado a su vez del persa pīl ‘elefante’, porque en el primitivo juego del ajedrez esta pieza era representada por dicho animal. En la imagen se puede ver un alfil del siglo XV con dos puntas en las que aún se pueden reconocer los colmillos. La hendidura del alfil moderno es un vestigio de esta antigua forma.
Como es sabido, el ajedrez se originó en la India. Desde allí se difunde a los países vecinos, incluida Persia, donde lo encontrarán los árabes, que lo llevarán hasta el Magreb y Al-Andalus. Al traer el juego también trajeron consigo las palabras para nombrar a las piezas. Nada más lógico.
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¿De dónde viene ‘ojalá’?
8 de Diciembre de 2009
Ojalá es uno de los muchos arabismos que tenemos en castellano. Viene de la expresión wa shā’ llah ‘quiera Dios’.
La memoria de este significado se ha perdido y únicamente lo podemos reconstruir mediante la etimología. Quien dice hoy ojalá no piensa en Dios ni deja de pensar, tan solo le da a la oración un matiz optativo (ojo, entiéndase esta palabra como término lingüístico con el significado de ‘deseo de que se realice algo’). Pero curiosamente el significado etimológico sigue encajando a la perfección en los contextos en que aparece esta interjección. Si no me crees (que no tienes por qué creerme), prueba a sustituir ojalá por quiera Dios (que) en unas cuantas oraciones. ¡Ojalá funcione!
Etimología de ‘miércoles’
4 de Noviembre de 2009
Miércoles es, etimológicamente, el día de Mercurio. Este era para los romanos el dios del comercio, el protector de los viajeros y el emisario de los dioses.
En latín clásico, el nombre del día de la semana era Mercuri dies ‘día de Mercurio’. De ahí tenía que haber salido miércole si todo hubiera seguido su curso; pero se coló una -s antietimológica por analogía con martes, jueves y viernes, que eran Martis dies, Jovis dies y Veneris dies, respectivamente. Siguiendo ese modelo, la gente empezó a decir Mercuris dies. Eso mismo es lo que le pasó a lunes.
En castellano, miércoles perdió el elemento dies porque se impuso la versión abreviada Mercuris. Sin embargo, en otras lenguas románicas sí que se conserva dicho elemento embebido en el nombre. En francés e italiano va al final (mercredi, mercoledi) porque vienen de la versión Mercuris dies. En cambio, en catalán dimecres aparece antepuesto porque salió de dies Mercuris.
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Hígado viene de higo
23 de Septiembre de 2009
No hace falta ir a Oxford ni a Salamanca para darse cuenta del parecido que hay entre hígado e higo. Esto no es casualidad ni se trata de un caso de etimología popular. Nuestro hígado viene de la expresión latina iecur ficatum ‘hígado alimentado con higos’.
Al parecer, la culpa de todo la tienen Apicio y las ocas. Apicio fue un cocinero romano, famoso por su sofisticación y extravagancia. A él se le atribuye una técnica de alimentación forzada de la oca a base de higos, lo que producía una inflamación del hígado del animal y permitía producir el preciado foie-gras.
Tal fue el éxito del iecur ficatum que el imperio entero se olvidó de que ‘hígado’ se decía iecur y se quedó solamente con ficatum, siguiendo un procedimiento de abreviación parecido al que encontramos hoy cuando algunas personas llaman a los espárragos trigueros simplemente trigueros. Por eso hoy no solo decimos hígado en castellano, sino que también en gallego y portugués es fígado; en catalán, fetge; en francés, foie; en italiano, fegato; y en rumano, ficat.
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Etimología de ‘pincel’
3 de Julio de 2009
Pincel viene del catalán pinzell, procedente, a su vez, del latín penicillus, diminutivo de penis ‘cola’, pero no por lo que piensas, ¡malpensado! Lee con atención lo que escribió Covarrubias allá por el siglo XVII y lo entenderás todo:
PINCEL, la plumilla con que el pintor assienta las colores, del nombre Latino pennicilus, diminutivo de pennis.is. la cola del animal de do tomó el nombre: porque los pinceles se hazen de los pelos estremos de las colillas de las hardas, fuinas, y martas, y de otros animales. Los pinceles gruessos que llaman brochones por ser grosseros, y redondos se hazen de cerdas de javali [Covarrubias: pincel, acceso: 2-7-2009]
Harda es un nombre antiguo para ardilla (nótese el diminutivo) y fuina es garduña. Según Covarrubias, por tanto, el origen está en una metonimia: el pincel se hace de la cola de algunos animales y de ahí toma el nombre.
Etimología de ‘capicúa’
4 de Junio de 2009
Capicúa es un número que se lee igual de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, como 323, 6776 ó 384483. Es un catalanismo y viene de la expresión cap-i-cua, que se utiliza con este mismo significado en catalán. Literalmente significa ‘cabeza y cola’.
Etimología de ‘tortuga’
29 de Abril de 2009
Hay dos teorías diferentes sobre el origen del nombre tortuga.
La primera es que proviene del griego tartarouchos por mediación del latín tartaruchus. Según esta etimología, la tortuga es un habitante del Tártaro, es decir, del infierno. La explicación que se ha buscado es que este animal vive en el fango y por eso se le asociaba con el mal y lo demoniaco.
La segunda sitúa la procedencia en el participio latino tortus ‘torcido’. Covarrubias ya menciona que el nombre puede venirle porque no anda en línea recta sino de forma tortuosa, venciéndose a un lado y a otro. También se ha dicho que podría ser porque tiene las patas torcidas.
Que cada cual se quede con la interpretación que le parezca más acertada. O si tiene noticia de otra mejor, que nos la explique en los comentarios.
Isla California
22 de Abril de 2009
Aprovechando que estoy en la afortunada California, me gustaría hablar hoy sobre el origen de este nombre.
En la época en que los españoles empezaron a explorar esta parte de América, allá por la primera mitad del siglo XVI, tenían gran éxito los libros de caballerías. En uno de ellos, Las sergas de Esplandián de Garci Rodríguez de Montalvo, aparece la fabulosa Isla California:
Sabed que a la diestra mano de las Indias hubo una isla llamada California, muy llegada a la parte del Paraíso Terrenal, la cual fue poblada de mujeres negras sin que algún varón entre ellas hubiese, que casi como las amazonas era su estilo de vivir. Estas eran de valientes cuerpos, y esforzados y ardientes corazones, y de grandes fuerzas; la ínsula en sí la más fuerte de riscos y bravas peñas que en el mundo se hallaba. Las sus armas eran todas de oro y también las guarniciones de las bestias fieras en que, después de las haber amansado, cabalgaban, que en toda la isla no había otro metal alguno.
Gobernaba la isla una hermosa reina llamada Calafia. La falta de hombres no era una casualidad. Tenía la siguiente explicación (atención, viajeros desprevenidos):
[...] los hombres que prendían llevábanlos consigo, dándoles las muertes que adelante oiréis. Y algunas veces que tenían paces con sus contrarios, mezclábanse con toda seguranza unas con otros y habían ayuntamientos carnales, de donde se seguía quedar muchas dellas preñadas, y si parían hembra guardábanla, y si parían varón luego era muerto. La causa dello, según se sabía, era porque en sus pensamientos tenían firme de apocar los varones en tan pequeño número que sin trabajo los pudiesen señorear, con todas sus tierras, y guardar aquellos que entendiesen que cumplía para que la generación no pereciese.
Para entender por qué se le dio a este territorio el nombre de una isla hay que tener en cuenta que esta parte del continente americano fue mal conocida durante siglos. Lo primero que se descubrió y exploró es la Península de la Baja California; pero al principio la confundieron con una isla. Esto se puede apreciar en el mapa de abajo, de 1650, en el que aparece una isla de gran tamaño al Oeste de México. También veremos que el resto del Occidente norteamericano, simplemente, era desconocido.

Las tierras americanas y los hechos de la conquista se presentaban con dimensiones colosales ante los ojos de los europeos de la época. No había nada en su mundo comparable con aquello y por eso echaron mano de la literatura, del mundo fantástico de los libros de caballerías, donde todo era posible.
El origen del nombre, como tantas cosas, fue cayendo en el olvido con el paso del tiempo hasta convertirse en un enigma. Esto dio lugar a especulaciones etimológicas que lo situaban en el latín (callida fornax ‘horno caliente’), una mezcla de castellano y catalán (cal + forno ‘horno de cal’), el árabe (kalifat ‘califato’) o las lenguas indígenas. El misterio se resolvió por fin en 1862, cuando el escritor estadounidense Edgar Everett Hale se topó con la Isla California en las Sergas de Esplandián y comprendió que todo encajaba.
Etimología de ‘dólar’
13 de Abril de 2009
Ahora que estoy en Estados Unidos, me parece que puede ser una buena idea hablar sobre la etimología de dólar. Así le damos un poco de color local a este blog. El origen remoto de esta palabra hay que buscarlo en el alemán y ha llevado una historia bastante ajetreada.
Todo empieza en el siglo XVI en una ciudad de Bohemia llamada por aquel entonces Joachimsthal y hoy conocida como Jáchymov. Resulta que en esta población de los Montes Metálicos se encontró plata y con ella se empezó a acuñar moneda, concretamente florines, a los que se denominó en alemán Joachimsthaler Gulden (‘florines de Joachimsthal’) y después, para abreviar, simplemente Joachimsthaler. Como la gente seguía abreviando, la palabra se quedó al final en Thaler. De ahí es de donde sale el nombre de una unidad monetaria que conocemos en español como tálero.
No paró ahí la cosa. En los dialectos alemanes del Norte (bajo alemán) su pronunciación era daler y con esta forma pasó al inglés. En las colonias inglesas de Norteamérica el real de a ocho español era de uso corriente y se le denominaba Spanish dollar. A finales del siglo XVIII, tras la independencia de las antiguas colonias, se decide adoptar dollar como nombre oficial de la nueva divisa americana. Y así se sigue llamando hasta hoy.