Nombres epicenos
12 de Noviembre de 2007
Los nombres epicenos se refieren a seres vivos sexuados. Son sustantivos que presentan un único género gramatical, ya sea masculino o femenino. Esto supone que no pueden cambiar de género para indicar una diferencia de sexo en los seres a que se refieren.
Muchos sustantivos epicenos son nombres de animales, por ejemplo:
El avestruz, la serpiente, el hámster, el águila, la gacela
Algunos se refieren a personas:
La víctima, la persona
Un sustantivo como gacela es femenino y no puede tener otro género. No podemos formar un masculino cambiando la terminación (gacelo) o sustituyendo el artículo femenino por el masculino (el gacela). Dado que no disponemos de medios morfológicos, si queremos especificar el sexo del referente, tendremos que recurrir a medios léxicos. Esto es lo que se hace en el siguiente ejemplo, en el que palabras adicionales (macho, hembra) son las encargadas de expresar la diferencia de sexo:
Una pantera macho jugueteaba con una pantera hembra
En este otro ejemplo, para especificar el sexo de la persona de la que se habla se recurre a medios parafrásticos, o sea, se explica:
La víctima era un hombre de 57 años de edad que falleció al salirse de la vía el coche en el que circulaba [...] [Sur Digital (España), 20-10-2007]
Los nombres epicenos no han de confundirse con los ambiguos y comunes en cuanto al género, de los que nos ocupamos en sendas entradas.
‘Azúcar’: un caso especial de nombre ambiguo en cuanto al género
8 de Noviembre de 2007
Azúcar es un nombre ambiguo en cuanto al género, es decir, un nombre que se puede usar tanto en masculino como en femenino sin que cambie su significado. En los dos ejemplos siguientes vemos cómo se puede decir tanto azúcar moreno como azúcar morena:
El azúcar moreno y el azúcar blanco de las Indias Occidentales Francesas [...] nunca apareció en Londres o Bristol, salvo como botín de guerra [...] [Guillermo Morón: Historia general de América]
Los nuevos colonos yanquis veían con desprecio al español, [...] que seguía moliendo su azúcar morena [...] [José Vasconcelos: Ulises criollo]
Lo que hace especial a azúcar en comparación con otros nombres ambiguos en cuanto al género es que se combina con el artículo masculino también cuando se usa en femenino:
Los propios industriales refresqueros han devaluado el azúcar refinada en 15 y 20 por ciento [...] [Época: Semanario de México, 5-8-1991]
Se comporta en esto como los nombres femeninos que empiezan por a tónica. Sin embargo, azúcar comienza por a, pero el acento no recae en esa sílaba.
Azúcar también se puede combinar con el artículo femenino. Esto es correcto pero poco frecuente. Veamos un ejemplo:
[...] el comercio de la azúcar está manejado por comercializadores internacionales [...] [Época: Semanario de México, 5-8-1991]
Este uso es claramente minoritario. Una búsqueda con Google a 8 de noviembre de 2007 arroja nada más y nada menos que 1 980 000 documentos para la cadena exacta el azúcar, frente a 99 000 para la azúcar. La proporción es, por tanto, de 20 a 1 a favor del determinante masculino.
Como ocurre con otros sustantivos ambiguos en cuanto al género, ciertas combinaciones son fijas. Esto implica que no pueden cambiar de género. Por ejemplo, azúcar blanquilla solo se usa en femenino. Hasta tal punto es así que el autor del siguiente ejemplo se vio obligado a respetar la forma femenina aunque en todos los otros casos utiliza el masculino:
Azúcares crudos: azúcar terciado, azúcar blanquilla […] y azúcar granulado [Anales de Bromatología, 1967, vol. 19, p. 247]
Y esto es lo que te tenía que contar sobre el nombre azúcar. Espero no haberte empalagado.
Nombres ambiguos en cuanto al género
30 de Octubre de 2007
Los nombres ambiguos en cuanto al género son aquellos que se pueden utilizar tanto en masculino como en femenino sin que cambie su significado. Algunos ejemplos son mar, maratón, linde, dracma y azúcar:
Los expertos creen que en el fondo del mar hay cientos de navíos [...] [Abc, 28-10-2007]
El paseo de la ría acogerá [...] una serie de talleres infantiles sobre el medio ambiente y la mar [La Nueva España, 30-9-2007]
Azúcares crudos: azúcar terciado, azúcar blanquilla [...] y azúcar granulado [Anales de Bromatología, 1967, vol. 19, p. 247]
En las dos primeras oraciones encontramos el uso masculino y femenino, respectivamente, de mar. El tercer ejemplo, el de azúcar, es interesante porque en la misma oración aparece el mismo nombre en masculino y en femenino.
El utilizar estos nombres con un género u otro no da lugar a un cambio de significado. Por ejemplo, yo puedo irme a Alicante y sentarme en la playa. Si ese día tengo una vena lírica, probablemente diré:
Mira: ¡la mar!
Si me da por hablar de forma más neutra, lo que me saldrá será:
Mira: el mar
Pero en los dos casos me refiero a la misma realidad. El mar sigue siendo el mismo; solo ha cambiado el género del nombre.
Por lo general, los nombres ambiguos en cuanto al género se refieren a seres inanimados, como en los ejemplos anteriores. La excepción son dos nombres de animales: cobaya y ánade.
El que no cambie el significado tampoco quiere decir que dé exactamente igual utilizar estos sustantivos en masculino o en femenino. Las diferencias no van a ser de significado sino de otro tipo.
A veces, el utilizar un género u otro es una cuestión de puras preferencias individuales. Puede haber hablantes que prefieran la forma azúcar moreno y otros que prefieran azúcar morena.
Otras veces, las diferencias tienen que ver con la pertenencia a ciertos grupos sociales. Un ejemplo que se suele repetir en los manuales es que las gentes de mar tienden a decir la mar (en femenino), mientras que quienes no tenemos mayor relación con el mar tendemos a utilizar la forma masculina.
También hay preferencias regionales. Calor es masculino para la mayoría de los hablantes de español, pero dentro de España el femenino la calor está muy extendido en ciertas zonas de Andalucía, Murcia o Cataluña.
Llegamos ahora a la cuestión de la consideración normativa de estas vacilaciones de género. Algunas están aceptadas, como las de los ejemplos que hemos utilizado hasta ahora (salvo calor, que es un caso especial). Otras, en cambio, se condenan. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con pus, que para la norma solo es masculino, aunque para muchos hablantes sea femenino.
Esta consideración puede ir cambiando con el paso de los años. Calor tradicionalmente estaba admitido como ambiguo en cuanto al género y así se recoge todavía en la edición de 2001 del Diccionario de la Lengua Española. Sin embargo, con la publicación del DPD, ya solo se admite la forma masculina. Lo contrario ha pasado con maratón. Después de años y años condenando la forma femenina, al final se han admitido las dos.
Por último, no conviene perder de vista que hay expresiones con diferentes grados de fijación en las que es obligatorio uno de los géneros. Por lo general, podemos elegir entre el mar o la mar, pero solo utilizamos la forma femenina en las siguientes expresiones fijas:
Pelillos a la mar ‘olvidemos nuestras diferencias’, ‘reconciliémonos’
La mar de (simpático, distraído, etc.) ‘muy’, intensificador
En el primer ejemplo, el artículo masculino forzaría una interpretación literal: hay unos pelillos que se arrojan al mar. En el segundo, simplemente, daría lugar a un sinsentido.
‘El arma’: determinante masculino ante nombre femenino
16 de Octubre de 2007
¿Por qué decimos el arma, el águila y no la arma, la águila? La regla general es que los sustantivos femeninos que empiezan por a tónica van precedidos por la forma masculina del determinante. Pero cuidado, porque esta regla tiene varias restricciones.
Primera restricción (y muy importante): solo se aplica a cuatro determinantes:
el: el arma
un: un arma
algún: algún arma
ningún: ningún arma
Es fácil darse cuenta de que se trata en realidad de los determinantes el y un y los que llevan dentro ‘un’ (o sea, algún y ningún). La norma no acepta este tipo de construcciones con el resto de determinantes. Se considera incorrecto, por ejemplo, De este agua no beberé. La norma exige que se diga y se escriba:
De esta agua no beberé
Segunda restricción: la regla solo se aplica al singular, como se puede ver en el siguiente ejemplo:
Uno de los problemas más graves que tenemos en el municipio (relacionados con el agua) es el vertido de las aguas residuales en los ríos [...] [La Unión de Morelos, 15-10-2007]
En el ejemplo anterior, aparece primero agua en singular con el correspondiente artículo en forma masculina; pero a continuación, con la forma plural del mismo sustantivo, el determinante aparece en femenino.
Tercera restricción: el determinante y el sustantivo tienen que ocupar posiciones contiguas. En el momento en que se interpone cualquier elemento entre uno y otro, el determinante vuelve a la forma femenina, que es la que le correspondería normalmente:
Dos profesores y tres estudiantes [...] han resultado heridos al ser tiroteados por un adolescente que [...] se ha quitado la vida con la misma arma [El País, 10-10-2007]
En el ejemplo anterior sería incorrecto escribir con el mismo arma (aunque este uso es, sin duda, muy frecuente).
Cuarta restricción: la regla no se aplica a femeninos de nueva creación, es decir, no es productiva en la lengua actual. Pensemos en el sustantivo árbitro. Tradicionalmente, solo se utilizaba en masculino. La formación del femenino árbitra es relativamente reciente. En principio, debería seguir la misma regla que los otros sustantivos femeninos que empiezan por a tónica; pero no lo hace. En lugar de eso, decimos la árbitra:
La árbitra brasileña más mediática posará desnuda para el Playboy [20 Minutos, 19-6-2007]
Es importante no perder de vista que estos sustantivos son femeninos a todos los efectos. Esto quiere decir que cualquier elemento que tenga que concordar con el sustantivo (aparte de los mencionados determinantes el, un, algún y ningún) lo hará en femenino, como ocurre con el adjetivo canina en el siguiente ejemplo:
Llegaron al pueblo muy fatigados, con un hambre canina [Josep Pla: La calle estrecha]
Este ejemplo, ya de paso, nos viene bien para darnos cuenta de que la aparición de la forma masculina del artículo tiene que ver con la pronunciación y no con la grafía: la hache no se pronuncia y, por tanto, no afecta a la aplicación de la regla.
La regla, aparte de estas restricciones, tiene sus excepciones (como toda regla que se precie). Se utiliza el artículo femenino con:
1. Nombres de letras: la hache, la alfa
2. Nombres de mujer (en aquellos contextos en que pueden aparecer con artículo):
Esta no es la Ana que yo conocía
Nótese que el mismo nombre puede comportarse de manera diferente dependiendo de si es nombre de mujer o no: El África subsahariana (nombre de continente), pero La África de la que hablabas no es la misma que yo conozco (nombre de mujer).
3. Nombres de países y ciudades: aquí se tiende a utilizar la forma femenina:
Una noche, en viaje ya de regreso a España, recordé a Ávila, la Ávila única [...] [Miguel Delibes: La sombra del ciprés es alargada]
Durante su último viaje por Austria, el papa Benedicto XVI ha vuelto a insistir en la Austria católica [...] en una repetida proposición [...] [El Universal (México), 25-9-2007]
Este fenómeno tiene una explicación histórica que expondremos en otro momento.
¿Pero de verdad es sexista el diccionario?
25 de Agosto de 2007
En la entrada anterior (¿Sexismo en el diccionario?) nos preguntábamos si consideraciones sexistas pueden influir en la ordenación alfabética de los diccionarios. La cuestión es por qué en ciertos lemas como abogado, da aparece primero el masculino (rompiendo la secuencia alfabética). El problema es un poco más complejo de lo que parece.
Palabras como abogado admiten diferentes terminaciones que expresan género y número. El conjunto de formas completo es:
abogado
abogada
abogados
abogadas
En el diccionario, para abreviar, se toma una forma como representante de todas. Así nos ahorramos el decir: “la palabra abogado, abogada, abogados, abogadas“. Simplemente hablamos de “la palabra abogado“. Esto es lo que se denomina forma canónica. En nuestra tradición lexicográfica, para los nombres es el masculino singular; para los verbos, el infinitivo.
En el caso de los nombres de profesión el diccionario debe especificar que existe el femenino porque no siempre es así; por ejemplo, para piloto no hay (hoy por hoy) una forma pilota.
Para alfabetizar las entradas se toma en cuenta solamente la forma canónica. La terminación de femenino que aparece a continuación es una indicación adicional sobre la existencia de una forma femenina.
Con esto queda aclarado por qué el orden es abogado, da y no al revés. ¿Pero queda resuelta la duda de si el diccionario es sexista? En realidad, no. Solo se desplaza a un nivel superior. La forma canónica es convencional. Por ejemplo, para el verbo, en castellano, tomamos el infinitivo (amar), pero en latín tradicionalmente se utiliza la 1.ª persona singular del presente de indicativo (amo).
Así que la pregunta ahora es otra: ¿por qué tiene que ser el masculino la forma canónica?
Déjanos tu respuesta como comentario.