Archivo de Noviembre de 2007

Nombres comunes en cuanto al género

29 de Noviembre de 2007

Los nombres comunes en cuanto al género son los que disponen de una única forma para masculino y femenino, como, por ejemplo, turista:

El escritor —no lo puede evitar— siente una especial predilección y atracción por el turista pobre […] [Camilo José Cela: Cajón de sastre]

Sin siquiera una idea articulable olió el peligro, se dijo que por más atrasada que estuviera la turista inglesa en su cena era necesario quedarse ahí […] [Julio Cortázar: Territorios]

Se trata de nombres que se refieren a seres vivos que tienen sexo. El sustantivo cambia de género para dar cuenta de las diferencias de sexo de los seres a los que se refiere (esto se conoce como moción de género). Su peculiaridad consiste en que el cambio de género no va acompañado de un cambio de forma del nombre (no hay terminaciones diferentes para masculino y femenino). Sí que podemos apreciar el cambio de género por la concordancia de determinantes (en los ejemplos de arriba, el, la) y adjetivos (inglesa).

Otros ejemplos de nombres comunes en cuanto al género son soldado, piloto, testigo, cónyuge, modelo, atleta, conserje, estudiante, yonqui, canciller, etc.

Etimología de ‘libro’

28 de Noviembre de 2007

El nombre castellano libro viene del latín liber. Esta palabra significaba originariamente ‘parte interior de la corteza de los árboles’ y solo después desarrolló el significado actual. Plinio el Viejo nos explica cómo antes de que se conociera el papiro, se utilizaron cortezas de árboles y otros materiales para escribir:

[…] antes de abandonar Egipto debemos hablar de la naturaleza del papiro, en vista de que todos los usos de la vida civilizada dependen hasta tal punto del empleo del papel […] M. Varrón nos informa de que el papel debe su descubrimiento a la victoria de Alejandro Magno, en la época en que fundó Alejandría en Egipto. Hasta entonces no se utilizaba el papel. Primero se usaron hojas de palma para escribir y después la corteza de ciertos árboles [Plinio el Viejo: Historia natural, 13.21]

Independientemente de la mayor o menor exactitud de las noticias históricas de Plinio, es un hecho conocido que las cortezas de árbol fueron uno de los primeros soportes de escritura en la Antigüedad; de ahí que, por metonimia, se haya mantenido memoria de esto en el nombre del formato por excelencia para la palabra escrita en la civilización occidental.

La palabra castellana viene de la forma de acusativo (librum), que era la que servía en latín para el complemento directo. Esto es lo normal en el paso del latín al castellano:

Lat. librum > cast. libro

¿Adecuo o adecúo?

26 de Noviembre de 2007

Para que todos nos quedemos tranquilos, empezaré aclarando que tanto adecuo como adecúo son formas correctas.

Ahora, ya con más calma, puedo entrar en explicaciones. Hay tres verbos cuya conjugación plantea dudas a muchos hablantes:

Adecuar

Licuar

Evacuar

Se trata de verbos terminados en -cuar. Hoy ya se admiten las dos conjugaciones entre las que dudan nuestros sufridos hablantes:

Adecuo o adecúo

Licuo o licúo

Evacuo o evacúo

Estos verbos han sufrido un cambio analógico en su conjugación. Tradicionalmente, los verbos terminados en -cuar se conjugaban como los terminados en -guar. Es decir, adecuar, evacuar y licuar se conjugaban siguiendo el modelo de averiguar:

Averiguar - averiguo

Adecuar - adecuo

Licuar - licuo

Evacuar - evacuo

Sin embargo, se trata de un grupo muy reducido y sus miembros no son demasiado frecuentes. Los tres que he presentado son los más usados. Hay alguno más, pero de uso rarísimo en la lengua actual, como promiscuar (’mezclar carne y pescado en ciertos días en que está prohibido por preceptos religiosos’). Como se utilizan poco, es difícil que los hablantes recuerden sus particularidades. Esto propicia el que empiecen a desertar del modelo especial de -guar y se vayan pasando a otro más general, que es el de los verbos terminados en -uar, como actuar:

Actuar - actúo

Adecuar - adecúo

Licuar -licúo

Evacuar - evacúo

Como decía al principio, las dos formas están aceptadas hoy día en la lengua estándar, pero es conveniente aclarar que no tienen la misma consideración. La forma tradicional, sobre el modelo de averiguar, es claramente más prestigiosa.

‘Oír’ y ‘escuchar’

26 de Noviembre de 2007

La diferencia entre oír y escuchar está en la intención. Escuchar es algo que se hace intencionadamente, mientras que oír es algo que sucede independientemente de la voluntad del sujeto. Por eso podemos oír algo sin querer:

ENCARNACIÓN. —Perdóname. Pero oí, sin querer, la conversación insidiosa, las alusiones malignas, los crueles recuerdos [Leopoldo Lugones: Nosotros]

En cambio, es imposible escuchar sin querer porque dentro del concepto mismo de escuchar está la idea de que es algo que se hace queriendo.

Las cosas que se hacen intencionadamente se hacen para algo. Por eso podemos decir, por ejemplo:

Escuché para enterarme

Asociada a la idea de escuchar está la de finalidad. En cambio, las cosas que nos suceden independientemente de nuestra voluntad carecen de finalidad: no son algo que se haga para algo. Por eso no decimos que alguien oyó para enterarse.

Teniendo en cuenta lo anterior, se entiende que podamos tener un diálogo como este:

—¿Me estás escuchando?

—Te oigo pero no te escucho

O también:

—Te escucho pero no te oigo

Si alguien me dice que me oye pero no me escucha, lo que tengo que entender es que le llega el sonido, pero no me presta atención (que es algo que depende de su voluntad). En cambio, si me dice que me escucha pero no me oye, eso significa que esa persona está poniendo lo que puede de su parte, pero que las circunstancias no cooperan (cuando hacemos cosas intencionadamente, podemos tener éxito o no).

Algunos hablantes no distinguen entre oír y escuchar. Esto es especialmente frecuente en América. No es un fenómeno nuevo y las Academias de la Lengua ni siquiera lo consideran censurable (véase el artículo sobre escuchar en el DPD). A los hablantes de los territorios donde tradicionalmente no se ha hecho la diferencia se les van sumando muchos que prefieren el verbo escuchar porque, al ser más largo, les parece más importante.

Origen de ‘Carmen’

23 de Noviembre de 2007

El Monte Carmelo en 1894Carmen es hoy un nombre internacional que se difunde a las lenguas de Europa a partir del español. Viene del hebreo karem el > Karmel (Monte Carmelo) y significa ‘viña de Dios’. La forma actual con -n se explica por un cruce con el latín carmen (’canción’).

La Virgen del Carmen es la Virgen del Monte Carmelo, donde se fundó la orden de los Carmelitas.

En la imagen se puede ver el Monte Carmelo en 1894.

Etimología de ‘geranio’

21 de Noviembre de 2007

Geranium robertianum (fruto)Geranio es una palabra de origen griego que ha llegado a través del latín a un gran número de lenguas europeas. Geranio viene de géranos, que en griego significaba ‘grulla’, porque el fruto recuerda el pico de una grulla, como se puede apreciar en la imagen. De hecho, una de sus denominaciones en inglés es ‘pico de grulla’ (cranesbill). El nombre se basa, por tanto, en una metáfora.

Esta es la cadena que sigue la palabra desde el griego al español:

gr. géranos (’grulla’) > gr. geránion (’geranio’) > lat. geranium (’geranio’) > esp. geranio

[Imagen: Geranium robertianum, autor: Michael Gasperl, Licencia GNU de Documentación Libre 1.2]

Tilde en palabras latinas

21 de Noviembre de 2007

Las palabras latinas que son de uso corriente en castellano se acentúan siguiendo las reglas generales. He aquí algunos ejemplos de palabras latinas que necesitan tilde:

Palabras llanas: súmmum, factótum, superávit

Palabras esdrújulas: currículum vítae, déficit

Las que no tienen que llevar tilde según las reglas generales de acentuación, naturalmente, no la llevan (corpus, separata, boletus, etc.).

Esta entrada se refiere exclusivamente al acento ortográfico, no a la pronunciación. De todos modos, no está de más advertir que es muy frecuente, en el habla, situar el acento en la sílaba equivocada.

Todas las precauciones son pocas con los latinismos. Lo más recomendable es evitarlos siempre que exista una alternativa castellana.

El loísmo

20 de Noviembre de 2007

El loísmo consiste en utilizar el pronombre lo para el complemento indirecto. Siempre se considera incorrecto. El loísmo se percibe como francamente vulgar, por lo que raramente se encuentran ejemplos en la lengua escrita. Este es uno de los pocos que he podido localizar:

Al Rey lo gustó mucho la idea [El Pueblo de Ceuta (España), 6-11-2007]

La forma estándar en el ejemplo anterior hubiera sido le:

Al Rey no le gustó mucho la idea

El loísmo siempre ha sido menos frecuente que el leísmo y el laísmo. Como ellos, surge en la Castilla medieval y es un fenómeno fundamentalmente castellano. En principio, ni Andalucía, ni Canarias, ni América son loístas. Digo en principio porque en la práctica sí hay islotes loístas en América, sobre todo en zonas en que el español está en contacto con lenguas indígenas como el quechua. Véase si no este ejemplo de loísmo tomado de una recopilación de cuentos ecuatorianos de tradición oral:

Tenía treh hija’ mujer’ este hombre. Y de las treh hija’ mujer’ una lo salió bien simpática […] [Paulo de Carvalho Neto: Cuentos foklóricos del Ecuador: 52 registros de la tradición oral]

En la lengua estándar hubiéramos dicho le salió bien simpática.

Infinitivo fático o radiofónico

16 de Noviembre de 2007

Se llama infinitivo fático al que se utiliza como verbo principal de una oración. Es un uso que debemos evitar. Se le denomina también infinitivo radiofónico porque resulta muy frecuente en el lenguaje de la radio y, en general, de medios de comunicación hablados, aunque también aparece en textos escritos. Otras denominaciones son infinitivo de generalización, infinitivo introductorio, infinitivo de cierre o infinitivo enunciativo.

He aquí un ejemplo:

Por último recordarles a todos los clubes que la fecha tope de inscripción de las fichas es 15 días antes del comienzo de la competición [Fuerteventura Digital (España), 30-10-2007]

Toda oración debe tener como núcleo un verbo en forma personal. Lo correcto para el ejemplo anterior hubiera sido:

Por último les recordamos a todos los clubes que la fecha tope de inscripción de las fichas es 15 días antes del comienzo de la competición

Este uso del infinitivo se da normalmente con verbos de lengua (o que admitan una interpretación como tales) como decir, expresar, recordar, destacar, añadir, etc. Suele aparecer al principio o al final de la intervención.

Etimología de ‘recordar’

15 de Noviembre de 2007

Nuestro verbo recordar lleva dentro la palabra corazón. Viene del bajo latín recordare, que se compone del prefijo re- (’de nuevo’) y un elemento cordare formado a partir del nombre cor, cordis (’corazón’).

Antiguamente se creía que el corazón era la sede de la memoria. Encontramos vestigios de esta creencia no solo en nuestro verbo recordar y sus equivalentes en otras lenguas románicas sino también en expresiones como estas:

Francés: apprendre par coeur (literalmente, ‘aprender de corazón’)

Inglés: know by heart (lit. ’saber de corazón’)

Ortega nos proporciona una hermosa explicación de esta etimología:

El yo pasado, lo que ayer sentimos y pensamos vivo, perdura en una existencia subterránea del espíritu. Basta con que nos desentendamos de la urgente actualidad para que ascienda a flor de alma todo ese pasado nuestro y se ponga de nuevo a resonar. Con una palabra de bellos contornos etimológicos decimos que lo recordamos —esto es, que lo volvemos a pasar por el estuario de nuestro corazón—. Dante diría per il lago del cor [José Ortega y Gasset: El espectador, II, “Azorín: primores de lo vulgar”]