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Soluciones a los ejercicios de gramática 3

Comprueba las soluciones a los ejercicios de gramática 3. Cada respuesta correcta vale un punto. Es suficiente con que corrijas lo que es incorrecto. Yo además te explico en qué consistía el error.

a) Con este reparto de escaños, nadie dudaba de que se produciría una alianza entre los partidos progresistas. [Teníamos aquí un caso del fenómeno conocido como queísmo].

b) El ministerio ha reabierto ese esa aula para niños de dos años que los vecinos reclamaban insistentemente. [Lee el artículo sobre determinante masculino ante nombres femeninos].

c) La tarea que tienes delante tuyo de ti no es para tanto. [No se dice en tu delante y, por tanto, tampoco delante tuyo].

d) Estaba previsto que la piscina municipal se cerrara o privatizara, pero el alcalde, preveyendo previendo lo peor, prometió mantenerla y salió reelegido. [Conjugar el verbo prever es fácil si sabes cuál es su modelo].

e) Son unos jugadores muy polémicos. Si algo les los define es el sacar pecho justo cuando deberían esconderse hasta debajo de las piedras. [Ay, ese leísmo...].

f) Por lo que respecta a la siniestralidad laboral, la construcción se sitúa en el séptimo lugar en accidentes graves, el décimo en los leves y el doceavo duodécimo/decimosegundo/doce en los mortales. [No hay que confundir los partitivos con los ordinales. Cualquiera de las posibilidades que se indican en la solución es válida].

g) Bebo Valdés y Diego el Cigala nos traen el espectáculo que los llevó a Nueva York. Ambos dos se han hecho un lugar privilegiado en el mundo del cante y la composición. [Ambos, por su propio significado, es incompatible con el numeral dos].

h) La portavoz de la policía explicó que también se han ha identificado a otros jóvenes que observaron las agresiones. [Cuidado con las construcciones del tipo se han detenido a cinco personas].

i) Las fuerzas políticas deben ponerse inmediatamente a negociar para evitar lo que nadie queremos quiere que se produzca, o sea, una nueva convocatoria de elecciones. [La concordancia del verbo con nadie es en singular].

j) El Ayuntamiento realizará un estudio para determinar las causas del deterioro de la plaza. La oposición opina de que las conclusiones deberían tenerse en cuenta para las obras que se realicen en el futuro. [Hemos empezado el ejercicio con queísmo y lo terminamos con dequeísmo].

Ejercicios de gramática 3

Te propongo un ejercicio en el que se tocan cuestiones variadas de gramática. Cada una de las oraciones que encontrarás a continuación contiene un error que debes corregir. Cuando termines, consulta las soluciones.

a) Con este reparto de escaños, nadie dudaba que se produciría una alianza entre los partidos progresistas.

b) El ministerio ha reabierto ese aula para niños de dos años que los vecinos reclamaban insistentemente.

c) La tarea que tienes delante tuyo no es para tanto.

d) Estaba previsto que la piscina municipal se cerrara o privatizara, pero el alcalde, preveyendo lo peor, prometió mantenerla y salió reelegido.

e) Son unos jugadores muy polémicos. Si algo les define es el sacar pecho justo cuando deberían esconderse hasta debajo de las piedras.

f) Por lo que respecta a la siniestralidad laboral, la construcción se sitúa en el séptimo lugar en accidentes graves, el décimo en los leves y el doceavo en los mortales.

g) Bebo Valdés y Diego el Cigala nos traen el espectáculo que los llevó a Nueva York. Ambos dos se han hecho un lugar privilegiado en el mundo del cante y la composición.

h) La portavoz de la policía explicó que también se han identificado a otros jóvenes que observaron las agresiones.

i) Las fuerzas políticas deben ponerse inmediatamente a negociar para evitar lo que nadie queremos que se produzca, o sea, una nueva convocatoria de elecciones.

j) El Ayuntamiento realizará un estudio para determinar las causas del deterioro de la plaza. La oposición opina de que las conclusiones deberían tenerse en cuenta para las obras que se realicen en el futuro.

Soluciones a los ejercicios de gramática 2

Comprueba ahora las soluciones a los ejercicios de gramática 2. Cada respuesta correcta vale un punto. Siguiendo los enlaces encontrarás explicaciones detalladas.

a) Los incendios son uno de los fenómenos que se están preveyendo previendo y controlando [el verbo prever se conjuga como ver; no hay que confundirlo con proveer].
b) Quienes les los vieron paseando románticamente [aquí había un problema de leísmo; podemos comprobarlo con una pequeña transformación pasiva: los vieron paseando > fueron vistos paseando; no es una prueba que nos vaya a sacar siempre de dudas, pero en este caso sí que nos ayuda].
c) [...] se llevó una bolsa conteniendo que contenía dinero y tarjetas de crédito [el gerundio no se puede usar como si fuera un adjetivo].
d) [...] jornada sin incendios en todo toda el área metropolitana [cuidado con la concordancia de los sustantivos femeninos que empiezan por a tónica].
e) [...] lo que ambos dos vienen preparando desde hace tiempo [ambos y dos no se soportan mutuamente; son demasiado parecidos].
f) En primer lugar, recordar les recordamos que la figura de un administrador es obligada para todas las sociedades [os tengo dicho que tengáis cuidado con el infinitivo fático; además de la fórmula que he propuesto se pueden utilizar otras (hemos de recordar, conviene recordar, etc.); lo que no puede quedar es un infinitivo, solito y abandonado, cargando con todo el peso de la oración].
g) El autor ofrecerá sendas lecturas de su obra los días 12 y 13 de septiembre [esta era correcta; siempre hay que complicar un poco los ejercicios; si no, os aburrís; la duda podía estar en el uso correcto del distributivo sendas].
h) Tiene detrás suyo un respaldo económico que le da tranquilidad [no es la primera vez que decimos que expresiones como detrás suyo son incorrectas, así que no debería ser ninguna sorpresa].
i) El Gobierno iraní insistió en que no renunciará a sus derechos nucleares [faltaba la preposición que aporta el verbo y, por tanto, estábamos incurriendo en queísmo].
j) El ministro volvió a insistir insistió en la necesidad de reformar la ley [búscate las excusas que quieras, pero volver a insistir es redundante].

Ejercicios de gramática 2

Aquí tienes un ejercicio que contiene problemas variados. Debes corregir los errores que contienen las oraciones siguientes. También es posible que alguna oración sea correcta. Así le damos un poco más de emoción.

a) Los incendios son uno de los fenómenos que se están preveyendo y controlando.
b) Quienes les vieron paseando románticamente aseguran que la marquesa y Sisebuto parecían una pareja en plena luna de miel.
c) Se confesó autor de un robo en el que se llevó una bolsa conteniendo dinero y tarjetas de crédito.
d) Esta es la primera jornada sin incendios en todo el área metropolitana.
e) Es el momento de comprobar si el presidente y el consejero delegado convencen a la junta de accionistas de lo que ambos dos vienen preparando desde hace tiempo.
f) En primer lugar, recordar que la figura de un administrador es obligada para todas las sociedades.
g) El autor ofrecerá sendas lecturas de su obra los días 12 y 13 de septiembre.
h) Tiene detrás suyo un respaldo económico que le da tranquilidad.
i) El Gobierno iraní insistió que no renunciará a sus derechos nucleares.
j) El ministro volvió a insistir en la necesidad de reformar la ley.

¿Has terminado? Pues ve rápidamente a mirar las soluciones.

Ejercicios de gramática

En las siguientes oraciones vas a encontrar errores diversos que debes corregir. También puede haber alguna que sea correcta.

a) Se han detenido a 26 personas que pretendían introducir drogas en Europa.

b) Los habitantes de las zonas costeras evacúan sus casas ante la llegada del temporal.

c) Nuestro equipo ha obtenido el decimosegundo puesto en el Mundial de Fórmula 1.

d) ¿Qué sería necesario, a groso modo, para lograr una distribución de la riqueza más equitativa?

e) Un buen día recibieron un paquete conteniendo un kit completo de construcción de drones.

f) La fábrica no nos ha proveído de neumáticos adecuados para este circuito.

g) El Gobierno debe de tomar cartas en el asunto cuanto antes.

h) Por último, recordarles que nuestra cadena de supermercados ha lanzado una serie de productos que estarán en oferta durante todo el mes.

i) El presidente ofrece a la oposición acercar posiciones, pero exige que no se condicione el proceso con ultimátums.

j) El banco ha firmado sendos protocolos de colaboración con la Federación de Pequeños Comerciantes para apoyar sus iniciativas.

Corrige el ejercicio.

El género

El género es una categoría gramatical propia del sustantivo y también de los pronombres, adjetivos y determinantes. Todo sustantivo que aparezca en un enunciado en español se podrá adscribir a uno de dos géneros posibles, a saber: masculino o femenino. Así, en el ejemplo (1) es femenino el sustantivo plantas; y masculinos, troncos y árboles.

(1) Las plantas trepadoras subían encaramándose por los añosos troncos de los árboles [Gustavo Adolfo Bécquer: "El rayo de luna", Leyendas]

El sustantivo impone su género a los determinantes y adjetivos de los que se rodea y también a ciertos pronombres. Este es un fenómeno que se conoce como concordancia. En (1) podemos observarlo en el género femenino del determinante las y del adjetivo trepadoras que acompañan a plantas, así como en el artículo los que determina a troncosárboles y en el adjetivo añosos, que especifica una propiedad de troncos.

La oposición central de género en español es la que contrapone el masculino al femenino. Esta es la única que encontramos en los sustantivos. Adicionalmente, podemos identificar un género neutro que ocupa una posición periférica en el sistema y que se manifiesta, por ejemplo, en los pronombres (2, 3) y en ciertas sustantivaciones con el determinante lo (4):

(2) Esto tiene que ver con el atropello del dichoso perro [Luis Mateo Díez: Las horas completas]

(3) Tenía razón, pero ello no me impidió insultarla de nuevo antes de ponerme los zapatos [Jorge Volpi: El fin de la locura]

(4) —¿Cómo?— pregunté, ya sin tratar de ocultar lo evidente [Javier Cercas: La velocidad de la luz]

Los sustantivos del español se pueden clasificar en dos grandes grupos atendiendo no ya a su género, sino a la relación que mantienen con la categoría de género en sí. Por un lado, tenemos los sustantivos con moción de género, que adoptan el género masculino o el femenino en función del sexo del ser al que se refieren. Lógicamente, los únicos referentes posibles para estos sustantivos son seres humanos y animales sexuados. Ejemplos clásicos son niño -a, gato -a, amigo -a. Por otro lado, encontramos los sustantivos de género inherente, que, o bien son masculinos (libro, árbol), o bien son femeninos (mesa, bondad), y no tienen posibilidad de modificar su género.

Lo más habitual en los sustantivos con moción de género es que el género podamos ubicarlo en su terminación. Por eso cambia el significado de niño cuando sustituyo la -o final por una -a (niña) o el de jef-e cuando lo convierto en jef-a. En los de género inherente, en cambio, no es posible adscribir ese valor semántico a una porción concreta del sustantivo, por lo que hemos de entender que es todo él en conjunto el portador de esta categoría gramatical. Por este motivo, solo podemos hablar propiamente de morfemas o terminaciones de género en los primeros. En los segundos podemos constatar ciertas tendencias, pero que no pasan de ser eso, tendencias. Sin ir más lejos, los que terminan en -o suelen ser masculinos, como libro, suelorío; pero esto no impide que sean femeninos manofoto. También tienden a ser femeninos los terminados en -a, como mesa, líneamedicina, pero es fácil encontrar otros que son masculinos (problema, mapa).

Por si esto fuera poco, pueden adoptar cualquiera de los dos géneros un número considerable de los terminados en -o (el testigo, la testigo; el modelo, la modelo) y de los terminados en -a (el atleta, la atleta; el pianista, la pianista). Los sustantivos que, como estos, tienen la facultad de modificar su género sin que ello se manifieste en una alteración de su forma constituyen un grupo particular. Se los denomina sustantivos comunes en cuanto al género.

Otro grupo particular es el de los sustantivos ambiguos en cuanto al género, que pueden presentarse con cualquiera de los dos géneros sin que el cambio de género vaya asociado a un cambio en la referencia del sustantivo. Yo puedo decir el marla mar, pero, en cualquier caso, me estaré refiriendo a la misma realidad. No hay que confundir estos con los casos de cambio de género asociado a un cambio de significado y de referencia. No es lo mismo el frente que la frente.

Existen incluso casos de oposición de género por heteronimia. Esto es lo que ocurre con pares como hombremujer, toro y vaca, en los que cada género se expresa con una palabra diferente.

Es importante, asimismo, no confundir el género como categoría gramatical con el género como noción sociocultural (qué es lo que significa ser hombre o mujer en una determinada sociedad) y, mucho menos, con el sexo como categoría biológica. Es cierto que se da una relación aproximada en algunos casos. Como hemos visto, los sustantivos que se refieren a seres vivos sexuados suelen modificar su género dependiendo del sexo de su referente. Así, yo utilizo el masculino vecino si me estoy refiriendo a un hombre, y el femenino vecina si me estoy refiriendo a una mujer; león se emplea para nombrar a un macho y leona para una hembra. Sin embargo, esto no siempre se cumple. El femenino víctima se puede referir tanto a hombres como a mujeres, y el masculino ornitorrinco se emplea tanto para machos como para hembras. Los sustantivos que presentan esta particularidad se denominan epicenos.

Los sustantivos epicenos nos dan una primera muestra de que la correlación entre el género gramatical y el sexo es aproximada y limitada. Si esto es así cuando estamos hablando de seres vivos con sexo, en cuanto nos fijemos en los sustantivos que designan realidades asexuadas, comprenderemos que su asignación a uno u otro género es perfectamente convencional. No hay nada en el objeto silla que justifique el género femenino del sustantivo silla, de la misma forma que los cuadernos, en el mundo, no presentan ninguna característica que empuje al sustantivo cuaderno a ser de género masculino. La adscripción de género de sustantivos como sillacuaderno nos dice algo sobre cómo está hecha la lengua y no sobre cómo está hecho el mundo.

La convencionalidad del género queda también de manifiesto cuando comparamos lenguas diferentes. Por ejemplo, miel es de género femenino en español y, sin embargo, este mismo sustantivo es masculino en francés (le miel). Es más, una misma palabra ha podido tener géneros diferentes en diferentes momentos históricos. Puente fue femenino hasta el siglo XVIII (de lo que han quedado rastros en los múltiples topónimos que contienen la secuencia La Puente y en el apellido homónimo). Hoy, en cambio, es masculino. El solla luna son, respectivamente, masculino y femenino en español. Sin embargo, en alemán sus géneros se invierten: die Sonne frente a der Mond, donde los artículos dieder nos indican que el primero es un femenino y el segundo, un masculino.

La conformación misma de los sistemas de género puede presentar diferencias incluso entre lenguas que están estrechamente emparentadas. Los sustantivos del español pueden tener dos géneros: masculino o femenino. Se parecen en esto a los del francés, el italiano o el portugués. Se diferencian, en cambio, de los del latín, griego, alemán y ruso, que tienen tres posibilidades: masculino, femenino y neutro.

En definitiva, si la categoría de género del español pudo tener en sus orígenes remotos una motivación en la categoría extralingüística de sexo, hoy es una noción gramatical altamente abstracta y solo tendremos alguna posibilidad de entenderla si la inspeccionamos a la luz de criterios lingüísticos y procurando sobre todo no confundir, a la manera del pensamiento mágico, lengua y mundo.

Nombres contables e incontables

Los sustantivos se dividen en dos categorías dependiendo de si se pueden combinar con numerales o no. En el primer caso, se denominan nombres contables y en el segundo, nombres incontables. Así, son perfectamente aceptables oraciones como las siguientes:

(1) Le pusieron un guisante debajo de diez colchones de lana

(2) Pues a mí me pusieron tres sandías y ni me enteré

(3) Me quedan dos euros hasta final de mes

Esto nos indica que los sustantivos guisante, colchón, sandía y euro son contables. En cambio, las siguientes oraciones no son aceptables:

(4) Le pusieron un trigo debajo de diez lanas

(5) Pues a mí me pusieron tres mantequillas

(6) Me quedan dos dineros hasta final de mes

Los sustantivos trigo, lana, mantequilladinero son incontables. Cuando quiero cuantificarlos de algún modo, tengo que recurrir a medios léxicos, es decir, tengo que explicar con una o varias palabras a qué porción de esa realidad me estoy refiriendo. Puedo coger un grano de trigo, cortar un vellón de lana, añadirle a un pastel dos cucharadas de mantequilla o gastar grandes sumas de dinero. Estas combinaciones tienden a convertirse en secuencias típicas y estereotipadas (lo que se conoce como colocaciones).

Los sustantivos contables se suelen denominar también discontinuosdiscretos. Los incontables, por su parte, también son conocidos como sustantivos de materia o continuos. Esto se explica porque, típicamente, los primeros designan realidades que se perciben como individualidades con unos límites definidos. En cambio, los segundos se suelen asociar con realidades que se conciben como una masa en la que no se aprecian límites precisos. Por eso puedo afirmar tranquilamente que mi colchón es cuadrado, pero que me gustaría cambiarlo por un colchón redondo. Incluso, aunque eso no exista en el mundo, no me cuesta trabajo imaginarme una sandía cuadrada o un euro rectangular. El tener una forma definida y unos límites concretos es típico de los objetos a los que se refieren los sustantivos contables. En cambio, resulta como mínimo extraño pensar en lana cuadrada, mantequilla redonda, agua rectangular, etc. (a no ser, naturalmente, que estemos pensando en una porción de esa materia y no en la materia misma).

Sin embargo, no debemos dejarnos llevar por la tentación de confundir cómo está hecha la lengua con cómo está hecho el mundo. Lo anterior es solamente una relación típica. En última instancia, el que un sustantivo sea contable o incontable no depende de cómo sea la realidad que nombra, sino de cómo se categorice lingüísticamente esa realidad. En este sentido, la lengua no es esclava del mundo, sino que le impone sus propias estructuras. Basta con fijarse en los guisantes y el trigo. En el mundo son realidades comparables. Si yo pongo encima de la mesa un montón de guisantes y, al lado, otro de trigo, me encontraré con que ambos están formados por la agregación de unidades de tamaños no demasiado dispares. Las unas serán verdes y las otras amarillas; las unas, redondeadas y las otras, aplanadas; pero por lo demás… Sin embargo, los guisantes son contables y el trigo, incontable.

Es más, la categorización como contable o incontable presenta una gran variabilidad de una lengua a otra. Por ejemplo, mueble es contable en español (prueba, si no, a contar cuántos muebles tienes en el salón). En cambio, su equivalente inglés furniture es incontable y solo admite la cuantificación con ayuda del sustantivo piece (one piece of furniture), de manera semejante a como nosotros hablamos de una pieza de fruta. Al revés, gente es incontable en nuestra lengua, pero un inglés o un irlandés no tienen inconveniente en hablar de two peoplethree people.

La diferenciación entre contables e incontables se complica en la práctica porque sustantivos que, en principio, situaríamos en una de estas categorías pueden reconvertirse para funcionar como si pertenecieran a la otra. Así, los sustantivos incontables se convierten fácilmente en contables para denominar objetos formados de la materia que designan. Es lo que ocurre frecuentemente con pan, que admite su uso contable en oraciones como la siguiente:

(7) Acércate a la tahona y tráete dos panes

Otras veces permiten referirse a ciertas cantidades de la sustancia en cuestión, cantidades que, aunque no estén medidas ni tasadas en ningún sitio, forman parte de las expectativas compartidas por los hablantes dentro de una determinada cultura. Por ejemplo, si voy a la cafetería de la facultad y pido un café, no es de esperar que me sirvan un barreño de café con leche y tampoco sería una excusa válida en ese caso el decir: “Es que usted no me especificó”. Sin embargo, estas expectativas se pueden ver defraudadas rápidamente en cuanto salimos de nuestro ámbito cotidiano. El hablante de español que pida un café con leche en Alemania se puede encontrar con que le sirvan un tazón de café más bien flojito, más apto para sumergir en él magdalenas que para espabilarse.

Al revés, también se puede pasar los sustantivos incontables por una trituradora imaginaria que los convierta en sustantivos de materia. Eso es lo que ha ocurrido en expresiones como las siguientes, donde una serie de sustantivos incontables aparecen asociados a modificadores indefinidos que son típicos de los sustantivos de materia (8, 9) o sin determinación alguna (10) en un contexto en que un sustantivo contable la necesitaría:

(8) Me gusta esa tarta, pero no con demasiado piñón

(9) Un Jaguar es mucho coche para ti

(10) Échale manzana y verás qué rico sale

La diferencia de significado entre Échale manzanaÉchale una manzana está en que en el primer caso estamos concibiendo esa fruta como una sustancia (de manera semejante a como podríamos decir Échale whisky). En el segundo, en cambio, se presenta como como una unidad, un todo redondo y acabado.

Estos cambios de categoría acaban por convertir la noción misma de sustantivo contable e incontable en una noción resbaladiza. Por ello se ha propuesto toda una serie de pruebas que nos ayuden a identificarlos, aunque ninguna es definitiva. Por ejemplo, una característica que se utiliza a veces para diferenciar unos y otros es su relación con la noción de ‘mitad’. Cuando los sustantivos son incontables, podemos combinarlos con la idea de ‘mitad’ sin que pierdan su identidad. La mitad del agua sigue siendo agua, la mitad de la gente sigue siendo gente, la mitad del dinero sigue siendo dinero, etc. En cambio, esto mismo no es cierto de los sustantivos contables. La mitad de una mesa ya no es una mesa, la mitad de una cabra deja de ser una cabra, etc. Esta prueba, no obstante, no nos ayuda demasiado con sustantivos que se refieren a realidades abstractas. Resulta complicado pensar en cosas como la mitad de una duda (sustantivo contable) o la mitad de la abnegación (incontable).

En definitiva, la noción de nombre contable e incontable, como tantas veces sucede en lingüística, es intuitivamente clara, pero difícil de acotar con precisión en cuanto descendemos al detalle.

Concordancia: ‘infinidad de…’, ‘multitud de…’, ‘cantidad de…’

De todos es sabido que en español el verbo tiene que concordar en número con el sujeto. Así, decimos Mi alumno no vino el viernes o Mis alumnos no vinieron el viernes. El que el verbo adopte la forma singular (vino) o plural (vinieron) depende de lo que le vaya marcando el sujeto.

Hasta aquí todo bien. Las complicaciones llegan cuando empezamos a fijarnos en ciertos casos particulares de concordancia. Uno de ellos es el que encontramos cuando el sujeto está encabezado por las expresiones infinidad de…, multitud de…, cantidad de…:

(1) Infinidad de estudiantes se agolpaban el jueves a las puertas de la discoteca

(2) Multitud de estudiantes regresaron el viernes de la discoteca

(3) Cantidad de estudiantes consumieron aspirina el viernes

Las tres expresiones indicadas arriba contienen un sustantivo cuantificativo (infinidad, multitud, cantidad). Estos sustantivos se denominan así porque su significado contiene una idea de cantidad. Además, las tres tienen en común la ausencia de determinante. Pues bien, en estos casos, es obligatorio que el verbo concuerde en plural, como lo hace en (1)-(3). En realidad, el sustantivo con el que se está estableciendo la concordancia en las tres oraciones es estudiantes. Es incorrecta la concordancia en singular con infinidad, multitudcantidad:

(4) Infinidad de estudiantes se agolpaba

(5) Multitud de estudiantes regresó

(6) Cantidad de estudiantes consumió

La cosa cambia, eso sí, en cuanto aparece por medio un determinante. En ese caso, son correctas las dos concordancias:

(7) Una infinidad de estudiantes se agolpaba/agolpaban a las puertas de las discotecas

(8) Una multitud de estudiantes regresó/regresaron de la discoteca

(9) Una gran cantidad de estudiantes consumió/consumieron aspirina

Todo esto forma parte de un fenómeno más amplio que se denomina concordancia ad sensum, es decir, concordancia por el sentido. Nos iremos ocupando de la cuestión en sucesivas entradas, pero, de momento, baste con esta píldora (o aspirina).

Nota: Es completamente normal que mis alumnos no vengan los viernes. Los viernes no tienen clase.

Entre… y…, entre… a…

La secuencia entre… y… permite expresar un intervalo, tal como se hace, de manera impecable, en el siguiente ejemplo:

(1) Los termómetros suben hoy entre ocho y diez grados [El Diario Montañés (España), acceso: 9-2-2012]

La secuencia en cuestión está formada por una preposición y una conjunción, y define un intervalo abstracto, un rango delimitado por dos valores extremos. Se trata de un uso figurado a partir del uso espacial, literal, que tenemos ejemplificado en (2):

(2) [...] intentaron evitar la confiscación poniéndose entre el vehículo y los soldados [La Vanguardia (España), acceso: 9-2-2012]

En el uso espacial, simplemente se expresa que algo queda situado dentro un intervalo físico definido por dos referencias extremas.

El uso abstracto de entre… y… es, simplemente, una más de las numerosas metáforas que se hallan presentes en la gramática.

Hasta aquí, todo bien; sin embargo, frecuentemente se oye y se lee entre… a…, expresión que debemos evitar por los motivos que a continuación se expondrán. Pero observemos primero un caso concreto de este uso incorrecto:

(3) La Fiscalía [...] ha mantenido hoy las penas de entre ocho a diez años de prisión para nueve presuntos miembros de la organización juvenil ilegalizada Segi

El ejemplo (3) está tomado de una nota de agencia que se publicó en diversos diarios españoles. Como es natural, lo que se debería haber escrito aquí es, más bien:

(4) La Fiscalía ha mantenido hoy las penas de entre ocho y diez años de prisión

La secuencia entre… a… constituye un anacoluto porque mezcla dos construcciones diferentes, por más que tengan significados cercanos. Viene a ser como si empezáramos a formar nuestra oración con entre… y…, pero a mitad de camino cambiáramos de planes y nos pasáramos a la expresión de… a… El resultado es que se quiebra la correlación, se desvanece la metáfora y ni siquiera la gramática sale demasiado bien parada.

Por eso, ¿tan complicado es quedarnos con entre… y…?

Plural mayestático

Hay un uso del plural que es privativo de la autoridad. Me refiero al denominado plural mayestático. Este presenta dos caras.

La primera es la que antes se nos viene a la cabeza: una alta o altísima autoridad habla en plural cada vez que se refiere a sí misma. Esto es típico de reyes, papas y emperadores y es lo que encontramos en esta ley que da Carlos I en Toledo en 1528:

Ordenamos, i mandamos que los Estrangeros, que de Nos, i de los Reyes nuestros predecessores tuvieren cartas de naturaleza dadas según el tenor, i forma de las leyes antes de esta, para aver Beneficios en estos nuestros Reinos, que sean obligados de venir à residir personalmente à los dichos Beneficios dentro de ocho meses después que de ellos fueren proveìdos, sopena que, si ansi no lo hicieren, ayan perdido, i pierdan por el mismo hecho la dicha naturaleza, i que con ellos, como con Estrangeros, se guarden las leyes, que sobre esto hablan: i mandamos à los del nuestro Consejo que dèn sobre ello las provisiones, que fueren necesarias.

Como es fácil comprobar, el plural no solo afecta a los verbos (ordenamos, mandamos), sino que se extiende de manera coherente a todos los elementos del discurso que hacen referencia al hablante, lo que incluye los pronombres (nos) y los posesivos (nuestros). Resulta llamativa la forma particular que suele adoptar el pronombre personal sujeto: del nos-otros se desgaja el otros para dejar solamente el nos, tras el que se oculta el hablante del que dimana la autoridad y que posee, por tanto, la potestad para expresarse así. Aunque mayestático venga de majestad, hay que aclarar que este uso no es exclusivo de monarcas. En textos antiguos también lo encontramos en boca de dignatarios que ejercen una suerte de autoridad delegada, como ministros, rectores, obispos, etc.

El siguiente ejemplo ilustra el reverso de la forma mayestática. El plural no solo lo emplea la autoridad que habla, sino que también compromete a quien se dirige a esa autoridad, que ha de nombrarla en plural, como en este texto en que el entonces príncipe Juan Carlos responde a un discurso de su padre, Juan de Borbón, por el que este renuncia a sus aspiraciones a la corona de España:

Hoy, al ofrecer a España la renuncia a los derechos históricos que recibisteis del rey Alfonso XIII, realizáis un gran acto de servicio. Como hijo, me emociona profundamente. Al aceptarla, agradezco vuestra abnegación y desinterés y siento la íntima satisfacción de pertenecer a nuestra dinastía. Y es mi deseo que sigáis usando, como habéis hecho durante tantos años, el título de conde de Barcelona [discurso de Juan Carlos de Borbón pronunciado el 15 de mayo de 1975].

El plural mayestático conserva hasta cierto punto su vigencia en el mundo contemporáneo. Por eso he querido escoger como segundo ejemplo uno procedente de un rey que a día de hoy (18 de diciembre de 2011) está en el trono como Juan Carlos I. Es evidente, eso sí, que se halla en franco retroceso, pues los tiempos apenas dejan espacio para tales formas de expresión.

Curiosamente, la pluralidad, lo mismo que sirve para ensalzar, puede prestarse también a empequeñecer. Eso es, al menos, lo que se persigue con el plural de modestia. Es esta una buena muestra de la polivalencia de las formas lingüísticas, que, siendo idénticas en lo exterior, pueden dar pie a interpretaciones diferentes e incluso opuestas.