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Leísmo de cortesía
23 de Abril de 2008
El leísmo de cortesía es muy frecuente cuando nos dirigimos a una persona a la que tratamos de usted. Está aceptado en la norma. Consiste, como cualquier leísmo, en utilizar el pronombre le(s) para el complemento directo. Lo característico de este tipo específico es que va asociado a la forma de respeto de la segunda persona: usted(es). Se da en masculino y en femenino (aunque es más frecuente el primero), y tanto para el singular como para el plural.
Este leísmo de cortesía explica que, frecuentemente, la fórmula de despedida en una carta formal sea Le saluda atentamente, lo mismo para un hombre que para una mujer. Teniendo en cuenta que saludar es un verbo transitivo (o sea, que rige complemento directo), lo que sería de esperar aquí es La saluda atentamente si nos dirigimos a una mujer o Lo saluda atentamente si nos dirigimos a un hombre (contando con que quien escribe no sea leísta).
Este fenómeno se constata incluso para hablantes que por lo demás no son leístas. Introduce una diferenciación en el pronombre átono para dos personas verbales que normalmente coindidirían en la forma de dicho pronombre:
2.ª persona (forma de respeto): No le había reconocido [a usted]
3.ª persona: No lo había reconocido [a él]
Si nos atenemos simplemente al régimen verbal, lo que sería de esperar en los dos ejemplos anteriores es simplemente No lo había reconocido (siempre que el hablante no sea leísta, insisto). La forma leísta tiene a su favor en este caso que se percibe claramente como más respetuosa.
El leísmo es un fenómeno muy complejo en el que se cruzan norma y uso. Además, no es un fenómeno unitario, sino que coexisten tipos diferentes con diversa consideración normativa y diverso prestigio. No es de extrañar que los hablantes leístas corregidos (o sea, la mayoría de los castellanos con un cierto nivel educativo) se sientan a menudo inseguros en el uso de los pronombres átonos de tercera persona.
Gerundio como modificador de un nombre
25 de Marzo de 2008
La norma no acepta el uso del gerundio como modificador de un nombre. He aquí un ejemplo de este uso incorrecto:
[…] en su patio y garaje tenía estacionada una caja de aluminio de tracto-camión conteniendo 30 toneladas de mármol negro […] [Gaceta Parlamentaria (México), año III, n.º 515, acceso: 25-3-2008]
En la frase de arriba el gerundio se está utilizando, incorrectamente, como si fuera un adjetivo. Lo que exige la norma aquí es una oración de relativo. El ejemplo anterior queda así, una vez enmendado:
En su patio y garaje tenía estacionada una caja de aluminio de tracto-camión que contenía 30 toneladas de mármol negro
Estas construcciones son, a menudo, calcos del inglés, por lo que no es raro que aparezcan en traducciones más o menos apresuradas.
Hay un par de excepciones que sí están aceptadas:
a) Se considera correcto este uso en títulos de cuadros, fotografías, etc., por ejemplo:
Cristo expulsando a los mercaderes del templo [Óleo de El Greco]
b) Los gerundios ardiendo e hirviendo sí se pueden utilizar como adjetivos, como en estas oraciones:
Cuando el cíclope duerme, le clava una estaca ardiendo en su único ojo [El Portal de El Algar, acceso: 25-3-2008]
Y aquí nos encontramos con el conocido dilema de la rana y la olla de agua hirviendo [Embajador en el Infierno, acceso: 25-3-2008]
El gerundio en función adjetiva es, después del gerundio de posterioridad, el uso no normativo del gerundio que se da con mayor frecuencia.
Dequeísmo
6 de Febrero de 2008
El dequeísmo es un fenómeno antinormativo que consiste en introducir la preposición de ante la conjunción que en aquellos casos en que esta preposición no viene exigida por el verbo u otro elemento de la oración.
El ejemplo clásico de dequeísmo es pienso de que. Álex de la Iglesia recurre humorísticamente a él cuando titula así un artículo en el que anda a vueltas con el tema:
(1) “Pienso de que existo” [El País, acceso: 6-2-2008]
Este artículo, por cierto, tiene más interés desde la perspectiva social que desde la lingüística: es revelador de la percepción tan negativa que se tiene del dequeísmo.
El dequeísmo es un problema de régimen verbal. Algunos verbos rigen la preposición de y otros no. Pensemos en dos verbos de significado afín (pero no idéntico, ojo), por ejemplo, librarse de algo y evitar algo en las dos oraciones siguientes:
(2) Mariano se libró de que le operaran
(3) Mariano evitó que le operaran
En (2) obligatoriamente tenemos que utilizar la preposición, mientras que en (3), para decir algo muy parecido, debemos evitarla. No es de extrañar entonces que la encontremos empleada incorrectamente en ejemplos dequeístas como (4):
(4) […] mucha gente fue convertida al señor y se evitó de que muchos hogares fueran destruidos […] [Comentario de un usuario en L’Absurd Diari, acceso: 5-2-2008]
Las preposiciones regidas por los verbos son preposiciones desemantizadas (por ahí viene el problema). Tienen una función puramente estructural: el verbo las necesita para introducir uno de sus complementos, pero no aportan ningún significado.
El problema no se plantea con preposiciones que aportan un significado, como las de los dos ejemplos siguientes, que no vienen regidas por el verbo sino exigidas por el sentido:
(5) El príncipe Carlos es de Zaragoza [86400, acceso: 5-2-2008]
(6) Ya sabíamos que el alma está en el cerebro [Blog de Eduard Punset, acceso: 5-2-2008]
Un hablante nativo nunca dudará de cuál es la preposición correcta en (5) ó (6). Si se le ocurriera cambiarla por otra o suprimirla, las oraciones resultantes significarían algo diferente o quizás no significarían nada. En cambio, el añadir la preposición de al verbo evitar o no hacerlo no altera el significado.
Se suele proponer un truco para saber si el verbo verdaderamente rige una preposición: sustituir la oración subordinada por el pronombre eso. Si la preposición se mantiene, está empleada correctamente. Véase el contraste siguiente:
(7)
Se evitó de que muchos hogares fueran destruidos > Se evitó de eso(8) Se evitó que muchos hogares fueran destruidos > Se evitó eso
Sin embargo, este truco, como todos, sólo funciona a veces. Yo puedo decir Necesito de tu ayuda, y, por tanto, necesito de eso, pero no Necesito de que me ayudes.
Al final, nos encontramos ante un problema de diccionario. Este nos debe informar no solo sobre el significado de los verbos sino también sobre su construcción: qué tipo de complementos admiten, si estos van introducidos por alguna preposición, etc. El DPD nos ofrece esta información para los verbos más frecuentes, pero no para todos. Así, nos orienta en el caso de necesitar, pero nos deja tan perdidos como estábamos en el caso de evitar. El excelente diccionario de María Moliner sí que nos saca de apuros muchas veces.
Cuando pensamos en dequeísmo, pensamos sobre todo en construcciones verbales. Este es el caso central, aunque hay más. Pero a cada día le basta su afán y esta entrada ya se ha alargado demasiado. Volveremos sobre el tema
Condicional de rumor
17 de Diciembre de 2007
El condicional de rumor es el uso de la forma condicional del verbo para no comprometerse con la veracidad de lo que se está diciendo, por ejemplo:
Liedson, que cumple en diciembre próximo 30 años, encabezaría una lista de delanteros que el club sevillano maneja para suplir al avanzado de Mali, según el periódico [as.com (España), 16-11-2007]
Se trata de un uso muy extendido en el lenguaje periodístico, puesto que es una forma económica de indicar que el redactor ni afirma ni niega sino que, simplemente, se limita a transmitir una información.
Los puristas no lo aceptan por ser un giro calcado del francés. Para que el ejemplo de arriba resultara más castizo, bastaría con sustituir el condicional por el futuro (la expresión según el periódico ya indica la falta de compromiso con la veracidad de la información):
Liedson, que cumple en diciembre próximo 30 años, encabezará una lista de delanteros que el club sevillano maneja para suplir al avanzado de Mali, según el periódico
Desde el punto de vista de la eficacia de la comunicación, sin embargo, esta solución no es ideal porque despista al lector: primero le hace creer que se le está informando de un hecho (encabezará) para a continuación hacerle ver que se trata tan solo de una posibilidad (según el periódico).
La opción para evitar el condicional de rumor es siempre utilizar expresiones adicionales que indiquen cuál es el grado de compromiso con la información que está transmitiendo, por ejemplo:
Es posible que…
Puede que…
Parece ser que…
Al parecer…
Quizás…
De ser cierta la información que manejamos…
Esto puede dar lugar a una redacción pesada, sobre todo en pasajes o textos en que sean necesarias muchas puntualizaciones de este tipo.
Si le ha picado la curiosidad, Justo Fernández le proporciona información más amplia y detallada sobre el condicional de rumor.
Gerundio de posterioridad
13 de Diciembre de 2007
El gerundio de posterioridad es un uso antinormativo. Se incurre en él cuando en una oración aparece un gerundio que expresa una acción posterior a la del verbo principal (de ahí la denominación). Veamos un ejemplo:
Un grupo de desconocidos ha prendido fuego al vehículo, resultando calcinados éste y otros tres turismos […] [El Mundo (España), 11-9-2001] (INCORRECTO)
En el ejemplo anterior hay dos acciones diferentes:
1.º … ha prendido fuego… (verbo principal)
2.º … resultando calcinados… (gerundio)
Una solución correcta (entre muchas posibles) es esta, en la que sustituimos el gerundio por un verbo en forma personal:
Un grupo de desconocidos ha prendido fuego al vehículo, que ha resultado calcinado junto a otros tres turismos
Es correcto que la acción que expresa el gerundio suceda antes que la del verbo principal:
Previendo nuevos sucesos, la rectora Milena Bravo ordenó la suspensión de las actividades [El Universal (Venezuela), 28-11-2007]
La oración anterior es correcta porque la secuencia temporal es la siguiente:
1.º Previendo nuevos sucesos… (gerundio)
2.º … ordenó la suspensión… (verbo principal)
También es correcto que la acción del gerundio y la del verbo principal sucedan simultáneamente:
Ayuso caminaba moviendo los brazos a destiempo [José Manuel Caballero Bonald: Dos días de setiembre]
Caminar y mover los brazos son acciones que se producen al mismo tiempo. No hay nada que objetar a este uso del gerundio.
Todas las precauciones son pocas con el gerundio. Muchas personas lo utilizan porque les suena fino o importante. En la práctica, se presta a muchos errores e incluso cuando se utiliza correctamente suele indicar más bien un estilo descuidado.
Origen del futuro en español
3 de Diciembre de 2007
El futuro castellano amaré tiene su origen en una perífrasis de obligación formada con el infinitivo y el verbo haber. Esta es la evolución hasta llegar a la forma actual:
Amare habeo > amar he > amaré
Amare habeo significaba ‘he de amar’, ‘tengo que amar’. Esta perífrasis va sufriendo un desgaste de su sustancia fónica, de los sonidos que la componen, hasta quedar reducida a una sola palabra. Hay un estadio intermedio en el que los dos verbos han sufrido ya una reducción pero mantienen su independencia. Véase este ejemplo en el que incluso se interpone un pronombre átono entre uno y otro verbo:
(1) Forcejad siempre contra la corriente de vuestras pasiones. Mirad que es grande su furia y, si tantico os descuidáis, llevaros ha al bajo de las miserias [Juan Sanz: Cartas espirituales, 1602-1608, tomado de CORDE]
El paso siguiente es ya la forma actual:
(2) Vendrá un coche a buscaros y os llevará a la estación [Ramón Pérez de Ayala: Tinieblas en las cumbres]
Podemos ver claramente que el origen de las desinencias de futuro está en el verbo haber si las comparamos con el auxiliar de los tiempos compuestos:
Amar -é – he amado
Amar -ás – has amado
Amar -á – ha amado
Amar -emos – hemos amado
Amar -éis – habéis amado
Amar -án – han amado
El desgaste de la forma va acompañado del desgaste del significado. En una orden va implícita una idea secundaria de futuro porque los mandatos, por lo general, nos obligan a hacer algo más adelante. Al erosionarse el significado de esta expresión, se perdió la idea de obligación y solo quedó la de futuro, que es la que está presente en el ejemplo (2).
He dicho que la idea de obligación se pierde, aunque esto no es del todo cierto. Aún persiste en ciertos usos. El futuro en español sirve a veces para mandar. Esto es un recuerdo de su origen y es el valor que encontramos en el siguiente ejemplo:
(3) ¡Te callarás, imbécil! [Leopoldo Lugones: Nosotros]
Si nos fijamos de nuevo en el ejemplo (1), veremos que se ha perdido la idea de mandato (no hay nadie que dé una orden); pero se mantiene una idea de necesidad. Podríamos parafrasear la oración como:
(4) La corriente de vuestras pasiones os llevará por fuerza al bajo de las miserias
o
(5) La corriente de vuestras pasiones os llevará necesariamente al bajo de las miserias
Hoy el futuro en una sola palabra amaré (forma sintética) alterna con la perífrasis voy a amar. Este es un buen ejemplo del movimiento en espiral característico del cambio lingüístico. Sabiendo que el latín tuvo también un futuro sintético (amabo ‘amaré’) que no sobrevivió en castellano, podremos apreciar cómo se van renovando los medios que se han utilizado sucesivamente para expresar este tiempo:
Forma sintética (amabo) > perífrasis (amare habeo) > nueva forma sintética (amaré) > nueva perífrasis (voy a amar)
Al final, hemos andado mucho para quedarnos en donde estábamos.
¿Adecuo o adecúo?
26 de Noviembre de 2007
Para que todos nos quedemos tranquilos, empezaré aclarando que tanto adecuo como adecúo son formas correctas.
Ahora, ya con más calma, puedo entrar en explicaciones. Hay tres verbos cuya conjugación plantea dudas a muchos hablantes:
Adecuar
Licuar
Evacuar
Se trata de verbos terminados en -cuar. Hoy ya se admiten las dos conjugaciones entre las que dudan nuestros sufridos hablantes:
Adecuo o adecúo
Licuo o licúo
Evacuo o evacúo
Estos verbos han sufrido un cambio analógico en su conjugación. Tradicionalmente, los verbos terminados en -cuar se conjugaban como los terminados en -guar. Es decir, adecuar, evacuar y licuar se conjugaban siguiendo el modelo de averiguar:
Averiguar - averiguo
Adecuar - adecuo
Licuar - licuo
Evacuar - evacuo
Sin embargo, se trata de un grupo muy reducido y sus miembros no son demasiado frecuentes. Los tres que he presentado son los más usados. Hay alguno más, pero de uso rarísimo en la lengua actual, como promiscuar (’mezclar carne y pescado en ciertos días en que está prohibido por preceptos religiosos’). Como se utilizan poco, es difícil que los hablantes recuerden sus particularidades. Esto propicia el que empiecen a desertar del modelo especial de -guar y se vayan pasando a otro más general, que es el de los verbos terminados en -uar, como actuar:
Actuar - actúo
Adecuar - adecúo
Licuar -licúo
Evacuar - evacúo
Como decía al principio, las dos formas están aceptadas hoy día en la lengua estándar, pero es conveniente aclarar que no tienen la misma consideración. La forma tradicional, sobre el modelo de averiguar, es claramente más prestigiosa.
‘Oír’ y ‘escuchar’
26 de Noviembre de 2007
La diferencia entre oír y escuchar está en la intención. Escuchar es algo que se hace intencionadamente, mientras que oír es algo que sucede independientemente de la voluntad del sujeto. Por eso podemos oír algo sin querer:
ENCARNACIÓN. —Perdóname. Pero oí, sin querer, la conversación insidiosa, las alusiones malignas, los crueles recuerdos [Leopoldo Lugones: Nosotros]
En cambio, es imposible escuchar sin querer porque dentro del concepto mismo de escuchar está la idea de que es algo que se hace queriendo.
Las cosas que se hacen intencionadamente se hacen para algo. Por eso podemos decir, por ejemplo:
Escuché para enterarme
Asociada a la idea de escuchar está la de finalidad. En cambio, las cosas que nos suceden independientemente de nuestra voluntad carecen de finalidad: no son algo que se haga para algo. Por eso no decimos que alguien oyó para enterarse.
Teniendo en cuenta lo anterior, se entiende que podamos tener un diálogo como este:
—¿Me estás escuchando?
—Te oigo pero no te escucho
O también:
—Te escucho pero no te oigo
Si alguien me dice que me oye pero no me escucha, lo que tengo que entender es que le llega el sonido, pero no me presta atención (que es algo que depende de su voluntad). En cambio, si me dice que me escucha pero no me oye, eso significa que esa persona está poniendo lo que puede de su parte, pero que las circunstancias no cooperan (cuando hacemos cosas intencionadamente, podemos tener éxito o no).
Algunos hablantes no distinguen entre oír y escuchar. Esto es especialmente frecuente en América. No es un fenómeno nuevo y las Academias de la Lengua ni siquiera lo consideran censurable (véase el artículo sobre escuchar en el DPD). A los hablantes de los territorios donde tradicionalmente no se ha hecho la diferencia se les van sumando muchos que prefieren el verbo escuchar porque, al ser más largo, les parece más importante.
El loísmo
20 de Noviembre de 2007
El loísmo consiste en utilizar el pronombre lo para el complemento indirecto. Siempre se considera incorrecto. El loísmo se percibe como francamente vulgar, por lo que raramente se encuentran ejemplos en la lengua escrita. Este es uno de los pocos que he podido localizar:
Al Rey lo gustó mucho la idea [El Pueblo de Ceuta (España), 6-11-2007]
La forma estándar en el ejemplo anterior hubiera sido le:
Al Rey no le gustó mucho la idea
El loísmo siempre ha sido menos frecuente que el leísmo y el laísmo. Como ellos, surge en la Castilla medieval y es un fenómeno fundamentalmente castellano. En principio, ni Andalucía, ni Canarias, ni América son loístas. Digo en principio porque en la práctica sí hay islotes loístas en América, sobre todo en zonas en que el español está en contacto con lenguas indígenas como el quechua. Véase si no este ejemplo de loísmo tomado de una recopilación de cuentos ecuatorianos de tradición oral:
Tenía treh hija’ mujer’ este hombre. Y de las treh hija’ mujer’ una lo salió bien simpática […] [Paulo de Carvalho Neto: Cuentos foklóricos del Ecuador: 52 registros de la tradición oral]
En la lengua estándar hubiéramos dicho le salió bien simpática.
Infinitivo fático o radiofónico
16 de Noviembre de 2007
Se llama infinitivo fático al que se utiliza como verbo principal de una oración. Es un uso que debemos evitar. Se le denomina también infinitivo radiofónico porque resulta muy frecuente en el lenguaje de la radio y, en general, de medios de comunicación hablados, aunque también aparece en textos escritos. Otras denominaciones son infinitivo de generalización, infinitivo introductorio, infinitivo de cierre o infinitivo enunciativo.
He aquí un ejemplo:
Por último recordarles a todos los clubes que la fecha tope de inscripción de las fichas es 15 días antes del comienzo de la competición [Fuerteventura Digital (España), 30-10-2007]
Toda oración debe tener como núcleo un verbo en forma personal. Lo correcto para el ejemplo anterior hubiera sido:
Por último les recordamos a todos los clubes que la fecha tope de inscripción de las fichas es 15 días antes del comienzo de la competición
Este uso del infinitivo se da normalmente con verbos de lengua (o que admitan una interpretación como tales) como decir, expresar, recordar, destacar, añadir, etc. Suele aparecer al principio o al final de la intervención.