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‘Excavar’ y ‘escarbar’
19 de Enero de 2010
Leo y oigo últimamente con cierta frecuencia textos en los que se confunden los verbos escarbar y excavar. Y aunque los dos se refieren a acciones que guardan una cierta relación, no significan lo mismo.
Escarbar es remover la tierra, pero de manera superficial; y además este verbo contiene la idea de que se trata de un movimiento rápido y repetitivo, como el que hacen los animales con las patas en el suelo. Esto se percibe claramente en el siguiente ejemplo (aunque aquí no haya animales):
Mithradates [...] hizo del Ponto el centro de un auténtico imperio que comprendía las ciudades del Mar Negro, la Cólquida [...] y el reino del Bósforo y Crimea, donde “bastaba con escarbar la tierra para que rindiera semilla al treinta por uno” [Argelaguer Vall del Llierca, acceso: 19-1-2010]
Excavar, en cambio, implica un movimiento que puede ser lento o rápido —esto es indiferente— y cuyo propósito o resultado principal es precisamente el de ahondar hasta abrir un hoyo. En el ejemplo citado a continuación se utiliza correctamente este verbo:
[...] Benedicto XVI ha autorizado excavar y abrir la tumba del apóstol en la basílica de San Pablo Extramuros, cubierta de hormigón desde finales del siglo IV [Abc.es, acceso: 19-1-2010]
Y por hoy ya vale de escarbar en el uso del vocabulario. ¡Hasta pronto!
[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, 'Excavar' y 'escarbar']
No se separa el sujeto del verbo con coma
10 de Enero de 2010
Una de las faltas de puntuación más extendidas consiste en separar el sujeto del verbo con una coma. Un ejemplo de esto lo pudo ver toda España en Nochevieja por televisión. Una empresa pagó una millonada por ponerle este subtítulo al reloj de la Puerta del Sol mientras dos pelotitas se zampaban las uvas al son de las campanadas:
Empezar un nuevo año con ilusión, no tiene precio
El sujeto de esa oración es Empezar un nuevo año con ilusión y quien ha plantado ahí la coma ha caído en una vieja trampa.
A muchos nos han enseñado que la coma sirve para representar en la escritura las pausas de la pronunciación. Eso, que era cierto en la Edad Media, hoy ya no lo es tanto. A lo largo de la historia, las lenguas europeas han ido evolucionando desde sistemas de puntuación que reflejaban la oralidad hacia otros más abstractos cuya función consiste ante todo en dar pistas sobre la estructura de las oraciones y del texto.
Entre el siglo XVIII y el XIX, Goethe se peleaba con sus editores porque él puntuaba de oído sus obras de teatro —no precisamente por ignorancia sino para orientar a los actores sobre cómo quería que dijeran el texto—. La pelea venía porque en aquella época el alemán ya había realizado la transición a un sistema de puntuación sintáctico (y la puntuación del alemán es extremada en su sintacticidad).
Pues bien, en nuestro ejemplo ha habido también una lucha entre la intención comunicativa y la corrección ortográfica en la que ya sabemos quién ha salido peor parado. Uno de los lugares donde tiende a intercalarse una pausa en la lengua oral es justamente entre el sujeto y el verbo (sobre todo si aquel es largo) y toda la gracia de ese eslogan se pierde si no se marca bien la pausa, como sabrán quienes lo hayan oído.
Dicho esto, lo único que puedo añadir es que los textos de Goethe hoy los conocemos con las comas que les fueron poniendo sus editores y que si la ilusión no tiene precio; la ortografía, probablemente, tampoco.
[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, No se separa el sujeto del verbo con coma]
Déficit, superávit, accésit
8 de Enero de 2009
Hay tres palabras latinas de uso asentado en el español culto que terminan en -t: déficit, superávit, accésit. En latín eran verbos, pero hoy los utilizamos como sustantivos.
Déficit viene de deficio y significa simplemente ‘falta’. Ese es hoy su sentido, aunque un poco más especializado. Déficit es la diferencia negativa entre los ingresos y los gastos; por ejemplo, el dinero que le falta al Ministro de Economía a final de año. Podemos ver cómo se utiliza en un texto real:
El déficit de EEUU registrará 1,2 billones de dólares en el año 2009, sin contar el gasto adicional en el plan de estímulo económico que impulsa Barack Obama [...] [Jaque al Neoliberalismo, acceso: 7-1-2009]
Superávit es el perfecto del verbo supero y significa etimológicamente ni más ni menos que ’sobró’. De hecho, nuestro verbo sobrar no es sino la forma castellanizada de superare. El superávit es el dinero que le sobra al mismo Ministro de Economía en año de vacas gordas si se sabe administrar. Veamos un ejemplo un poco más preciso:
La balanza comercial argentina registró en noviembre un superávit de 952 millones de dólares [...] [Economía Avanzad@, acceso: 8-1-2009]
Nuestro accésit viene de una forma de perfecto de accedo. De los tres es el que más se ha especializado semánticamente. Hoy en castellano se refiere específicamente a un premio secundario de concursos literarios o de otro tipo. Quiere decir que la obra casi llegó ahí, al pódium, que le faltó poco para alcanzar el máximo galardón, como en esta oración:
En el concurso, el gijonés Ricardo Candás obtuvo el accésit con su obra ‘El día que desapareció Bernarda’ [avilés:ciudad de mujeres, acceso: 8-1-2009]
Hay que tener cuidado con la pronunciación de esta palabra, que es llana (accésit), no la vayamos a convertir en esdrújula como hacen muchos.
Tradicionalmente se recomendaba no formar el plural de estas palabras porque en latín eran verbos. Finalmente se ha impuesto el criterio de que su plural se debe formar añadiendo una -s, como sustantivos que son hoy día. Estos son los plurales correctos:
Los crecientes déficits comerciales y de cuenta corriente [...] significan que EEUU necesita atraer más de 700 mil millones de dólares este año para impedir que el dólar se debilite [e4blog, acceso: 8-1-2009]
Brown dijo a la prensa que las naciones con los mayores superávits deberían hacer todo lo posible para ayudar [Economía Avanzad@, acceso: 8-1-2009]
Tanto el primer premio como los accésits podrán declararse desiertos [Sociedad del Pie Peludo, acceso: 8-1-2009]
La verdad es que a mí me sigue costando trabajo pronunciar esas terminaciones en -ts, sobre todo si van seguidas de consonante; pero no deja de tener su lógica que se regularice el plural.
Nótese que aunque son palabras latinas se acentúan. Así se debe hacer con las que se han integrado en el léxico castellano.
¿Por qué decimos ‘anduve’?
27 de Diciembre de 2008
El verbo andar presenta una irregularidad muy llamativa en su conjugación: en el pretérito perfecto simple se utiliza anduve en lugar de la forma regular andé, por ejemplo:
La mujer pantera (1942), Anduve con un zombi (1943) y El hombre leopardo (1943) sorprenden y destacan entre toda la producción clásica hollywoodiense del género fantástico por su insólita modernidad [Claqueta.es, acceso: 27-12-2008]
Todos nos hemos equivocado alguna vez o, como mínimo, hemos dudado. La irregularidad afecta también a los tiempos que se basan en el pretérito indefinido, como el pretérito imperfecto de subjuntivo: anduviera o anduviese (y no andara, andase).
Lo que ocurrió con este verbo fue que la conjugación regular se vio alterada en castellano antiguo por influencia de pretéritos irregulares de verbos muy frecuentes como haber:
Ove > andove (después hube, anduve)
Esta influencia de unas formas sobre otras es lo que se conoce como analogía.
Se han explicado alguna vez estos fenómenos de cambio analógico como si fueran una especie de regla de tres:
Haber es a hube como tener es a X
Despeje el lector la X.
El queísmo
17 de Octubre de 2008
El queísmo es un fenómeno antinormativo que consiste en eliminar ante la conjunción que una preposición exigida por un verbo (1a), sustantivo (2a) o adjetivo (3a):
(1a) Me acuerdo que hasta a Zidane le pusieron en duda cuando llegó [...] [As, acceso, 17-10-2008] [incorrecto]
(1b) Me acuerdo de que hasta a Zidane le pusieron en duda cuando llegó
(2a) Si la carrera a la Casa Blanca es una competición de fondo, que lo es, no cabe duda que el senador por Illinois, el demócrata Barack Obama, sigue llevando la delantera a su rival, el senador por Arizona, el republicano John McCain [La Vanguardia, acceso: 17-10-2008] [incorrecto]
(2b) Si la carrera a la Casa Blanca es una competición de fondo, que lo es, no cabe duda de que el senador por Illinois, el demócrata Barack Obama, sigue llevando la delantera a su rival, el senador por Arizona, el republicano John McCain
(3a) Estoy seguro que los mismos que lo hicieron el martes, cantarán el himno cuando Francia juegue en la Eurocopa o el Mundial [Público, acceso: 17-10-2008] [incorrecto]
(3b) Estoy seguro de que los mismos que lo hicieron el martes, cantarán el himno cuando Francia juegue en la Eurocopa o el Mundial
Las formas correctas son las de (1b), (2b) y (3b). El que el sustantivo forme parte de una locución, como en el ejemplo (2), no afecta a su régimen.
Normalmente, la preposición suprimida es de, como en los ejemplos anteriores, aunque también pueden ser otras, como en:
(4a) Esta versión fue desmentida por Xulio Calviño, quien insistió que un coche de un año [...] no tiene por qué pasar la ITV [La Voz de Galicia, acceso: 17-10-2008] [incorrecto]
(4b) Esta versión fue desmentida por Xulio Calviño, quien insistió en que un coche de un año no tiene por qué pasar la ITV
La pregunta del millón es, naturalmente, cómo sé yo si tengo que utilizar preposición y cuál. Para esto no hay reglas, puesto que es un problema léxico. Forma parte de la idiosincrasia de ciertas palabras el incluir una determinada preposición en su plan de construcción. El único remedio consiste en consultar el diccionario. El Diccionario panhispánico de dudas nos será de utilidad, por lo menos para los casos más frecuentes. Te recomiendo que lo añadas a los motores del búsqueda del navegador para tenerlo siempre a mano. También el María Moliner contiene información útil sobre régimen.
Como los hablantes se sienten inseguros, unas veces eliminan y otras veces añaden preposiciones incorrectamente. Cuando ocurre esto último, nos encontramos con el fenómeno opuesto, conocido como dequeísmo.
‘Explotar’ y ‘explosionar’
11 de Septiembre de 2008
Me pregunta Jorge, estudiante de informática de la Universidad Carlos III, por la diferencia entre explotar y explosionar. Los dos verbos se usan para hablar de detonaciones, pero con algunas diferencias en cuanto a sus posibilidades sintácticas.
Explotar es un verbo intransitivo, o sea, podemos decir que algo explota:
El reactor número 4 de la central [...] de Chernóbil, situada en la frontera entre Ucrania y Bielorrusia, explotó el 26 de abril de 1986 [Desenchufados, acceso: 4-9-2008]
Lo que no debemos decir es que alguien explota algo (en el sentido de detonar). Para eso podemos recurrir a un rodeo, hacer explotar, aunque ya tenemos un verbo que significa lo mismo en una sola palabra y nos permite, por tanto, una expresión más económica: explosionar, como en la cita siguiente:
Artificieros de la Armada explosionan un obús de la Guerra Civil en Barbate [titular de una noticia en 20minutos.es, acceso: 10-9-2008]
No es incorrecto usar explosionar como intransitivo, como en el ejemplo siguiente:
Las 13 personas resultaron quemadas cuando explosionó un camión que cargaba gas dentro de una planta [...] [Yahoo! Noticias, acceso: 11-9-2008]
Pero aquí podríamos haber dicho simplemente “cuando explotó un camión” y sería preferible porque es una forma más breve y más sencilla.
Lo que no se debe decir, claro, es hacer explosionar porque es pan con pan… (dentro de explosionar ya está la idea de hacer, causar).
A estas alturas te habrás percatado de que en la explicación se han deslizado dos normas generales que conviene tener en cuenta para una expresión correcta y elegante:
a) Si puedes decirlo en una palabra, no lo digas en dos
b) Si puedes escoger una palabra breve y sencilla, no escojas una larga y complicada
En resumen, menos es más.
Ah, y antes de que se me olvide, me alegro de que los informáticos también se preocupen por la lengua.
Empoderar
12 de Junio de 2008
Se está celebrando en Madrid, en la Universidad Carlos III, un congreso sobre la presencia de las mujeres en la esfera pública. Y se plantea durante la comida la cuestión de si el verbo empoderar está en el diccionario. Pues bien, sí lo está.
Empoderar existió en castellano clásico y se ha reintroducido en la lengua actual como calco del inglés empower.
En inglés y castellano este verbo tuvo un mismo significado: conceder a alguien un poder (sobre todo como representante legal); es decir, algo así como ‘autorizar’ o ‘nombrar apoderado’. Esta acepción ya ha caído en desuso en las dos lenguas. Sin embargo, la palabra ha experimentado una revitalización en inglés y después en castellano.
El uso moderno de empower tiene su origen en los movimientos por los derechos civiles, que buscaban empoderar a sus seguidores, es decir, conquistar derechos y, con ellos, fuerza, poder para tomar sus propias decisiones y asumir el control de sus vidas. La palabra floreció cuando fue adoptada por el movimiento feminista y fue tal el éxito que acabaron adoptándola movimientos del más diverso signo.
Este uso renovado de empower es el que se trasplanta al español y ese es el significado actual de empoderar (aunque este todavía se hará esperar para entrar en el diccionario de la Academia). El significado de la palabra inglesa y el de su hermana castellana han evolucionado en paralelo aunque no de manera espontánea sino por influencia de una lengua sobre la otra. El movimiento de derechos civiles crea todo un aparato conceptual que desde la cultura estadounidense se exporta a otras culturas. Y con los conceptos se exportan las palabras para nombrarlos.
¿Es correcto entonces el uso de empoderar? La extensión de significado desde ‘conceder un poder (legal)’ a ‘conceder derechos’ (o más bien conquistarlos), ‘asumir el control’, tiene mucho sentido lo mismo en una lengua que en la otra. Ni siquiera los puristas más recalcitrantes deberían sentirse ofendidos, pues suelen defender la revitalización de palabras como medio para nombrar las nuevas realidades. Mil veces se aplaudió el rescate de azafata (‘camarera de la reina’) para referirse a la tripulante de cabina de un avión. Puede que haya quien se sienta molesto con la palabreja, pero quizás aquí se esté disfrazando de argumento lingüístico lo que en última instancia no lo es. A veces, una forma cómoda de escamotear el debate es escudarse en sutilezas filológicas. Si los diccionarios no han recogido este nuevo sentido de empoderar, deberían ir haciéndolo, puesto que esta palabra, de hecho, existe.
En cualquier caso, no podemos sino felicitarnos de iniciativas como la del Grupo Kore con este congreso, que es una aportación eficaz al empoderamiento de la mujer.
Leísmo de cortesía
23 de Abril de 2008
El leísmo de cortesía es muy frecuente cuando nos dirigimos a una persona a la que tratamos de usted. Está aceptado en la norma. Consiste, como cualquier leísmo, en utilizar el pronombre le(s) para el complemento directo. Lo característico de este tipo específico es que va asociado a la forma de respeto de la segunda persona: usted(es). Se da en masculino y en femenino (aunque es más frecuente el primero), y tanto para el singular como para el plural.
Este leísmo de cortesía explica que, frecuentemente, la fórmula de despedida en una carta formal, tanto para un hombre como para una mujer, sea:
Le saluda atentamente
Teniendo en cuenta que saludar es un verbo transitivo (o sea, que rige complemento directo), lo que sería de esperar aquí es La saluda atentamente si nos dirigimos a una mujer o Lo saluda atentamente si nos dirigimos a un hombre (contando con que quien escribe no sea leísta).
Este fenómeno se constata incluso para hablantes que por lo demás no son leístas e introduce una diferenciación en el pronombre átono para dos personas verbales que normalmente coindidirían en la forma de dicho pronombre:
2.ª persona (forma de respeto): No le había reconocido [a usted]
3.ª persona: No lo había reconocido [a él]
Si nos atenemos simplemente al régimen verbal, lo que sería de esperar en los dos ejemplos anteriores es simplemente No lo había reconocido (siempre que el hablante no sea leísta, insisto). La forma leísta tiene a su favor en este caso que se percibe claramente como más respetuosa.
El leísmo es un fenómeno muy complejo en el que se cruzan norma y uso. Además, no es un fenómeno unitario, sino que coexisten tipos diferentes con diversa consideración normativa y diverso prestigio. No es de extrañar que los hablantes leístas corregidos (o sea, la mayoría de los castellanos con un cierto nivel educativo) se sientan a menudo inseguros en el uso de los pronombres átonos de tercera persona.
Gerundio como modificador de un nombre
25 de Marzo de 2008
La norma no acepta el uso del gerundio como modificador de un nombre, es decir, en función análoga a la de un adjetivo. He aquí un ejemplo de este uso incorrecto:
[...] en su patio y garaje tenía estacionada una caja de aluminio de tracto-camión conteniendo 30 toneladas de mármol negro [...] [Gaceta Parlamentaria (México), año III, n.º 515, acceso: 25-3-2008]
En la frase de arriba el gerundio se está utilizando, incorrectamente, para explicar algo a propósito de caja de aluminio, como si fuera un adjetivo. Lo que exige la norma aquí es una oración de relativo. El ejemplo anterior queda así, una vez enmendado:
En su patio y garaje tenía estacionada una caja de aluminio de tracto-camión que contenía 30 toneladas de mármol negro
Estas construcciones son, a menudo, calcos del inglés, por lo que no es raro que aparezcan en traducciones más o menos apresuradas.
Hay un par de excepciones que sí están aceptadas:
a) Se considera correcto este uso en títulos de cuadros, fotografías, etc., por ejemplo:
Cristo expulsando a los mercaderes del templo [Óleo de El Greco]
b) Los gerundios ardiendo e hirviendo sí se pueden utilizar como adjetivos, como en estas oraciones:
Cuando el cíclope duerme, le clava una estaca ardiendo en su único ojo [El Portal de El Algar, acceso: 25-3-2008]
¿Qué sucede si se lanza agua hirviendo al aire en un típico día invernal canadiense a -40º centígrados? [hmmm, acceso: 25-3-2008]
El gerundio en función adjetiva es, después del gerundio de posterioridad, el uso no normativo del gerundio que se da con mayor frecuencia.
Dequeísmo
6 de Febrero de 2008
El dequeísmo es un fenómeno antinormativo que consiste en introducir la preposición de ante la conjunción que en aquellos casos en que esta preposición no viene exigida por el verbo u otro elemento de la oración.
El ejemplo clásico es pienso de que. Álex de la Iglesia recurre humorísticamente a él cuando titula así un artículo en el que anda a vueltas con el tema:
(1) “Pienso de que existo” [El País, acceso: 6-2-2008]
Este artículo, por cierto, tiene más interés desde la perspectiva social que desde la lingüística, pues revela la percepción tan negativa que se tiene de este fenómeno.
El dequeísmo es un problema de régimen: algunos verbos rigen la preposición de y otros no. Pensemos en dos verbos de significado afín (pero no idéntico, ojo), por ejemplo, librarse de algo y evitar algo, como en las dos oraciones siguientes:
(2) Mariano se libró de que le operaran
(3) Mariano evitó que le operaran
En (2) obligatoriamente tenemos que utilizar la preposición, mientras que en (3), para decir algo muy parecido, debemos evitarla. No es de extrañar entonces que la encontremos empleada incorrectamente en ejemplos dequeístas como (4):
(4) [...] mucha gente fue convertida al señor y se evitó de que muchos hogares fueran destruidos [...] [Comentario de un usuario en L'Absurd Diari, acceso: 5-2-2008]
Las preposiciones regidas por verbos están desemantizadas; y por ahí viene el problema. Tienen una función puramente estructural: el verbo las necesita para introducir uno de sus complementos, pero no aportan ningún significado.
La dificultad no se plantea con preposiciones como las de los dos ejemplos siguientes, que no vienen regidas por el verbo sino exigidas por el sentido:
(5) El príncipe Carlos es de Zaragoza [86400, acceso: 5-2-2008]
(6) Ya sabíamos que el alma está en el cerebro [Blog de Eduard Punset, acceso: 5-2-2008]
Un hablante nativo nunca dudará de cuál es la preposición correcta en (5) ó (6). Si se le ocurriera cambiarla por otra o suprimirla, el sentido cambiaría o se perdería. En cambio, el añadir la preposición de al verbo evitar no altera el significado.
Se suele proponer un truco para saber si el verbo verdaderamente rige una preposición: sustituir la oración subordinada por el pronombre eso. Si la preposición se mantiene, está empleada correctamente:
(7) Se evitó que muchos hogares fueran destruidos > Se evitó eso
(8) Se evitó de que muchos hogares fueran destruidos > Se evitó de eso
Sin embargo, este truco, como todos, sólo funciona a veces. Yo puedo decir Necesito de tu ayuda, y, por tanto, necesito de eso, pero no Necesito de que me ayudes.
Al final, nos encontramos ante un problema de diccionario. Este nos debe informar no solo sobre el significado de los verbos sino también sobre su construcción: qué tipo de complementos admiten, si estos van introducidos por alguna preposición, etc. El Diccionario panhispánico de dudas nos ofrece esta información para los verbos más frecuentes, pero no para todos. Así, nos orienta con necesitar, pero nos deja tan perdidos como estábamos en el caso de evitar. El excelente diccionario de María Moliner sí que nos saca de apuros muchas veces.
La inseguridad es tanta que muchas veces, huyendo del dequeísmo, caemos en el queísmo. Este es el fenómeno opuesto y consiste en suprimir incorrectamente una preposición regida por un verbo, sustantivo o adjetivo.
Cuando pensamos en dequeísmo, pensamos sobre todo en construcciones verbales. Este es el caso central, aunque hay otros. Pero a cada día le basta su afán y esta entrada ya se ha alargado demasiado. Volveremos sobre el tema.