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Adolecer de algo es presentar algún defecto o padecer algún mal. En el siguiente ejemplo se utiliza este verbo correctamente:

(1) [...] en aquellos tiempos mis buenos propósitos adolecían de una estructura excesivamente endeble [Almudena Grandes: Las edades de Lulú]

El ejemplo (1) se interpreta así: “Mis buenos propósitos tenían un defecto: su estructura era demasiado endeble”. Otro ejemplo correcto es el siguiente, tomado de un diario peruano:

(2) [...] la Sala Penal Especializada [...] declaró nula la sentencia contra el abogado y bloggero José Alejandro Godoy por “adolecer de vicios insubsanables por la ausencia de una argumentación coherente y congruente” [La República (Perú), acceso: 30-1-2012]

Hoy lo normal es que los males de los que adolecemos sean metafóricos. Antiguamente podían ser también físicos. De hecho, ese es su sentido originario y sigue siendo correcto emplearlo así. El uso metafórico que se ha impuesto en la lengua actual y que queda ejemplificado en (1) y (2) tiene su origen en este otro. Veamos un ejemplo del siglo XIX:

(3) Además, aunque tiene ya muchos años, está fuerte, no adolece de ningún achaque y por milagro sufre la más leve indisposición [Wenceslao Ayguals de Izco: La bruja de Madrid]

En el ejemplo (3) se nos describe a una persona que a pesar de su avanzada edad no padece achaques y solo muy de vez en cuando puede llegar a encontrarse levemente indispuesta. Los ejemplos de arriba son impecables. Si alguien tiene por costumbre utilizar este verbo en el sentido literal con que aparece en (3), puede seguir haciéndolo tranquilamente. Es un uso no solo correcto sino incluso elegante.

El problema viene cuando se le atribuye al verbo adolecer de manera impropia el sentido de ‘carecer de algo’, como aquí:

(4) La selección entrenada por Claude Onesta volvió a adolecer de las ideas y la fluidez ofensiva necesarias para superar con comodidad a los eslovenos [incorrecto]

El ejemplo (4), procedente de un diario español, lo que quiere decir es que a la selección de marras le faltaron ideas y fluidez ofensivas, que carecía de estas. Pues bien, se debería haber empleado cualquiera de esos verbos para expresarlo.

Por último, no está de más aclarar que adolecer no tiene nada que ver con adolescente ni adolescencia. Este error es más raro que el de (4), pero también se da. Se trata de un caso de etimología popular. Encontramos una muestra aquí:

(5) [...] la etapa de la adolescencia, como la etimología misma de la palabra lo menciona “que adolece”, carece de la madurez para controlar el uso de dichas redes

En (5) se mezclan dos usos incorrectos: adolecer como ‘carecer de algo’ y la idea de la relación con adolescencia.

Si no quieres que tu expresión adolezca de impropiedad, la solución es fácil: consulta el diccionario primero y escribe después.

El plural de modestia es un artificio retórico que consiste en utilizar un nosotros que encubre un yo. La primera persona singular se convierte en plural para que el individuo responsable de aseveraciones, juicios, propuestas, etc. pase a un segundo plano y quede oculto tras una pluralidad ficticia. Se trata de dar un paso atrás lingüísticamente para no atribuirse demasiada importancia a uno mismo.

Este particular empleo de la primera persona del plural se asocia típicamente con textos académicos y científicos. Encontramos un magnífico ejemplo en la nota preliminar que redacta Francisco Ruiz Ramón en 1971 para la segunda edición de su Historia del teatro español:

Nuestra intención al preparar la revisión de este libro para su segunda edición ha sido mantener la que presidía la primera redacción. Sin embargo, nuestra conciencia de la insuficiente presentación de algunos temas, la crítica amistosa, y por ello mismo severa de algunos amigos y colegas, aquellas reseñas en donde con espíritu objetivo —que agradecemos—se hacían reparos y se señalaban errores y erratas, la consideración más detenida de algunos puntos y nuevas lecturas, nos han decidido a rechazar páginas enteras y a escribirlas de nuevo, cambiando, en la medida en que nuestros puntos de vista habían cambiado, su enfoque, y esto, a veces, de modo sustantivo, sin que nos detuviera el expresar ideas distintas a las sostenidas antes si estas nos parecían incorrectas o insuficientes.

Quien habla en el párrafo anterior es el autor individual de un manual universitario. Podría expresar perfectamente los mismos contenidos en singular: Mi intención al preparar la revisión de este libro… mi conciencia de la insuficiente presentación de algunos temas… con espíritu objetivo —que agradezco—… me han decidido a rechazar páginas enteras. Sin embargo, prefiere ocultar pudorosamente su persona amparándose en el plural. Como se aprecia también en el ejemplo, el plural de modestia no afecta solamente a las formas verbales, sino, en general, a las palabras y expresiones capaces de expresar persona, como determinantes posesivos (nuestra intención) o pronombres (nos parecían incorrectas).

El plural de modestia no es, ni mucho menos, exclusivo del lenguaje académico, sino que puede presentarse en cualquier tipo de discurso. Sin embargo, la tradición y las convenciones de la producción científica, con sus exigencias de objetividad, parecían empujar al autor a adoptar el plural en la expresión. En las últimas décadas, no obstante, se aprecia una tendencia a emplear un estilo más directo, por lo que cada vez más se prefiere el yo a la hora de redactar un artículo o realizar una presentación en un foro científico. Ambas posibilidades entran por igual en lo que hoy día se considera una buena redacción. Son opciones diferentes que el autor tiene a su disposición y entre las cuales habrá de escoger dependiendo de si quiere situar el foco de atención sobre sí mismo o más bien apartarlo.

Otro uso particular del plural relacionado con este, aunque con motivaciones muy diferentes, es el del denominado plural mayestático, del que nos ocupamos en otro artículo.

Hay un  con tilde diacrítica que puede corresponder, o bien al verbo ser, o bien al verbo saber. En el ejemplo (1) encontramos la primera posibilidad: sé tú, o, para decirlo en términos técnicos, la segunda persona singular del imperativo en su forma de confianza. El ejemplo (2), por su parte, reproduce un famoso aforismo socrático que incluye la primera persona singular del presente de indicativo de saber (yo sé). Los dos ejemplos contienen por partida doble su forma verbal correspondiente, de modo que deberían ser, como mínimo, el doble de efectivos.

(1) ¡Sé generosa,  valiente! [Juan Valera: Pepita Jiménez]

(2) Solo  que no  nada [Sócrates]

Llegados aquí, conviene aclarar que el verbo saber en su significado de ‘tener sabor’ se conjuga exactamente igual que cuando significa ‘tener conocimiento’. Así, virtualmente al menos, se dice y se escribe “Sé a sal”, o sea, ‘tengo sabor a sal’. Digo virtualmente porque por más que he buscado no he dado con ningún ejemplo real que documente ese uso. Los únicos que aparecen profusamente son ejemplos construidos en los que los hablantes se preguntan por esta forma de la conjugación y los lingüistas o aspirantes a tales les contestan. Pongo yo aquí mi granito de arena (o de sal, según se mire).

Más complejos son los valores del se átono que se escribe sin tilde. Esta es una marca que acumula una diversidad de funciones que no siempre es fácil delimitar con exactitud. Por ello, los ejemplos siguientes no pretenden ser exhaustivos sino meramente representativos. En (3), se es un pronombre. Se trata de una variante de le(s) que aparece cuando se le pospone otro pronombre átono: la secuencia le lo das, imposible en nuestra lengua, se convierte en se lo das. En (4) tenemos una marca de impersonalidad; y en (5), una marca de pasiva refleja:

(3) El papel que escribe ahora don Melchor se lo das a ese forastero [Ildefonso Antonio Bermejo: Cortesanos de chaqueta]

(4) Se vivía de milagro. Se vivía en silencio [Carlos Fuentes: La muerte de Artemio Cruz]

(5) Por la tarde [...] se vendían helados de color de rosa, de color limón, en unos sombreritos de barquillo [Ana María Matute: En esta tierra]

Como es habitual con la tilde diacrítica, a donde no lleguemos con la gramática podemos llegar de oído. Las formas con tilde se pronuncian con acento en la secuencia hablada, mientras que las formas sin tilde se apoyan para pronunciarse en la siguiente palabra con acento. Así, frente a [sé generósa] tenemos [selodás].

Hay un  que se escribe con tilde y puede corresponder a varias formas del verbo dar. En el ejemplo (1) encontramos yo dé o, para decirlo con terminología gramatical, la primera persona singular del presente de subjuntivo. En (2) tenemos él dé, o sea, la tercera persona singular del presente de subjuntivo; en (3), usted dé, que es la segunda persona singular de ese mismo tiempo y modo (nótese que se trata de la forma de respeto); y en (4), dé usted, que es nuevamente la forma de respeto, pero, esta vez, del imperativo.

(1) Aunque será severa la lección que yo dé, no pasará a ser tragedia [Juan Valera: Juanita la larga]

(2) No llamen a la policía hasta que él señales de vida [José Luis Martín Vigil: En defensa propia]

(3) Yo he dado mil pesetas para esa suscripción, y quiero que usted  otras mil [Carlos Arniches: La heroica villa]

(4) [...]  usted a un lado esas manías y ¡arriba, arriba! [Juan Antonio de Zunzunegui: La úlcera]

Frente al anterior, tenemos un de sin tilde que es una preposición:

(5) [...] yo ya estoy harta de decirlo [Camilo José Cela: La colmena]

Como es de esperar, el que lleva la tilde diacrítica se pronuncia tónico en la oración, mientras que el otro es una palabra átona.

Por último, hay que mencionar que existe un de sin tilde que es el nombre de una letra del alfabeto, pero que raramente se escribe.

El verbo escribir procede del latín scribere y lleva dentro una parte de la historia de nuestra escritura. Y digo de la nuestra porque la técnica de fijar el habla en un soporte físico se descubrió de manera independiente en diversos lugares a lo largo de la historia de la humanidad y se utilizaron para ello diferentes medios. Lo que se contará a continuación se refiere, por tanto, a la tradición de la que somos herederos quienes hoy escribimos en español y en otras lenguas occidentales.

El verbo latino scribere procede de una antigua raíz indoeuropea que significaba ‘arañar, raspar, hacer incisiones’. Este verbo se especializó para designar la acción de grabar con punzón. Esto es así porque nuestros antepasados fueron dejando sus primeros caracteres en trozos de madera, huesos, piedras, tablillas de barro o tablillas enceradas. Los signos se grababan haciendo incisiones con un objeto punzante. Es decir, lo que se hacía era arrancar trozos del soporte de escritura para dejar sobre él una marca indeleble, en lugar de pintar las letras depositando un pigmento como hacemos hoy.

El verbo escribir cuenta con hermanos en todas las lenguas románicas, que lo han heredado directamente del latín. Así, yendo de Occidente hacia Levante, en portugués tenemos escrever; en gallego, escribir; en catalán, escriure; en francés, écrire; en italiano, scrivere; y en rumano, scrie.

Pero no acaba ahí el recorrido de este verbo. Todos los pueblos de Europa Occidental aprendieron de Roma a preservar sus palabras poniéndolas por escrito, igual que los romanos habían aprendido antes a hacerlo gracias a los etruscos, quienes, a su vez, habían adquirido este conocimiento de los griegos. Del papel de Roma como difusora da testimonio el vocabulario de germanos y celtas, que en su mayoría tomaron prestada del latín la palabra para referirse a esta actividad. Si nos fijamos en las lenguas germánicas, encontraremos schreiben en alemán; y schrijven, en neerlandés. La excepción es aquí el inglés, que utiliza un término de origen germánico, write, pero que tiene el mismo significado etimológico. Entre las lenguas célticas podemos citar el gaélico irlandés con scríobh.

Covarrubias nos resume en su Tesoro la historia de la escritura y, aun mezclando mito con historia, nos demuestra que era bastante lo que se sabía sobre el tema ya en el siglo XVII:

ESCRIVIR: antiquissima invencion deviô ser la de las letras, y no ay duda sino que nuestro primer padre las enseñaría a sus hijos, sin embargo de que se atribuyan a los de Phenicia, y a otros. Escrivir, es formar las letras en alguna materia, y con diferentes instrumentos. Escrivese en las piedras con el cincel, ô otro estilo de hierro, y en los metales [...] Escriviase en los ladrillos, ô tierra cozida, como se cuenta de las dos colunas que dexaron los hijos de Noe escritas, una de metal, y otra de tierra cozida. Escriviase en las cortezas de los arboles, en las hojas de las palmas, en la tela del arbol dicho Papiro, de donde se comutô al que agora usamos, escribiase en lienço bruñido, en pieles de animales, que llamamos pergaminos, y en otras materias diferentes, que seria impertinencia el detenernos a referirlas.

Efectivamente, todos los materiales que menciona Covarrubias y algunos más se han utilizado para trazar letras sobre ellos. Y la sabiduría del genial lexicógrafo castellano no solo abarca las cosas del pasado. También da muestras de su clarividencia cuando, unas líneas más abajo, nos presenta el programa de lo que será en siglos venideros la enseñanza pública:

El escribir se devia enseñar juntamente con el leer a todos los muchachos, y forçar a los padres a que embiassen a sus hijos al escuela; de los quatro hasta los siete años, aunque despues huviessen de deprender oficios mecanicos, pues en la niñez no son de ningun servicio, antes dan pesadumbre en sus casas, y en las agenas, y en las calles, y en lugares publicos, y se hazen holgaçanes, y toman malos siniestros, para este fin havian de sustentar los maestros del publico, y consignarles tantos barrios, para que no se passasen de un maestro a otro [...] y lo mismo devrian hazer en las aldeas, a donde tienen mas cuydado de criar los puercos que los hijos [...]

Covarrubias ya entendía la importancia de escolarizar a los niños y de extender a todos, sin excepción, el conocimiento de la lectura y la escritura. Si le hubieran hecho caso en su día, hoy el mundo sería otro.

[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, Acerca del verbo 'escribir']

Leo y oigo últimamente con cierta frecuencia textos en los que se confunden los verbos escarbar y excavar. Y aunque los dos se refieren a acciones que guardan una cierta relación, no significan lo mismo.

Escarbar es remover la tierra, pero de manera superficial; y además este verbo contiene la idea de que se trata de un movimiento rápido y repetitivo, como el que hacen los animales con las patas en el suelo. Esto se percibe claramente en el siguiente ejemplo (aunque aquí no haya animales):

Mithradates [...] hizo del Ponto el centro de un auténtico imperio que comprendía las ciudades del Mar Negro, la Cólquida [...] y el reino del Bósforo y Crimea, donde “bastaba con escarbar la tierra para que rindiera semilla al treinta por uno” [Argelaguer Vall del Llierca, acceso: 19-1-2010]

Excavar, en cambio, implica un movimiento que puede ser lento o rápido —esto es indiferente— y cuyo propósito o resultado principal es precisamente el de ahondar hasta abrir un hoyo. En el ejemplo citado a continuación se utiliza correctamente este verbo:

[...] Benedicto XVI ha autorizado excavar y abrir la tumba del apóstol en la basílica de San Pablo Extramuros, cubierta de hormigón desde finales del siglo IV [Abc.es, acceso: 19-1-2010]

Y por hoy ya vale de escarbar en el uso del vocabulario. ¡Hasta pronto!

[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, 'Excavar' y 'escarbar']

Una de las faltas de puntuación más extendidas consiste en separar el sujeto del verbo con una coma. Un ejemplo de esto lo pudo ver toda España en Nochevieja por televisión. Una empresa pagó una millonada por ponerle este subtítulo al reloj de la Puerta del Sol mientras dos pelotitas se zampaban las uvas al son de las campanadas:

Empezar un nuevo año con ilusión, no tiene precio

El sujeto de esa oración es Empezar un nuevo año con ilusión y quien ha plantado ahí la coma ha caído en una vieja trampa.

A muchos nos han enseñado que la coma sirve para representar en la escritura las pausas de la pronunciación. Eso, que era cierto en la Edad Media, hoy ya no lo es tanto. A lo largo de la historia, las lenguas europeas han ido evolucionando desde sistemas de puntuación que reflejaban la oralidad hacia otros más abstractos cuya función consiste ante todo en dar pistas sobre la estructura de las oraciones y del texto.

Entre el siglo XVIII y el XIX, Goethe se peleaba con sus editores porque él puntuaba de oído sus obras de teatro —no precisamente por ignorancia sino para orientar a los actores sobre cómo quería que dijeran el texto—. La pelea venía porque en aquella época el alemán ya había realizado la transición a un sistema de puntuación sintáctico (y la puntuación del alemán es extremada en su sintacticidad).

Pues bien, en nuestro ejemplo ha habido también una lucha entre la intención comunicativa y la corrección ortográfica en la que ya sabemos quién ha salido peor parado. Uno de los lugares donde tiende a intercalarse una pausa en la lengua oral es justamente entre el sujeto y el verbo (sobre todo si aquel es largo) y toda la gracia de ese eslogan se pierde si no se marca bien la pausa, como sabrán quienes lo hayan oído.

Dicho esto, lo único que puedo añadir es que los textos de Goethe hoy los conocemos con las comas que les fueron poniendo sus editores y que si la ilusión no tiene precio; la ortografía, probablemente, tampoco.

[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, No se separa el sujeto del verbo con coma]

Hay tres palabras latinas de uso asentado en el español culto que terminan en -t: déficit, superávit, accésit. En latín eran verbos, pero hoy los utilizamos como sustantivos.

Déficit viene de deficio y significa simplemente ‘falta’. Ese es hoy su sentido, aunque un poco más especializado. Déficit es la diferencia negativa entre los ingresos y los gastos; por ejemplo, el dinero que le falta al Ministro de Economía a final de año. Podemos ver cómo se utiliza en un texto real:

El déficit de EEUU registrará 1,2 billones de dólares en el año 2009, sin contar el gasto adicional en el plan de estímulo económico que impulsa Barack Obama [...] [Jaque al Neoliberalismo, acceso: 7-1-2009]

Superávit es el perfecto del verbo supero y significa etimológicamente ni más ni menos que ‘sobró’. De hecho, nuestro verbo sobrar no es sino la forma castellanizada de superare. El superávit es el dinero que le sobra al mismo Ministro de Economía en año de vacas gordas si se sabe administrar. Veamos un ejemplo un poco más preciso:

La balanza comercial argentina registró en noviembre un superávit de 952 millones de dólares [...] [Economía Avanzad@, acceso: 8-1-2009]

Nuestro accésit viene de una forma de perfecto de accedo. De los tres es el que más se ha especializado semánticamente. Hoy en castellano se refiere específicamente a un premio secundario de concursos literarios o de otro tipo. Quiere decir que la obra casi llegó ahí, al pódium, que le faltó poco para alcanzar el máximo galardón, como en esta oración:

En el concurso, el gijonés Ricardo Candás obtuvo el accésit con su obra ‘El día que desapareció Bernarda’ [avilés:ciudad de mujeres, acceso: 8-1-2009]

Hay que tener cuidado con la pronunciación de esta palabra, que es llana (acsit), no la vayamos a convertir en esdrújula como hacen muchos.

Tradicionalmente se recomendaba no formar el plural de estas palabras porque en latín eran verbos. Finalmente se ha impuesto el criterio de que su plural se debe formar añadiendo una -s, como sustantivos que son hoy día. Estos son los plurales correctos:

Los crecientes déficits comerciales y de cuenta corriente [...] significan que EEUU necesita atraer más de 700 mil millones de dólares este año para impedir que el dólar se debilite [e4blog, acceso: 8-1-2009]

Brown dijo a la prensa que las naciones con los mayores superávits deberían hacer todo lo posible para ayudar [Economía Avanzad@, acceso: 8-1-2009]

Tanto el primer premio como los accésits podrán declararse desiertos [Sociedad del Pie Peludo, acceso: 8-1-2009]

La verdad es que a mí me sigue costando trabajo pronunciar esas terminaciones en -ts, sobre todo si van seguidas de consonante; pero no deja de tener su lógica que se regularice el plural.

Nótese que aunque son palabras latinas se acentúan. Así se debe hacer con las que se han integrado en el léxico castellano.

El verbo andar presenta una irregularidad muy llamativa en su conjugación: en el pretérito perfecto simple se utiliza anduve en lugar de la forma regular andé, por ejemplo:

La mujer pantera (1942), Anduve con un zombi (1943) y El hombre leopardo (1943) sorprenden y destacan entre toda la producción clásica hollywoodiense del género fantástico por su insólita modernidad [Claqueta.es, acceso: 27-12-2008]

Todos nos hemos equivocado alguna vez o, como mínimo, hemos dudado. La irregularidad afecta también a los tiempos que se basan en el pretérito indefinido, como el pretérito imperfecto de subjuntivo: anduviera o anduviese (y no andara, andase).

Lo que ocurrió con este verbo fue que la conjugación regular se vio alterada en castellano antiguo por influencia de pretéritos irregulares de verbos muy frecuentes como haber:

Ove > andove (después hube, anduve)

Esta influencia de unas formas sobre otras es lo que se conoce como analogía.

Se han explicado alguna vez estos fenómenos de cambio analógico como si fueran una especie de regla de tres:

Haber es a hube como tener es a X

Despeje el lector la X.

El queísmo es un fenómeno antinormativo que consiste en eliminar ante la conjunción que una preposición exigida por un verbo (1a), sustantivo (2a) o adjetivo (3a):

(1a) Me acuerdo que hasta a Zidane le pusieron en duda cuando llegó [...] [As, acceso, 17-10-2008] [incorrecto]

(1b) Me acuerdo de que hasta a Zidane le pusieron en duda cuando llegó

(2a) Si la carrera a la Casa Blanca es una competición de fondo, que lo es, no cabe duda que el senador por Illinois, el demócrata Barack Obama, sigue llevando la delantera a su rival, el senador por Arizona, el republicano John McCain [La Vanguardia, acceso: 17-10-2008] [incorrecto]

(2b) Si la carrera a la Casa Blanca es una competición de fondo, que lo es, no cabe duda de que el senador por Illinois, el demócrata Barack Obama, sigue llevando la delantera a su rival, el senador por Arizona, el republicano John McCain

(3a) Estoy seguro que los mismos que lo hicieron el martes, cantarán el himno cuando Francia juegue en la Eurocopa o el Mundial [Público, acceso: 17-10-2008] [incorrecto]

(3b) Estoy seguro de que los mismos que lo hicieron el martes, cantarán el himno cuando Francia juegue en la Eurocopa o el Mundial

Las formas correctas son las de (1b), (2b) y (3b). El que el sustantivo forme parte de una locución, como en el ejemplo (2), no afecta a su régimen.

Normalmente, la preposición suprimida es de, como en los ejemplos anteriores, aunque también pueden ser otras, como en:

(4a) Esta versión fue desmentida por Xulio Calviño, quien insistió que un coche de un año [...] no tiene por qué pasar la ITV [La Voz de Galicia, acceso: 17-10-2008] [incorrecto]

(4b) Esta versión fue desmentida por Xulio Calviño, quien insistió en que un coche de un año no tiene por qué pasar la ITV

La pregunta del millón es, naturalmente, cómo sé yo si tengo que utilizar preposición y cuál. Para esto no hay reglas, puesto que es un problema léxico. Forma parte de la idiosincrasia de ciertas palabras el incluir una determinada preposición en su plan de construcción. El único remedio consiste en consultar el diccionario. El Diccionario panhispánico de dudas nos será de utilidad, por lo menos para los casos más frecuentes. Te recomiendo que lo añadas a los motores del búsqueda del navegador para tenerlo siempre a mano. También el María Moliner contiene información útil sobre régimen.

Como los hablantes se sienten inseguros, unas veces eliminan y otras veces añaden preposiciones incorrectamente. Cuando ocurre esto último, nos encontramos con el fenómeno opuesto, conocido como dequeísmo.