Archivo para la categoría ‘léxico’
Etimología de ‘obús’
2 de Mayo de 2008
Obús es una de las pocas palabras de origen checo que tenemos en nuestra lengua. Nos llega a través del alemán. Y ni siquiera la tomamos directamente de aquí. Antes tiene que pasar al francés y de allí lo hará al castellano. Así pues, se trata de un préstamo de tercera mano, nada menos. Esta es la cadena:
Checo houfnice > al. Haubitze > fr. obus > esp. obús
Houfnice (pronunciado aproximadamente “jóufnitse”) significaba al principio ‘catapulta’. Solo después se empezó a utilizar para hablar de piezas de artillería. Se trata de una metáfora que se basa probablemente en la trayectoria: el obús permite lanzar los proyectiles bombeados (o sea, describiendo una parábola). De esa forma se podía disparar con facilidad por encima de las propias tropas, de forma comparable a como lo haría una catapulta.
Según el diccionario histórico alemán de los hermanos Grimm (Deutsches Wörterbuch), la palabra entra en la lengua alemana en el siglo XV a raíz de las guerras husitas en Bohemia. De ahí pasa a las otras lenguas de Europa.
Palabras inventadas
25 de Abril de 2008
Las palabras nuevas raramente se inventan de la nada. Lo normal es reutilizar material léxico preexistente mediante diferentes procedimientos de formación de palabras o recurriendo a préstamos de otras lenguas.
No obstante, a veces sí que se crean palabras completamente nuevas. Se habla entonces de acuñación ex nihilo (’de la nada’). El único ámbito donde este procedimiento es relativamente frecuente es el de las marcas comerciales, como Kodak o, en España, Alaris (un tren que circula de Valencia a Madrid).
No es fácil aportar ejemplos porque, aparte de que son de por sí escasas, las palabras inventadas plantean un problema metodológico de base: es imposible demostrar que algo no existe. Nunca podemos tener la certeza de que una palabra no se basa en otra. Quizás sí que tiene un antecedente, pero lo desconocemos. Por ejemplo, ¿cómo puedo estar seguro yo de que el inventor de la palabra Alaris no tuviera en la cabeza un acrónimo como A la rica sangría? No puedo.
Etimología de ‘abril’
22 de Abril de 2008
La etimología de abril es dudosa. Su nombre en latín era aprilis. Se ha querido relacionar con el verbo aperire ‘abrir’ a través de una supuesta forma aperilis. La explicación es que en este mes la primavera abre la tierra, las flores, etc. Ovidio se hace eco de tal idea; pero esto, probablemente, no pasa de ser un caso de etimología popular.
También se ha propuesto como origen el griego aphrós ‘espuma’ a través de una forma supuesta aphrilis. El mes de abril estaba dedicado a la diosa Venus, quien, según la leyenda nace de la espuma. Su nombre en griego, Aphrodíte, lleva dentro la palabra espuma, aunque aquí, nuevamente, todo parece indicar que nos movemos en el terreno de la etimología popular.
En este caso, lo único que se sabe con certeza es que no se sabe.
Urbi et orbi
7 de Abril de 2008
Esta expresión latina, como casi todas, tiene bastante mala idea y le gusta ponernos la zancadilla. Mi consejo con los latinajos es evitarlos siempre que se pueda, aunque es cierto que este puede estar justificado, pues bendición urbi et orbi designa de manera clara e inequívoca una institución católica: la bendición que imparte el Papa desde el balcón de la Basílica de San Pedro el domingo de Pascua y el día de Navidad.
He aquí un ejemplo en que se usa correctamente:
Benedicto XVI impartirá hoy a mediodía la bendición Urbi et Orbi, a la Ciudad y al Mundo, después de felicitar la Pascua en gran número de idiomas [Abc (España), 23-3-2008]
Podríamos sustituirla por bendición para la ciudad (de Roma) y para el mundo, pero esto probablemente es menos claro. No está de más, en cualquier caso, explicar en castellano a qué nos referimos, como hace el redactor del ejemplo de arriba, pues no todo el mundo tiene por qué entendernos.
Con lo que hay que tener cuidado es con la terminación de los dos nombres, que es -i, aunque algunos cambian la expresión en urbi et orbe por analogía con el castellano orbe.
También se acepta su uso con el significado figurado de ‘universalmente, por todas partes, por todo el mundo’:
Almodóvar ha triunfado urbi et orbi con su original reelaboración posmoderna de tradiciones culturales tan nuestras como la picaresca, el sainete, el melodrama, el esperpento y la astracanada [Bitácora Almendrón, acceso: 7-4-2008]
Etimología de ‘camaleón’
31 de Marzo de 2008
Camaleón viene del griego khamailéon, que significa ‘león que se arrastra por el suelo’. Al castellano y a las otras lenguas románicas llega por mediación del latín:
Gr. khamailéon > lat. chamaeleon > cast. camaleón
El nombre griego es un compuesto de khamaí ‘por el suelo’ y léon ‘león’.
Se ha explicado como una denominación irónica motivada por su timidez (por ejemplo, Coromines en su Breve diccionario etimológico de la lengua castellana).
Esto es lo que nos cuenta Covarrubias sobre el camaleón en su Tesoro de la lengua castellana o española:
CAMALEON, este animalejo vi en Valencia en el huerto del señor Patriarca Juan de Ribera, de la misma figura que le pintan. Es cosa muy recebida de la su particular naturaleza mantenerse del ayre y mudarse de la color que se le ofrece en su presencia, excepto la roxa y la blanca, que estas no las imita […] Es nombre griego: chamæleon […] Vale tanto como humilis, seu parvulus leo [’león humilde o pequeño’, A. B.] Es el camaleón símbolo del hombre astuto, disimulado y sagaz, que fácilmente se acomoda al gusto y parecer de la persona con quien trata, para engañarla. Significa también el lisonjero y adulador, que si lloráis, llora; y si reís, ríe; y si, a medio día claro, decís vos que es de noche, os dirá que es assí, porque él ve las estrellas. Este tal merecía que se las hicieran ver realmente, con meterle en un poço muy hondo, de donde dizen poderse ver a medio día […]
Pues ya sabéis a qué ateneros con los camaleones (por lo menos, etimológicamente).
Autora de la imagen: Hjvannes, publicada bajo la licencia GNU de documentación libre.
Catalanismos en castellano
28 de Marzo de 2008
El catalán y el castellano son lenguas hermanas: las dos han salido de la misma madre, el latín, y se han criado en la misma casa, la Península Ibérica. Han crecido juntas, y como buenas hermanas que son se han prestado muchas cosas a lo largo de los años. Por eso en castellano encontramos hoy un número nada desdeñable de catalanismos.
Algunos tienen que ver con la gastronomía y se refieren a alimentos o utensilios existentes en los territorios de habla catalana y que Castilla conoció por su mediación, por ejemplo, paella, alioli, dátil, turrón, ensaimada, perol y butifarra.
Otros pertenecen al ámbito amplio de la economía, manufacturas, comercio, trabajo, etc., como peseta, cordel, cantimplora, faena, granel, papel, retal, esquirol, bajel, guante, pólvora, pincel y sastre.
Algunos se refieren a categorizaciones sociales, como orate, charnego y forastero.
También los hay relacionados con la vivienda: barraca, retrete y picaporte.
Entre los términos botánicos podemos citar clavel y trébol.
También son catalanismos capicúa, añoranza, salvaje y muchas otras palabras tan arraigadas hoy en castellano que ni siquiera sospecharíamos que fueron en su día préstamos.
Otra lengua con la que el catalán mantuvo un estrecho e intenso contacto durante siglos es el italiano. Muchos vocablos y conceptos de origen italiano llegan a la Península Ibérica por mediación catalana; y también en el léxico italiano ha dejado su huella el catalán, pero de eso ya tendría que ocuparse un blog de lengua italiana o catalana. Yo, con el castellano, bastante tengo.
Si le interesa el tema, quizás quiera consultar este trabajo de Claudia Sánchez, estudiante de Filología Hispánica en Salamanca, sobre los catalanismos en castellano.
Y si se le ocurre cualquier otra palabra, no deje de contárnoslo con un comentario a esta entrada.
Etimología de ‘braga’
18 de Marzo de 2008
No, no; no es que hoy vaya a publicar una entrada “porno”. La palabra braga(s), que en España designa una prenda interior femenina, es de origen celta y muy decente. A nosotros nos llega por mediación del latín braca.
Esta palabra se refería a una prenda de vestir propia de los galos, que los romanos desconocían y que les llamó poderosamente la atención: los pantalones. Cualquiera que haya leído un cómic de Astérix y Obélix se habrá dado cuenta de que los romanos visten toga, mientras que los galos se cubren las piernas con pantalones.
Por un desplazamiento metonímico, la palabra que se utilizaba para referirse a los pantalones empezó a aplicarse a la prenda que estaba en contacto con ellos por la parte interior y después acabó especializándose para la versión femenina.
Este es el significado que tiene hoy en el español europeo, aunque hay una gran variedad de denominaciones en el mundo de habla hispana.
Grosso modo
11 de Marzo de 2008
Grosso modo es una expresión latina que se utiliza a menudo en castellano. Mi consejo aquí, como siempre, es evitar el latinajo sustituyéndolo por una expresión más llana y más clara. No obstante, si alguien se empeña en usarlo, debería tener en cuenta lo siguiente:
- No debe ir precedido de preposición. Se considera semiculta la forma
a grosso modo. - Grosso se escribe con dos eses, o sea, nada de
(a) groso modo.
Aquí tenemos un ejemplo correcto:
Para entender los posibles impactos de San Glorio sobre la población oriental de osos cantábricos conviene conocer grosso modo la geografía del núcleo oriental y la distribución del oso dentro de ella [Esquí San Glorio, acceso: 11-3-2008]
Hay muchas posibilidades castellanas para sustituir esta locución, dependiendo del contexto en que aparezca: aproximadamente, más o menos, a grandes rasgos, por encima, sin entrar en detalle, etc.
Podría terminar añadiendo que esta ha sido una explicación grosso modo, pero para predicar con el ejemplo diré más bien que eso era, poco más o menos, lo que tenía que contar hoy.
Etimología de ‘marzo’
6 de Marzo de 2008
Marzo viene del latín Martius ‘mes de Marte’, pues este mes estaba consagrado al dios romano de la guerra.
Este nombre está hoy convencionalizado, es decir, ya no remite a ningún dios sino tan solo al mes al que designa.
El muy zorro, la muy zorra
5 de Marzo de 2008
Un indicio de que una palabra o expresión se utiliza de manera sexista es que el femenino tenga una interpretación negativa de la que carece el masculino.
Por ejemplo, si yo le digo a un señor que es un zorro, probablemente se pondrá tan contento porque le estoy pintando como persona astuta, avispada (algo que a casi todos nos gustaría ser). Ni que decir tiene que el resultado en femenino no sería el mismo, pues una de las acepciones de zorra, recogida incluso en el diccionario, es la de ‘prostituta’. De hecho, muchas de estas palabras van a parar al mismo sitio: sirven para atacar a la mujer por el flanco de la moral sexual tradicional. Fíjense si no en cómo cambia la interpretación de este ejemplo al sustituir fulano por fulana:
Yo abrí la puerta y el fulano me entregó un enorme ramo de rosas rojas con un gesto tímido y molesto […] [Charco sin nube, acceso: 28-2-2008]
Por esto mismo, no tiene la misma gravedad decirle a un hombre que es un guarro (a muchos ni siquiera les molestaría) que tachar a una mujer de guarra. Si me refiero a un político como hombre público, no tendrá nada que objetar, mientras que una política no creo que estuviera encantada de oírse llamar mujer pública.
Fuera ya de lo sexual, en muchos casos la forma masculina es claramente más prestigiosa. Es difícil utilizar la palabra poetisa sin evocar la idea de una chica un poco cursi que escribe versitos en sus ratos libres. Este es el papel en que se encasillaba a la mujer que se dedicaba a la lírica. No es que faltaran mujeres que crearan una poesía de calidad; es que sus méritos se silenciaban, se borraban sistemáticamente en este terreno y en todos los que no fueran los propios de su sexo. Los focos del reconocimiento caían sobre el hombre, el poeta, que —ese sí— hacía una literatura sublime, digna de admiración. Un caso análogo era el de filósofo frente a filósofa o incluso ingeniero frente a ingeniera. La mujer que no se conformaba con el papel limitado y subordinado que se le asignaba en la sociedad tradicional era denigrada y ridiculizada.
Hoy la misoginia y la discriminación se van superando, aunque sea lentamente, pero su memoria se ha hecho fuerte en los elementos más irracionales del lenguaje, en aquellos que más difícilmente son sometidos a una crítica consciente. El despojar a palabras como estas de su carga negativa sería una aportación a una verdadera igualdad entre los sexos.