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Soluciones: dequeísmo

Aquí tienes las soluciones al ejercicio sobre el dequeísmo. Cada oración vale un punto.

a) Correcta.

b) Es una pena que…

c) Correcta.

d) Me fastidia que…

e) Correcta.

f) Él me aseguró que…

g) Y yo opino que…

h) Correcta.

i) Correcta.

j) Se le metió en la cabeza que…

Posiblemente te interese consultar los artículos sobre dequeísmo y queísmo.

Ejercicios: dequeísmo

Vamos a ver qué tal andamos en cuestión de dequeísmo. Tienes que decidir si la preposición de está utilizada correctamente en las siguientes oraciones o si hay que quitarla.

a) Me alegro de que me haga esa pregunta.

b) Es una pena de que ande así (con lo joven que es).

c) Ella misma se convenció de que por ese camino no iba a ninguna parte.

d) Me fastidia de que seas tan egoísta.

e) No estoy seguro de que esta sea la solución.

f) Él me aseguró de que esa era la solución.

g) Y yo opino de que sería mejor no opinar nada.

h) La noción de que la gramática no es importante es nefasta.

i) No cabe duda de que estamos haciendo progresos.

j) Se le metió en la cabeza de que teníamos que emigrar a Pernambuco.

Consulta ahora las soluciones.

¿’Ha’ o ‘a’?

Hay un truco muy fácil para no confundir nunca más haa. Si se puede sustituir por habrá, se escribe con hache:

(1) Esta regla me ha solucionado el problema.

(2) Esta regla me habrá solucionado el problema.

Como puedes ver, se produce un pequeño cambio de significado porque pasamos al futuro lo que estaba en presente, pero la idea sigue siendo la misma y percibimos claramente que la nueva pieza encaja en el hueco de la vieja. Haz la prueba con otras oraciones y comprobarás que funciona.

Esa sustitución nos está demostrando que lo que tenemos entre manos es una forma del verbo haber y entonces, forzosamente, habrá que escribirla con hache porque ese verbo la necesita siempre:

haber – habrá – ha

En todos los demás casos, lo que tenemos es la preposición a, que se escribe sin hache:

(3) Voy a contárselo a mis amigos.

(4) Voy habrá contárselo a mis amigos.

Así que ya sabes: no hay necesidad de confundir haa.

Te recomiendo que hagas un ejercicio para practicar.

Por cierto, tampoco hay por qué sufrir para diferenciar habera ver.

Insistir

Insistir es un verbo con el que debemos tener cuidado por dos motivos. El primero es de tipo semántico. Insistir lleva dentro una idea de reiteración, de volver a hacer o decir algo. Son, por tanto, redundantes (y debemos evitarlas) expresiones en las que se le añade volver como refuerzo:

(1) Me volvió a insistir en lo de tu madre.

(2) Vuelvo a insistir: aquí todo el mundo tiene que poner de su parte.

Ejemplos como los anteriores deben quedar simplemente así:

(3) Me insistió en lo de tu madre.

(4) Insisto: aquí todo el mundo tiene que poner de su parte.

Las oraciones (3) y (4) no solo son preferibles por consideraciones de corrección lingüística y de adecuación estilística. Representan además una expresión más económica que contribuye a una comunicación más efectiva.

Naturalmente, podemos pensar en situaciones en las que insistimos en algo y a continuación volvemos a insistir. En teoría no habría nada que objetar aquí, pero en la práctica no suele ser este el origen de los volver a insistir que tan a menudo encontramos por ahí.

El segundo escollo con el que podemos tropezar es de tipo sintáctico. El verbo insistir rige la preposición en, como podemos comprobar en el ejemplo (3), que repetimos aquí: Me insistió en lo de tu madre. Pues bien, esa preposición se ha de mantener cuando a continuación viene una oración completa introducida por la conjunción que:

(5) Me insistió en que tu madre tenía que venir.

Al suprimir esa preposición incurrimos en el denominado queísmo. Para que nos entendamos, la secuencia Me insistió que… es incorrecta y debemos sustituirla por Me insistió en que…

Y por si no ha quedado claro, insisto: cuidado con el verbo insistir.

Entre… y…, entre… a…

La secuencia entre… y… permite expresar un intervalo, tal como se hace, de manera impecable, en el siguiente ejemplo:

(1) Los termómetros suben hoy entre ocho y diez grados [El Diario Montañés (España), acceso: 9-2-2012]

La secuencia en cuestión está formada por una preposición y una conjunción, y define un intervalo abstracto, un rango delimitado por dos valores extremos. Se trata de un uso figurado a partir del uso espacial, literal, que tenemos ejemplificado en (2):

(2) [...] intentaron evitar la confiscación poniéndose entre el vehículo y los soldados [La Vanguardia (España), acceso: 9-2-2012]

En el uso espacial, simplemente se expresa que algo queda situado dentro un intervalo físico definido por dos referencias extremas.

El uso abstracto de entre… y… es, simplemente, una más de las numerosas metáforas que se hallan presentes en la gramática.

Hasta aquí, todo bien; sin embargo, frecuentemente se oye y se lee entre… a…, expresión que debemos evitar por los motivos que a continuación se expondrán. Pero observemos primero un caso concreto de este uso incorrecto:

(3) La Fiscalía [...] ha mantenido hoy las penas de entre ocho a diez años de prisión para nueve presuntos miembros de la organización juvenil ilegalizada Segi

El ejemplo (3) está tomado de una nota de agencia que se publicó en diversos diarios españoles. Como es natural, lo que se debería haber escrito aquí es, más bien:

(4) La Fiscalía ha mantenido hoy las penas de entre ocho y diez años de prisión

La secuencia entre… a… constituye un anacoluto porque mezcla dos construcciones diferentes, por más que tengan significados cercanos. Viene a ser como si empezáramos a formar nuestra oración con entre… y…, pero a mitad de camino cambiáramos de planes y nos pasáramos a la expresión de… a… El resultado es que se quiebra la correlación, se desvanece la metáfora y ni siquiera la gramática sale demasiado bien parada.

Por eso, ¿tan complicado es quedarnos con entre… y…?

Desde… hasta…

Hay un error de estilo muy frecuente que consiste en eliminar el segundo término de la correlación desde… hasta… Eso fue lo que le ocurrió al redactor de esta noticia, probablemente debido a la premura que imponía el tener que informar de los acontecimientos a medida que se producían:

El que será [...] el sexto presidente del Gobierno de la democracia desgranó sus propuestas, que van desde la modificación del sistema de pensiones, una nueva reforma laboral, la implantación de un curso más de bachiller, la reducción de los puentes y la acumulación de festivos, la posibilidad de privatizar las televisiones autonómicas y la reestructuración del sistema financiero, entre otras [El País (España), acceso: 19-12-2011]

El desde con el que se empieza a dar cuenta de las medidas propuestas por el candidato a presidente pide a continuación un hasta que se ha quedado en el tintero. O sea, que se debería haber escrito lo siguiente:

Desgranó sus propuestas, que van desde la modificación del sistema de pensiones hasta una nueva reforma laboral

Se me puede objetar que no se trata aquí de una simple expresión bimembre, sino que hay otras medidas que se enumeran y que es necesario abrazar de alguna forma en la expresión, por lo que no nos basta con las preposiciones desde y hasta. No hay problema. Para eso se inventó el pasando por, que nos permite ampliar la expresión hasta donde haga falta:

Desgranó sus propuestas, que van desde la modificación del sistema de pensiones hasta una nueva reforma laboral, pasando por la implantación de un curso más de bachiller, la reducción de los puentes y la acumulación de festivos, la posibilidad de privatizar las televisiones autonómicas y la reestructuración del sistema financiero

Descendiendo al terreno técnico, diremos que la omisión anterior constituye un anacoluto, es decir, una incoherencia, un fallo que se desliza al desplegar el plan sintáctico sobre el que se construye una oración. Más concretamente, representa una muestra de lo que la retórica clásica denominaba con un helenismo anantapódoton (que consiste precisamente en eso, en eliminar uno de los términos de una correlación, dejando la frase coja).

Así que ya sabes: no te quedes a medias. Una vez que estás en el desde, ya tienes que llegar al hasta.

‘Dé’ con tilde y ‘de’ sin tilde

Hay un  que se escribe con tilde y puede corresponder a varias formas del verbo dar. En el ejemplo (1) encontramos yo dé o, para decirlo con terminología gramatical, la primera persona singular del presente de subjuntivo. En (2) tenemos él dé, o sea, la tercera persona singular del presente de subjuntivo; en (3), usted dé, que es la segunda persona singular de ese mismo tiempo y modo (nótese que se trata de la forma de respeto); y en (4), dé usted, que es nuevamente la forma de respeto, pero, esta vez, del imperativo.

(1) Aunque será severa la lección que yo dé, no pasará a ser tragedia [Juan Valera: Juanita la larga]

(2) No llamen a la policía hasta que él señales de vida [José Luis Martín Vigil: En defensa propia]

(3) Yo he dado mil pesetas para esa suscripción, y quiero que usted  otras mil [Carlos Arniches: La heroica villa]

(4) [...]  usted a un lado esas manías y ¡arriba, arriba! [Juan Antonio de Zunzunegui: La úlcera]

Frente al anterior, tenemos un de sin tilde que es una preposición:

(5) [...] yo ya estoy harta de decirlo [Camilo José Cela: La colmena]

Como es de esperar, el que lleva la tilde diacrítica se pronuncia tónico en la oración, mientras que el otro es una palabra átona.

Por último, hay que mencionar que existe un de sin tilde que es el nombre de una letra del alfabeto, pero que raramente se escribe.

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‘Mí’ con tilde y ‘mi’ sin tilde

Uno de los casos de tilde diacrítica contenidos en las reglas de acentuación del español es el del par mí y mi. Para para distinguir una y otra forma podemos guiarnos por la gramática o por el oído.

Probemos primero con la gramática. El  con tilde es un pronombre personal que siempre lleva delante una preposición, mientras que su contrapartida sin acento ortográfico es un posesivo que, obligatoriamente, va seguido por un sustantivo:

(1) Pues a mí poca gracia me hace que me maldiga un espantajo así [Emilia Pardo Bazán: La madre naturaleza].

(2) ¡Déjenme ver, es mi esposa! [Juan Goytisolo: Paisajes después de la batalla].

Como podemos ver, el con tilde de (1) va introducido por la preposición a. También podría ser para mí, contra mí, sin mí, de mí, etc. El de (2), por su parte, lleva detrás el sustantivo esposa. Cuidado: este también puede ir introducido por una preposición, pero seguiremos reconociéndolo porque, a diferencia del primero, seguirá emparejado con un sustantivo: de mi esposa, con mi esposa, ante mi esposa, etc.

Si la diferencia entre la categoría de pronombre personal y la de posesivo no nos saca de dudas, tendremos que fiarnos de nuestro oído. Cuando pronunciamos estos monosílabos dentro de una oración, el que lleva la tilde diacrítica es tónico, mientras que el que no la lleva es átono. Si pruebas a leer en voz alta los dos ejemplos de arriba, oirás lo siguiente:

(3) puesamí póca grácia meáce

(4) és miespósa

En (3), las palabras átonas pues y a se apoyan en el acento del  pronombre para pronunciarse, mientras que en (4) es el mi posesivo el que necesita el acento del sustantivo esposa. Para percibir la diferencia es importante que pronunciemos el mi/mí en cuestión dentro de una cadena de palabras. Si los pronunciamos aislados, nos quedaremos en las mismas porque todas las palabras, cuando se pronuncian aisladas, son tónicas.

Existe, además, un sustantivo mi que es el nombre de una nota musical y que se escribe también sin acento, pero la verdadera oposición es entre los dos que hemos comparado arriba. Este otro se escribe con relativa poca frecuencia y no parece que dé lugar a confusión, por lo que no merece la pena entrar en mayor detalle.

No está de más advertir antes de terminar que la analogía nos puede jugar una mala pasada con la acentuación de la serie de pronombres mí – ti – sí. Se tildan el de primera persona y el de tercera, lo que lleva a mucha gente a pensar que también hay que hacerlo con el de segunda, que va en medio de la serie, como en un bocadillo; pero, como sabemos, ti no lleva tilde, aunque yo creo que esto queda más claro si escribimos la serie con alguna preposición, que es lo que nos encontraremos en la práctica:

De mí – de ti – de sí

En definitiva, para utilizar correctamente la tilde diacrítica necesitas, en primer lugar, conocer los pares de palabras afectados y, a continuación, ser capaz de realizar algunas operaciones gramaticales básicas o, si no, por lo menos, de aguzar el oído. Tú sabrás lo que se te da mejor.

Lo mejor ahora es que hagas un ejercicio para practicar. Y para que te sirva de recordatorio, te he preparado un resumen de las reglas de uso del acento. Cuando lo hayas leído, estarás en condiciones de hincarle el diente al supermegamanual de acentuación.

Por qué, porque, el porqué, por que

Dentro del ránking de las dudas y vacilaciones ortográficas hay una que se sitúa muy arriba: la diferencia entre por qué, porque, el porqué y por que en todas sus variantes, es decir, junto o separado, con tilde o sin ella.

Vamos a empezar con la variante en dos palabras y con tilde: por qué. Esta es una combinación de una preposición (por) y un interrogativo o, a veces, exclamativo (qué). Sirve para preguntar por la causa de algo. Su uso más frecuente y más claro lo encontramos en las oraciones interrogativas directas:

(1) ¿Por qué no te casas?

Si leemos en voz alta la oración anterior, nos daremos cuenta de que el qué es tónico. Eso explica que lleve una tilde diacrítica que lo distingue de otros ques que en la oración carecen de acento prosódico.

Por qué también se utiliza en las oraciones interrogativas indirectas, como, por ejemplo:

(2) No sé por qué no te casas

Como vemos, también aquí el interrogativo qué es tónico, lo que justifica su tilde diacrítica. En la oración anterior, podemos reconocer que nos hallamos ante una interrogativa indirecta porque tenemos la posibilidad de construir la correspondiente interrogativa directa:

(3) Hay una cosa que no sé: ¿por qué no te casas?

Si tenemos claro este primer uso, también está a nuestro alcance el segundo, es decir, junto y sin tilde: porque. En el ochenta por ciento de los casos, este no es sino la contestación a un ¿por qué?:

(4) ¿Por qué no me caso? Porque no me da la gana

En el ejemplo anterior tenemos la secuencia completa de pregunta y respuesta: ¿Por qué…? Porque… Ni que decir tiene que la pregunta puede quedar sobreentendida y que nos podemos encontrar el dichoso porque sin pregunta previa, como aquí:

(5) No se casó porque no le dio la gana

Pero entonces podremos formular la pregunta correspondiente, como es fácil comprobar. Siempre que le podamos buscar un ¿por qué? a nuestro porque, querrá decir que se escribe junto y sin acento. En este uso, porque es una conjunción causal, es decir, tiene la función de introducir una oración que explica el motivo de algo.

En tercer lugar tenemos el porqué, en una palabra, con tilde y con el artículo delante. Se trata aquí de un sustantivo que procede de la lexicalización de la secuencia interrogativa que veíamos en primer lugar. Podemos parafrasearlo como el motivo. Se escribe siempre junto y acentuado y es el más fácil de reconocer gracias al artículo, que obligatoriamente lleva delante. Veamos un ejemplo:

(6) Cuando analizo el porqué de aquella ilusión óptica, hallo pronto su causa (José Ortega y Gasset: Ideas y creencias)

Como es un sustantivo a todos los efectos, podemos incluso pluralizarlo:

(7) Cuando analizo los porqués de aquella ilusión óptica, hallo pronto su causa

Es fácil cerciorarse de que, como decíamos, se puede sustituir por el sustantivo motivo:

(8) Cuando analizo el motivo de aquella ilusión óptica, hallo pronto su causa

(9) Cuando analizo los motivos de aquella ilusión óptica, hallo pronto su causa

La secuencia menos frecuente es la que se escribe en dos palabras y sin tilde: por que. La dejo para el final porque, a efectos prácticos, es la que menos dificultades nos va a plantear, ya que se presenta en pocas ocasiones. Aquí podemos tener bajo una misma forma dos estructuras sintácticas muy diferentes. En el primer caso, se trata de una preposición regida por un verbo a la que le sigue una conjunción. No se puede fundir en una palabra precisamente porque la preposición depende del verbo:

(10) El gobernador se preocupó por que el proceso electoral se desarrollara limpiamente

El verbo preocuparse rige la preposición por; preocuparse es preocuparse por algo. No es ya que el fundir la preposición con la conjunción que venga a ser como despojar al verbo de algo que le pertenece, es que si hacemos esto el significado puede modificarse radicalmente. Compara la oración (10) con esta otra:

(11) El gobernador se preocupó porque el proceso electoral se desarrollara limpiamente

Si el ejemplo (10) significaba que el gobernador puso todo su empeño en garantizar la limpieza del proceso, en (11) lo que tenemos es una conjunción causal y lo que indica es que la limpieza del proceso es causa de preocupación para el gobernador; vamos, que no tiene mucho interés en que las elecciones sean limpias. Mientras que el verbo de (10) tiene el significado de ‘ocuparse’, el de (11), en cambio, tiene el de ‘inquietarse’. Con una simple falta de ortografía le estamos dando la vuelta al significado y podemos estar calumniando a un íntegro servidor del estado (imagínate la que podemos organizar).

La preposición también puede depender de un sustantivo (12) o incluso de un adjetivo. En estos casos se mantiene la escritura en dos palabras y sin acento:

(12) Los anuncios de las compañías muestran su interés por que los colores corporativos tengan un significado simbólico (Elena Añaños y otros: Psicología y comunicación publicitaria)

La otra estructura sintáctica que se puede esconder detrás de esta grafía es la formada por la coaparición de una preposición y un pronombre relativo (13). Se trata de una forma culta y, precisamente por eso, poco frecuente. No es demasiado difícil de reconocer porque admite la inserción de un artículo, como vemos en (14):

(13) La razón por que manda el príncipe debe ser únicamente que así se lo manda Dios (Benito Jerónimo Feijoo: La política más fina)

(14) La razón por la que manda el príncipe debe ser únicamente que así se lo manda Dios

Y, por último, para terminar de volvernos locos, hay un caso que admite la grafía en dos palabras o en una, pero siempre sin acento: cuando la secuencia de marras tiene valor final, es decir, cuando indica un para qué, como en (15) y (16):

(15) Lucharé por que se sepa la verdad (= para que se sepa)

(16) Lucharé porque se sepa la verdad (= para que se sepa)

Tanto la grafía de (15) como la de (16) son correctas.

Y eso es todo. Si has llegado hasta aquí, te felicito porque has sido constante… o, espera, ¿cómo había que escribirlo?

De todas formas, lo mejor para que te aclares es que hagas un ejercicio.

El queísmo

El queísmo es un fenómeno antinormativo que consiste en eliminar ante la conjunción que una preposición exigida por un verbo (1a), sustantivo (2a) o adjetivo (3a):

(1a) Me acuerdo que hasta a Zidane le pusieron en duda cuando llegó [...] [As, acceso, 17-10-2008] [incorrecto].

(1b) Me acuerdo de que hasta a Zidane le pusieron en duda cuando llegó.

(2a) Si la carrera a la Casa Blanca es una competición de fondo, que lo es, no cabe duda que el senador por Illinois, el demócrata Barack Obama, sigue llevando la delantera a su rival, el senador por Arizona, el republicano John McCain [La Vanguardia, acceso: 17-10-2008; el documento ha dejado de estar en línea: 28-10-2013] [incorrecto].

(2b) Si la carrera a la Casa Blanca es una competición de fondo, que lo es, no cabe duda de que el senador por Illinois, el demócrata Barack Obama, sigue llevando la delantera a su rival, el senador por Arizona, el republicano John McCain.

(3a) Estoy seguro que los mismos que lo hicieron el martes, cantarán el himno cuando Francia juegue en la Eurocopa o el Mundial [Público, acceso: 17-10-2008] [incorrecto].

(3b) Estoy seguro de que los mismos que lo hicieron el martes, cantarán el himno cuando Francia juegue en la Eurocopa o el Mundial.

Las formas correctas son las de (1b), (2b) y (3b). El que el sustantivo forme parte de una locución, como en el ejemplo (2), no afecta a su régimen.

Normalmente, la preposición suprimida es de, como en los ejemplos anteriores, aunque también pueden ser otras, como en:

(4a) Esta versión fue desmentida por Xulio Calviño, quien insistió que un coche de un año [...] no tiene por qué pasar la ITV [La Voz de Galicia, acceso: 17-10-2008] [incorrecto].

(4b) Esta versión fue desmentida por Xulio Calviño, quien insistió en que un coche de un año no tiene por qué pasar la ITV.

La pregunta del millón es, naturalmente, cómo sé yo si tengo que utilizar preposición y cuál. Para esto no hay reglas, puesto que es un problema léxico. Forma parte de la idiosincrasia de ciertas palabras el incluir una determinada preposición en su plan de construcción. El único remedio consiste en consultar el diccionario. El Diccionario panhispánico de dudas nos será de utilidad, por lo menos para los casos más frecuentes. Te recomiendo que lo añadas a los motores del búsqueda del navegador para tenerlo siempre a mano. También el María Moliner contiene información útil sobre régimen.

Como los hablantes se sienten inseguros, unas veces eliminan y otras veces añaden preposiciones incorrectamente. Cuando ocurre esto último, nos encontramos con el fenómeno opuesto, conocido como dequeísmo.

Ahora te invito a que hagas un ejercicio para ver si has entendido todo esto.