¿De dónde viene la palabra ‘bárbaro’?
28 de Febrero de 2010
La palabra bárbaro viene del griego bárbaros, aunque a nosotros nos llega por intermediación del latín. Originariamente servía para referirse a los extranjeros y después, por extensión, a quienes son rudos e incultos.
Su origen está en una onomatopeya, bar-bar, y dice mucho sobre la incomprensión entre los pueblos. Bar-bar es el equivalente de nuestro bla, bla, o sea, de un parloteo que resulta ininteligible. El extranjero es el que no sabe hablar como Dios manda, el que solo es capaz de decir bla, bla, bla, bla, bla.
El hablante ingenuo es chovinista por naturaleza. Para él las lenguas del mundo se dividen en dos: la suya, que es la buena, y otra —el extranjero— que es la mala (y prueba de ello es que no se entiende). Con mi abuela solía mantener diálogos de este tipo:
—Hijo, ¿y cómo se dice pan en extranjero?
—Pues depende, abuela, es que el extranjero es muy grande.
—Yo qué sé, en extranjero, en lo que hablen por ahí.
—Bread, abuela, se dice bread —le contestaba yo por decir algo.
—Pues qué tontos, ¡con lo fácil que es decir pan!
Mi abuela no lo sabía, pero ella participaba de la misma idea que tenían los griegos de todos los demás.
Aunque si le hubieran preguntado al bárbaro, seguramente hubiera dicho que él pensaba lo mismo de los griegos.
[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, ¿De dónde viene la palabra 'bárbaro'?]
‘Excavar’ y ‘escarbar’
19 de Enero de 2010
Leo y oigo últimamente con cierta frecuencia textos en los que se confunden los verbos escarbar y excavar. Y aunque los dos se refieren a acciones que guardan una cierta relación, no significan lo mismo.
Escarbar es remover la tierra, pero de manera superficial; y además este verbo contiene la idea de que se trata de un movimiento rápido y repetitivo, como el que hacen los animales con las patas en el suelo. Esto se percibe claramente en el siguiente ejemplo (aunque aquí no haya animales):
Mithradates [...] hizo del Ponto el centro de un auténtico imperio que comprendía las ciudades del Mar Negro, la Cólquida [...] y el reino del Bósforo y Crimea, donde “bastaba con escarbar la tierra para que rindiera semilla al treinta por uno” [Argelaguer Vall del Llierca, acceso: 19-1-2010]
Excavar, en cambio, implica un movimiento que puede ser lento o rápido —esto es indiferente— y cuyo propósito o resultado principal es precisamente el de ahondar hasta abrir un hoyo. En el ejemplo citado a continuación se utiliza correctamente este verbo:
[...] Benedicto XVI ha autorizado excavar y abrir la tumba del apóstol en la basílica de San Pablo Extramuros, cubierta de hormigón desde finales del siglo IV [Abc.es, acceso: 19-1-2010]
Y por hoy ya vale de escarbar en el uso del vocabulario. ¡Hasta pronto!
[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, 'Excavar' y 'escarbar']
¿De dónde viene ‘ojalá’?
8 de Diciembre de 2009
Ojalá es uno de los muchos arabismos que tenemos en castellano. Viene de la expresión wa shā’ llah ‘quiera Dios’.
La memoria de este significado se ha perdido y únicamente lo podemos reconstruir mediante la etimología. Quien dice hoy ojalá no piensa en Dios ni deja de pensar, tan solo le da a la oración un matiz optativo (ojo, entiéndase esta palabra como término lingüístico con el significado de ‘deseo de que se realice algo’). Pero curiosamente el significado etimológico sigue encajando a la perfección en los contextos en que aparece esta interjección. Si no me crees (que no tienes por qué creerme), prueba a sustituir ojalá por quiera Dios (que) en unas cuantas oraciones. ¡Ojalá funcione!
Galleguismos
15 de Octubre de 2009
En castellano tenemos un puñado de palabras tomadas del gallego. Algunas tienen que ver con la gastronomía, como albariño, ribeiro, queimada, grelo o vieira. Otras, con rasgos que se consideran típicos del carácter gallego, como morriña (aunque para compensar tenemos nada menos que sarao, ¡quién lo diría!). También hemos tomado alguna que otra de la cultura popular, como meiga, o de la cultura material, como botafumeiro o pazo. Encontramos incluso una afección de la piel: el sarpullido.
No son muchos los galleguismos, y, además, algunos se mueven en un terreno dudoso porque no siempre es fácil discernir si un préstamo determinado procede de la lengua gallega o de su hermana, la portuguesa. Es lo que ocurre, por ejemplo, con achantarse y chamizo.
Podemos decir que ha sido mucho más intenso el influjo del castellano sobre el gallego que al revés, lo que no es de extrañar si tenemos en cuenta cuáles han sido las relaciones de poder en la Península Ibérica durante siglos.
Si quieres ayudar a completar esta breve lista, serás bienvenido.
[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, Galleguismos]
Internacionalismos
23 de Julio de 2009
Los internacionalismos son palabras que están presentes en un gran número de lenguas con una forma muy similar. Lógicamente, también tienen que compartir un significado.
Las palabras internacionales nos facilitan la vida cuando estamos en el extranjero. Por ejemplo, si queremos ir a un museo, lo tendremos muy fácil en Londres, Berlín, Ámsterdam, Copenhague, Estocolmo y hasta en Yakarta, pues en inglés, alemán, neerlandés, danés, sueco e indonesio, esta palabra se escribe museum y tiene también pronunciaciones similares. Tampoco nos debería ofrecer grandes dificultades en francés (musée), portugués (museu), checo o polaco (muzeum) y estonio (muuseum). Y debería ser pan comido en italiano o —lo que son las cosas— finés, ya que en estas dos lenguas es simplemente museo.
Los internacionalismos son el resultado de múltiples préstamos a partir de una fuente común en última instancia. El español, sin ir más lejos, ha exportado así una parte de su vocabulario, por ejemplo, guerrilla, siesta o sangría. También sirvió de intermediario para internacionalizar palabras de las lenguas nativas de América, como chocolate (náhuatl), patata (caribe), alpaca (aimara), maíz (taíno), etc. Esto se explica porque las palabras suelen seguir a las realidades a las que nombran.
Los internacionalismos son cada vez más frecuentes y constituyen una muestra de la tendencia a la convergencia de las lenguas en el marco de la globalización. No hay más que pensar en el vocabulario de las famosas TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), con palabras que están hoy presentes a escala mundial, como Internet, DVD, router, escáner, email, spam, etc. Como el sagaz lector habrá advertido a estas alturas, el inglés no tiene hoy competidor en este terreno.
Los internacionalismos, por un lado, favorecen la comunicación y, por otro, la homogeneización; pero me gustaría saber qué opinión te merece a ti todo esto y también si nos puedes proporcionar más ejemplos. Nos vemos en los comentarios.
Etimología de ‘pincel’
3 de Julio de 2009
Pincel viene del catalán pinzell, procedente, a su vez, del latín penicillus, diminutivo de penis ‘cola’, pero no por lo que piensas, ¡malpensado! Lee con atención lo que escribió Covarrubias allá por el siglo XVII y lo entenderás todo:
PINCEL, la plumilla con que el pintor assienta las colores, del nombre Latino pennicilus, diminutivo de pennis.is. la cola del animal de do tomó el nombre: porque los pinceles se hazen de los pelos estremos de las colillas de las hardas, fuinas, y martas, y de otros animales. Los pinceles gruessos que llaman brochones por ser grosseros, y redondos se hazen de cerdas de javali [Covarrubias: pincel, acceso: 2-7-2009]
Harda es un nombre antiguo para ardilla (nótese el diminutivo) y fuina es garduña. Según Covarrubias, por tanto, el origen está en una metonimia: el pincel se hace de la cola de algunos animales y de ahí toma el nombre.
Calcos
26 de Enero de 2009
Un calco es una palabra que se toma prestada de otra lengua, pero traduciéndola. El ejemplo clásico es rascacielos, que es castellano por fuera y americano por dentro. Formalmente es la traducción literal del inglés skyscraper. Conceptualmente, lo que tenemos es una metáfora que se trasplanta del ámbito lingüístico y cultural angloamericano al hispánico.
Este es un procedimiento muy frecuente para llenar lagunas léxicas con términos importados. Tiene además la virtud de la discreción: pasa desapercibido. ¿Qué haríamos nosotros hoy sin nuestro jardín de infancia, nuestra ciencia ficción, nuestro disco duro o nuestro ratón? Podríamos tomarlos fácilmente por naturales de la meseta castellana y, sin embargo, vienen del alemán Kindergarten y del inglés science fiction, hard disk y mouse, respectivamente.
Un caso interesante es el de empoderar (< empower, inglés). Nosotros hemos tomado la palabra como traducción literal de un término utilizado en los movimientos por los derechos civiles estadounidenses; pero da la casualidad de que ya existía en castellano clásico. Se ha revitalizado así un vocablo que prácticamente habíamos olvidado.
Este no es ningún invento moderno. Ya el latín in-dividuum era un calco del griego á-tomon. Los dos quieren decir originariamente ni más ni menos que ‘no dividido’.
El calco permite importar léxico de otras lenguas sin despertar las suspicacias de los temidos puristas, que suelen cebarse, más bien, en su primo hermano: el extranjerismo.
El caballo, la caballa y la yegua: heteronimia y género gramatical
11 de Octubre de 2008
Una de las mayores sorpresas lingüísticas de mi niñez fue descubrir que la mujer del caballo no era la caballa sino la yegua.
En castellano, el procedimiento normal para expresar la oposición de género gramatical consiste en variar la terminación manteniendo la base:
Niño, niña
Sin embargo, un puñado de nombres tienen formas completamente diferentes para masculino y femenino, como caballo, yegua; es decir, expresan la oposición de género por heteronimia.
Heteronimia es un término formado sobre raíces griegas: héteros ‘diferente’ y ónoma ‘nombre’. Es un fenómeno que se produce cuando confluyen nombres de etimología diversa para expresar significados diferentes pero íntimamente relacionados, en este caso, la oposición de género.
Caballo viene del latín caballus ‘caballo malo’, mientras que yegua procede de equa ‘yegua’. La oposición del latín clásico entre equus y equa fue sustituida por el par caballus/ equa.
En castellano tenemos algunos casos más de heteronimia, por ejemplo:
Hombre, mujer
Padre, madre
Yerno, nuera
Toro, vaca
Como se puede ver, suele afectar a nombres que tienen una gran relevancia cultural (o que la tuvieron históricamente). Lo contrario sería antieconómico. Imagínate cómo sería una lengua en la que masculino y femenino no tuvieran nada que ver.
Este fenómeno también se observa en otras lenguas en las que existe el género como categoría gramatical. Una diferencia relevante en todas las culturas del mundo es la diferencia de sexo, sobre todo, la del hombre frente a la mujer. Pues bien, aquí encontramos heteronimia en muchas de las lenguas de Europa. Estos son solo unos pocos ejemplos:
Castellano: hombre, mujer
Catalán: home, dona
Euskera: gizon, emakume
Francés: homme, femme
Alemán: Mann, Frau
Checo: muž, žena
Griego: ándras, gynaíka
Poco a poco fui superando el choque de mi primer encuentro, a tan corta edad, con la heteronimia. Incluso conseguí hacerme a la idea de que la caballa era un animal que venía en lata y se comía en bocadillo. Pero quién sabe si por eso me dio después por estudiar estas cosas…
Palabras de origen árabe
20 de Septiembre de 2008
El árabe es, después del latín, la lengua que más léxico ha aportado al castellano. Este vocabulario entra en castellano y en las otras lenguas romances de la Península Ibérica como resultado de la situación de contacto que se produce desde el año 711, con la conquista árabe, hasta principios del siglo XVII, con la expulsión de los últimos moriscos que mantenían viva su lengua.
El vocabulario de origen árabe es especialmente significativo en campos en los que esta cultura realizó una aportación destacada a los pueblos peninsulares, como, por ejemplo:
a) La agricultura: acequia, alcachofa, algodón, azúcar, noria, albaricoque, aceite, albahaca
b) La guerra: alférez, tambor, alfanje, adalid, almirante, arsenal
c) Comercio y manufacturas: aduana, tarifa, arancel, arroba, tarea, alfarero, abalorio, alhaja, alicates
d) La cocina: alfajor, albóndiga, almíbar, almirez, arrope, taza
e) La construcción: adoquín, alcázar, alcoba, alféizar, aljibe, adobe, alcantarilla, azotea, azulejo
f) Topónimos: Alcalá, Albacete, Guadalquivir, Algeciras, Gibraltar, Murcia, Guadalajara, Guadiana
Una mención aparte merece el vocabulario científico. A esta lengua le debemos léxico en los siguientes campos:
g) Matemáticas: cifra, álgebra, algoritmo, guarismo
h) Astronomía: cenit, nadir, Aldebarán, Rigel, almanaque, azimut
i) Alquimia: azufre, alambique, redoma, elixir, álcali, azogue
j) Medicina: nuca, jaqueca, jarabe
El castellano normalmente incorpora al nombre el artículo árabe con la forma al- (como en alcachofa) o a- (como en azúcar). En esto coincide con el gallego y el portugués. El catalán, en cambio, se alinea aquí con las otras lenguas de Europa, que tienden a retener sólo el nombre desechando el artículo. Compárese:
Cast. azúcar, gall. azucre, port. açúcar
frente a
Cat. sucre, fr. sucre, ing. sugar, it. zucchero, al. Zucker, checo cukr
Todas estas son palabras tan arraigadas que difícilmente se podría concebir sin ellas el español. De hecho, el hablante normal y corriente, es decir, el que no tiene conocimientos de historia de la lengua, nunca pensaría que proceden de una lengua diferente.
¿Se te ocurre alguna palabra más? Añádela como comentario.
Palabras de origen griego
9 de Julio de 2008
El griego es una lengua que goza de un enorme prestigio desde la época clásica. Hasta tal punto es así que en la antigua Roma —conquistadora de Grecia— no se podía ser una persona culta sin saber griego. Por eso ya el latín tomó prestados numerosos helenismos. Estos pasaron después al léxico del castellano y de las otras lenguas románicas. Se trata de palabras tan arraigadas que lo último que pensaríamos es que se trata de grecismos. Es léxico que abarca todas las parcelas de la vida cotidiana, por ejemplo:
Partes del cuerpo: cadera, esqueleto, arteria
Animales: camaleón, sepia, medusa, dromedario
Plantas: geranio, plátano, mirto, narciso
Formas literarias: teatro, tragedia, comedia
Vocabulario del cristianismo: monje, obispo, iglesia, Cristo
Otros: bodega, botica, cátedra, sandalia, tisana
La lengua griega comunica su prestigio a todo lo que toca. Por eso muchos términos cultos, técnicos y científicos se forman sobre raíces griegas, por ejemplo, filología, geografía, cosmonauta, licántropo, pterodáctilo, leucocito, psicosis, alopecia, etc.
Para comprobar cómo ennoblece el griego, no hay más que comparar algunas palabras formadas sobre raíces helenas y sus equivalentes más castizos. Ir a misa no está mal si uno es católico, pero no tiene ni punto de comparación con asistir a la eucaristía. El oculista seguramente preferirá que le llamemos oftalmólogo; y no digamos cómo se puede poner el callista si no le tratan de podólogo. Y, puestos a elegir, siempre será más fino padecer hemorroides que tener almorranas. Las realidades son las mismas; lo que cambia son los nombres. Claramente, el griego suena más importante.
Esta importancia que posee y que comunica explica que sea un filón de marcas comerciales, por ejemplo, Nike y Kappa (ropa deportiva), Kouros (perfume), Olympia (máquinas de escribir), Naxos (discográfica), Clio (modelo de automóvil), Ajax (limpiador), Amazon (librería por Internet), etc.
Por último, muchos nombres de persona tienen esta procedencia. Algunos de ellos son de uso corriente en el ámbito hispánico, como Andrés, Alejandro, Ángeles, Catalina, Esteban, Felipe, Irene, Jorge o Sofía. Otros no lo son tanto, por ejemplo, Anastasia, Aniceto, Cosme, Demetrio, Dorotea y Teófilo. Y unos cuantos suenan hoy francamente raros (que me perdonen los lectores que puedan llamarse así, pero ellos lo saben mejor que nadie): Agapito, Eufrasia, Eulalia, Eulogio, Eustaquio, Macario, Pacomio, Pancracio, etc.
En definitiva, los helenismos, tan frecuentes en castellano y en todas las lenguas de Europa, forman una parte viva del legado de la Grecia clásica, que sigue irradiando cultura a través de los siglos. Estas palabras conforman nuestra manera de hablar de una parte sustancial de nuestra realidad actual, desde la vida cotidiana hasta los ámbitos más cultos o técnicos.