El ideal de una escritura alfabética es que se dé una correspondencia biunívoca entre grafemas y fonemas, es decir, que a cada fonema le corresponda una letra (y solo una) y viceversa. En la práctica es raro que esto sea así.

El español ocupa una posición intermedia a este respecto entre lenguas con una gran distancia entre su escritura y su pronunciación, como pueden ser el inglés y el francés, y otras con una correspondencia muy estrecha, como el italiano y el checo. En nuestra lengua no siempre es posible determinar la escritura de una palabra a partir de su pronunciación, pero sí que se sabe siempre cuál es la pronunciación a partir de la grafía.

Son varios los tipos de desajuste que nos encontramos:

a) Una letra puede representar alternativamente dos fonemas diferentes. Esto es lo que se conoce como homografía. En el español de Castilla, que es el que habla este humilde escribiente, el grafema <c> puede representar los fonemas /k/ (como en casa) o /θ/ (como en cera), dependiendo de la vocal que aparezca a continuación.

b) También puede ocurrir que un fonema esté representado alternativamente por dos o más letras, un fenómeno que se denomina heterografía. Por ejemplo, en gerente, jarana y xico, los grafemas <g>, <j> y <x> remiten a un mismo fonema, que en notación fonológica escribimos como /x/. Lo mismo podemos decir de <b> (burro) y <v> (vaca) respecto de /b/. 

c) A veces el desajuste viene porque hace falta escribir una secuencia de dos letras para representar un único fonema. Así, en carro, cacho y queso, tenemos representaciones complejas para fonemas simples. Esto se conoce como digrafía.

d) También existe el caso contrario: una única letra para una secuencia de dos sonidos. Es lo que ocurre con la pronunciación de la <x> en examen.

e) Y por último tenemos una letra que no representa ningún fonema: <h>, como en harina. La hache se escribe porque se pronunció y es un buen ejemplo de etimología en la ortografía.

Ni que decir tiene que tales desajustes dan pie a numerosas faltas de ortografía, como sabe cualquiera que haya tenido que corregir un examen (o a quien se lo hayan devuelto corregido). Y si quieres contar tus aventuras y desventuras al respecto, puedes explayarte a tu gusto en los comentarios.

Pronunciación de la equis

16 de Abril de 2009

La x presenta varias pronunciaciones diferentes. Es uno de los puntos en que aparecen desajustes entre escritura y pronunciación en nuestra lengua.

La primera posibilidad es pronunciarla como [ks]. Esto ocurre sobre todo cuando va entre vocales, por ejemplo, examen [eksámen], taxi [táksi]. Más relajada y también correcta es aquí la pronunciación [gs]: [egsámen, tágsi]. En este contexto se pueden oír también versiones simplificadas en [s], pero se perciben como vulgares o, en el mejor de los casos, muy informales: [esámen, tási].

Las realizaciones [ks] y [gs] también son posibles cuando la x va seguida de consonante, como en texto [téksto]. Esto es frecuente en las variedades americanas del español. En España esa pronunciación se reserva para el discurso esmerado o enfático. Lo corriente es pronunciar aquí simplemente [s]: [tésto]. Esta simplificación es impecable desde el punto de vista de la norma.

También encontramos la pronunciación [s] en posición inicial de palabra, generalmente en helenismos como xenofobia [senofóbia] y xilófono [silófono], aunque nuestros amigos mexicanos también ponen su granito de arena con algún nombre como Xochimilco [sochimílko]. La pronunciación [ks] en esta posición no solamente resulta difícil para los hablantes de castellano, sino que se siente claramente como pedante.

Y hablando de México no debemos olvidar que México, Texas y Oaxaca se dicen, respectivamente, [méjiko, téjas, uajáka] y nunca [méksico, téksas, oaksáka]. La pronunciación de x como jota también rige para algunos nombres propios de persona que mantienen esta letra como arcaísmo gráfico, por ejemplo, Ximénez [jiménez]. No obstante, siempre es prudente en casos semejantes atenerse a lo que digan los interesados (no vamos a venir aquí a decirle a nadie cómo se llama).

Por último, una lectora me explicaba un día en un comentario que, además, en algunos nombres mexicanos se encuentra la pronunciación [sh] (como en inglés she o francés chez) y me ponía como ejemplo Xola [shóla], que hasta donde he podido averiguar es una estación de metro de la Ciudad de México.

Como ves, la pronunciación de esta letra tiene sus complicaciones. He procurado exponer los casos más importantes, pero si se te ocurre alguno más, te invito a que nos lo cuentes en los comentarios para que podamos hablar entre todos sobre él.

La tilde diacrítica

24 de Marzo de 2009

La tilde diacrítica es la que sirve para diferenciar palabras que por lo demás se escriben igual. Esto es lo que ocurre con pares como de (preposición) y (verbo) o el (artículo) y él (pronombre):

[...] hay millones de familias que viven en crisis permanente [Mi Jaula de Grillos, acceso 24-3-2009]

Porque en mi opinión estos premios son tan curiosos que su objetivo es que el premiado prestigio al premio, y no al revés [comentario de un lector en Error500, acceso: 24-3-2009]

El arte conceptual llevado a su límite: ¿es posible revelar el concepto de una obra de arte sin obra de arte que lo sustente? [Gonzalo Escudero, acceso: 24-3-2009]

Él la observaba y la escuchaba [El Blog de Beatriz, acceso: 24-3-2009]

En realidad, el asunto es un poquito más complicado de lo que parece. No basta con que haya dos palabras que se escriban igual pero tengan significado diferente. Por lo general, para que se eche mano de la tilde diacrítica es necesario además que una sea tónica y la otra átona. Por eso no la hay en el par son (’sonido agradable’, sustantivo) y son (del verbo ser), pues las dos tienen su propio acento en la pronunciación:

[...] escuché hacia mediados del 2004 por primera vez a Lila cantando en maya y en azteca nativo “La Martiniana”, que es un son mixteca, un poema hermoso [comentario de una lectora en Recuerdos del Día de Mañana, acceso: 24-3-2009]

Buenas novelas del autor son Novela de ajedrez, Carta de una desconocida o Veinticuatro horas en la vida de una mujer [Atalanta, acceso: 24-3-2009]

En algunos casos, esta tilde es opcional. Esto es lo que ocurre con los pronombres demostrativos y con el adverbio sólo. Además, estos son especiales por otros dos motivos. En primer lugar, se trata de palabras de más de una sílaba (cuando lo normal es que la tilde diacrítica aparezca en monosílabos). En segundo lugar, independientemente de su escritura con tilde o sin ella, son palabras tónicas.

Y, naturalmente, si no hay posibilidad de confusión porque no hay otra palabra que se escriba igual, entonces no hay necesidad alguna de tilde diacrítica. Esto es lo que ocurre con el pronombre ti, que muchos escriben erróneamente con tilde por analogía con y sí.

Heterografía

21 de Enero de 2009

Uno de los desajustes que se pueden dar entre la pronunciación y la escritura es que un fonema o secuencia de fonemas se pueda escribir de maneras diferentes. Esto es lo que se denomina heterografía.

Ocurre en nuestra escritura, por ejemplo, con el fonema /b/, que admite las grafías <b> y <v>. Las palabras baca y vaca se pronuncian exactamente igual, es decir, son heterógrafos de /báka/. Otro tanto se puede decir de <g> y <j> en las secuencias <ge>, <gi>, por un lado, y <je>, <ji>, por otro lado.

En las variedades seseantes del español, es decir, en la mayoría, se multiplican los casos. Así, <za>, <zo>, <zu> y <sa>, <so>, <su> son heterógrafos de /sa/, /so/, /su/. Un sevillano leerá igual Me voy de caza y Me voy de casa. Por eso, para evitar disgustos familiares (y alguna que otra alegría) se ha convertido en habitual decir Me voy de cacería.

No hay que ser ningún águila para darse cuenta de que la heterografía es fuente de abundantes faltas de ortografía. ¿Quién no ha dudado alguna vez entre coger y cojer?

No se agotan con esto los ejemplos que se podrían proponer, pero como ya es tarde y voy estando cansado, dejaré que los amables lectores los anoten abajo como comentario. A ver quién es el primero.

Dos sonidos en una letra

26 de Noviembre de 2008

Uno de los desajustes posibles entre sonido y escritura es que una sola letra represente una secuencia de sonidos. En nuestra lengua tenemos el caso de equis, que lleva dentro la secuencia [ks]:

<x> se pronuncia [ks]

Por ejemplo:

<examen> se pronuncia [eksámen]

El ideal de una escritura alfabética es que haya una grafía y solo una para un sonido y viceversa. En la práctica, raramente se encuentran sistemas de escritura que cumplan esto (si es que hay alguno). Esta correspondencia se ve alterada también por otros fenómenos como la digrafía, trigrafía, heterografía, etc.

¿Cómo se pronuncia ‘Texas’?

28 de Octubre de 2008

El otro día, oyendo la radio, me encontré con que en una cuña de una película doblada pronunciaron cuatro o cinco veces “teksas”, a la inglesa (y eso, en treinta segundos mal contados).

La equis de Texas, como la equis de México, se pronuncia siempre como jota, o sea, “tejas”.

La pronunciación como “ks” se explica por la influencia de la ortografía en la pronunciación, en este caso, reforzada por el inglés.

Las dos grafías, con equis (Texas) y con jota (Tejas), son correctas. Usar una u otra es una mera cuestión de preferencia personal.

Dígrafos: dos letras para un sonido

16 de Septiembre de 2008

Un dígrafo es una combinación de dos letras que representa un único sonido. En la ortografía castellana hay varios:

ch como en charco

ll como en calle

rr como en carro

qu como en querer

gu ante e, i como en guerra, guitarra

Este es uno de los posibles casos de desajuste entre sonido y escritura. En una escritura alfabética ideal, a un sonido le corresponde una sola grafía y viceversa. Sin embargo, en la práctica, son pocos los sistemas ortográficos que se ajustan a este principio.

Algunos de nuestros dígrafos se introducen porque el alfabeto latino estaba pensado para escribir eso: el latín. En castellano surgen algunos sonidos nuevos que hay que escribir de alguna forma. Una solución es juntar dos letras. Es lo que se hizo con ch. Si nos fijamos en otras lenguas de nuestro entorno (descendientes del latín o no), comprobaremos que el problema de cómo representar este sonido se les planteó también. Cada una optó por una solución diferente dentro de un abanico de posibilidades. Algunas unieron dos grafemas, como nosotros:

Italiano: cioccolato ‘chocolate’

Polaco: czekolada ‘chocolate’

Otras juntaron tres:

Francés: tchèque ‘checo’

Y otras, hasta cuatro (por letras, que no falte):

Alemán: Tschetschenien ‘Chechenia’

Otros, en cambio, optaron por modificar una letra ya existente añadiéndole un signo diacrítico:

Checo: čokoláda ‘chocolate’

Como decía, en todos estos casos, la dificultad de partida es la misma: queremos escribir una lengua con un alfabeto que estaba preparado para otra y hay que acomodar de alguna forma los sonidos que no estaban previstos.

Otras veces, en cambio, es el apego al latín lo que nos ha hecho mantener dígrafos que en principio serían innecesarios. Se trata de casos de etimología en la ortografia. Hoy escribimos querer con qu porque en latín quaerere se escribía así. En latín esa u se escribía porque sonaba; en castellano se escribe porque sonó.

Siempre que se ha propuesto una reforma ortográfica, formaba parte del programa eliminar los dígrafos o al menos reducir su número. Pero de eso ya hablaremos otro día, que por hoy ya está bien.

Los desajustes entre pronunciación y escritura son fuente de numerosas faltas de ortografía. Quienes están poco versados en la escritura dejan que la lengua oral les juegue malas pasadas ortográficas de dos maneras, principalmente:

a) Escriben de oído, es decir, escriben las palabras tal como se pronuncian

b) Se pasan de correctos: por miedo a equivocarse, desconfían de grafías que les parecen demasiado sencillas, con lo que acaban incurriendo en ultracorrección

Podemos diferenciar dos grandes tendencias en la ortografía de las lenguas con escritura alfabética. Por un lado, encontramos sistemas como el del inglés y el francés que poco tienen ya que ver con la pronunciación y mucho con la historia o el origen de las palabras. Esto es lo que se denomina tendencia etimológica. Por otro lado, hay sistemas muy fieles a la pronunciación, como el del italiano o el checo. Predomina en ellos la tendencia fonémica. El ideal de una ortografía fonémica es que a cada sonido le corresponda una letra (y solo una) y a cada letra un sonido (y solo uno), aunque en la práctica es raro que esto se lleve hasta las últimas consecuencias. La ortografía del castellano se sitúa a mitad de camino. La correspondencia es bastante estrecha, pero se dan también desajustes como la digrafía, heterografía, etc.

Las faltas de ortografía representan un mayor peligro en aquellas variedades del español que han sufrido una evolución fonética más radical, lo que incluye a las diferentes variedades del andaluz y del español de América. La razón es que aumenta la distancia entre el código oral y el código escrito. Asimismo, suelen tener un mayor prestigio las variedades cuya pronunciación se mantiene más cercana a la escritura, aunque esto no pasa de ser un prejuicio de los hablantes, que creen que lo escrito es superior a lo oral. Hasta tal punto es así que la ortografía puede llegar a cambiar la pronunciación.

Probablemente, el ejemplo más famoso de dificultades ortográficas por discordancia entre pronunciación y escritura es la confusión de b y v. Estas dos grafías corresponden en español a un único sonido. Este es un fenómeno panhispánico. Ya en tiempos de los romanos se decía:

Beati hispanii quibus bibere vivere est

‘Dichosos los hispanos, para quienes vivir es beber’

Esto indica que ya en el latín hispánico los sonidos representados por esas dos letras habían quedado reducidos a uno (“b”), de modo que sonaban igual bibere ‘beber’ y vivere ‘vivir’. Por eso, esta falta de ortografía iba asomando la patita ya desde el latín por estas tierras ibéricas.

Hoy escribimos haber con hache porque hace más de 2 000 años se pronunció esa letra como una aspiración. Este es un buen ejemplo de ortografía etimológica. En la lengua estándar actual, esta grafía no se corresponde con ningún sonido. No es de extrañar, por tanto, que dé pie a incorrecciones, ya sea por omisión (comerse la hache), ya sea por ultracorrección (escribirla indebidamente).

Las grafías c, z y s dan quebraderos de cabeza a los hablantes seseantes y ceceantes, es decir, a la inmensa mayoría. No tienen mayor problema quienes distinguen en la pronunciación “ese” y “ce” (coser frente a cocer). Pero para una gran parte de los andaluces, así como para los hablantes canarios y americanos, la corrección ortográfica depende aquí tan solo de su memoria visual.

Hoy son minoría quienes distinguen en la pronunciación entre rallar y rayar. Este es un fenómeno que se conoce como yeísmo. De ahí que sean frecuentes las vacilaciones en la escritura entre el par y/ ll.

La pronunciación de la x en final de sílaba se suele simplificar en s, de modo que extraño suena “estraño”. Esto, que es perfectamente aceptable en el habla, explica que al escribir se confundan x y s en dicha posición.

Los casos que hemos revisado hasta aquí afectan a la escritura de letras individuales. También ocurre a veces que se escriben juntas palabras que deberían ir separadas, como sobre todo. Esto se explica porque sobre, como preposición que es, carece de acento propio y se apoya en la palabra siguiente para pronunciarse, que es lo que pretende reflejar quien las une en la escritura. Si a esto le unimos que la expresión sobre todo forma una unidad por su sentido, se explica mejor aún el empeño de nuestros escribientes juntar lo que la ortografía quiso separado.

Las pausas de la lengua oral nos llevan a veces a colocar comas donde no son necesarias. Es muy normal que se introduzca una pausa en el habla entre el sujeto y el verbo, sobre todo si el primero es largo: La Federación de Asociaciones de Pequeños Comerciantes | ha solicitado ayudas económicas al Gobierno. Pero nunca se puede separar el sujeto del verbo con una coma al escribir.

Si invertimos la perspectiva, las faltas de ortografía dan pistas sobre cómo se pronuncian las lenguas. Nos las han dado para lenguas de las que no tenemos documentos sonoros, como el latín. Y si hacemos un poco de lingüística-ficción es fácil imaginar que si dentro de 3 000 años un historiador de la lengua se encuentra con que en los cuadernos de los escolares del siglo XXI abundaban las confusiones entre s y c, llegará a la conclusión de que algo pasaba con la pronunciación correspondiente.

Quisiera aclarar, por último, que si no he dado ejemplos de faltas de ortografía no ha sido por descuido sino por motivos metodológicos. El leer o escribir palabras con faltas refuerza la tendencia a cometerlas. Por eso, los mensajes electrónicos con faltas son nefastos para la ortografía.

Existen unos pocos nombres cuyo acento cambia de sílaba al formar el plural. Los pincipales son estos:

Carácter > caracteres

gimen > remenes

Escimen > espemenes

Como vemos, el acento recae sobre una sílaba diferente, pero la posición relativa se mantiene. Así, para carácter, la sílaba tónica en singular es -rac- frente a -te- para el plural; pero la palabra es llana en singular y lo sigue siendo en plural, pese a que el sufijo de plural -es añade una sílaba.

En el caso de carácter y espécimen, algunos hablantes utilizan un singular regresivo que se forma a partir del plural, quitándole la terminación y manteniendo el acento en la misma sílaba que estaba acentuada en plural:

Caracteres > caracter

Espemenes > especimen

Estos singulares regresivos no están admitidos en la norma y por eso aparecen tachados.

El singular agudo caracter se suele utilizar con el significado de ‘letra, signo de un sistema de escritura’ (por ejemplo, falta un caracter en este teclado, un caracter del alfabeto cirílico). De esta forma, se reserva carácter para ‘rasgos de la personalidad’ (Pedro tiene buen carácter) y se crea una nueva denominación para ’signo de la escritura’. La norma solo acepta la forma llana carácter en uno y otro caso.

Liechtenstein es un pequeño principado de habla alemana situado entre Suiza y Austria.

Hasta aquí, todo bien. El problema viene cuando tenemos que pronunciar su nombre.

Una forma levemente castellanizada es “líj-tens-tain” (la jota suena como jota).

Otra solución, quizás la menos lucida pero la más honrada, es pronunciarlo tal como se escribe. Es algo que siempre se ha hecho en los territorios de habla española y, al fin y al cabo, uno no tiene por qué conocer todas las lenguas del mundo.

He oído muchas veces decir “liéchestein”, quitando la sílaba -ten- y convirtiendo el principio en una especie de cruce entre leche y lichi. Esta parece ser una forma especialmente apreciada por los comentaristas deportivos, pero no parece que sea la más aconsejable.

La pronunciación exacta en alemán (para quien tenga conocimientos del alfabeto fonético internacional) es [ˈlɪçtənʃtaɪn]. Tampoco parece muy aconsejable en nuestra lengua porque contiene un par de sonidos palatales que nos resultan extraños: [ç] y [ʃ]. El primero es peculiar del alemán. Para entendernos, podríamos describirlo como una jota que se articula en una posición más adelantada. El segundo es el mismo sonido que encontramos en inglés she o francés chez.

En cualquier caso, la pronunciación de palabras extranjeras es un problema complicado para el que no hay una regla general en castellano.