Archivo para la categoría ‘adjetivo’

Espurio es una de esas palabras que parece que están ahí para hacernos meter la pata, en este caso, sobre todo por su forma. Lo primero que hay que aclarar es que la única variante correcta es espurio. Es un error utilizar espúreo.

Dicho esto, podemos empezar a ocuparnos de otras cuestiones. Este adjetivo tiene dos significados. El primero es ‘bastardo, ilegítimo’:

(1) Ella se defendió diciendo [...] que el niño era hijo espurio de Ana de Burgos y de Luis de Tejada [Cristina Bajo: Tú que te escondes]

En esta acepción, espurio se puede utilizar también en sentido figurado. Es frecuente, por ejemplo, hablar de intereses espurios, es decir, intereses ilegítimos, que no son demasiado puros y no resultarían fácilmente defendibles si salieran a la luz.

El segundo significado es el de ‘falso, apócrifo’, como en el ejemplo (2):

(2) [...] está en el evangelio de Mateo, que es tan espurio como el de Lucas [Fernando Vallejo: La puta de Babilonia]

Un texto espurio es un texto cuyo autor verdadero no es el que se supone que lo ha escrito. Es, por tanto, falso y, en cierto sentido, ilegítimo, lo que nos remite al primer significado.

La deformación espúreo surge por hipercorrección. Los hablantes, de alguna forma, tienen conciencia de que existe un vulgarismo muy frecuente que consiste en cerrar la e del hiato -ea- y transformarlo así en un diptongo: -ea- > -ia-. En mis tiempos, ya en el colegio nos advertían que había que tener cuidado para no convertir teatro en tiatro. Son muy frecuentes pronunciaciones como aerio (< aéreo) o metiorológico (< meteorológico).

Pues bien, como dice el refrán, el gato escaldado del agua fría huye. El hablante al que ya le han sacado quizás alguna vez los colores por algún desliz de este tipo, cuando se encuentra con el inocente adjetivo espurio, piensa “Aquí no me pillan” y aplica una regla analógica: si aerio es aéreo, entonces espurio es espúreo. Craso error.

En esto, como en general con el léxico, se puede dar un consejo que nos ahorrará muchos disgustos: si no sabes lo que estás diciendo, no lo digas. La mejor vacuna contra estos errores es hablar con sencillez, empleando palabras que, sin caer en lo vulgar, resulten comprensibles y familiares tanto para el que habla como para el que escucha.

Los sustantivos y adjetivos terminados en -t forman el plural añadiendo la terminación -s, por ejemplo:

(1) argot – argots

Las palabras con esta terminación son préstamos. La del ejemplo anterior lo es del francés, pero también los hay, entre otros, del latín (2), del inglés (3), del catalán (4) y hasta del checo (5).

(2) El Consejo tiene déficits de funcionamiento [Río Negro (Argentina), acceso: 14-3-2013]

(3) En la nueva versión es posible realizar chats en grupo en los que se podrán incluir hasta 30 integrantes [Expansión (España), acceso: 14-3-2013]

(4) Cargó con dos inmensos salchichones, cinco fuets, un lomo embuchado, y se abstuvo de comprar butifarras para seguir el rito de comprarlas en La Garriga [Manuel Vázquez Montalbán: La soledad del mánager, tomado de CREA, acceso: 14-3-2013]

(5) ¿Merecen la pena los robots quirúrgicos? [MIT Technology Review (edición en español), acceso: 14-3-2013]

Conviene advertir que para muchos de los préstamos terminados en -et existe una forma castellanizada sin la -t final, por ejemplo:

(6) carnet – carné

(7) chalet – chalé

(8) ticket – tique

Por lo general, es preferible usar la versión castellanizada, que es más sencilla. Para formar el plural se añade simplemente una -s como con cualquier palabra terminada en -e: carnés, chalés, tiques.

No está de más aclarar que, junto a tique, existe una forma tiquete que se utiliza en algunos países y es perfectamente válida. Su plural no presenta ninguna dificultad.

Los sustantivos y adjetivos terminados en -r forman el plural añadiendo la terminación -es. Encontramos numerosos ejemplos en español: menor – menores, labor – labores, castañar – castañares, tahúr – tahúres, elixir – elixires, taller – talleres, etc.

Los préstamos de otras lenguas, una vez que se encuentran lo suficientemente asentados en la nuestra, se amoldan a esta regla. Este es el estado en que se encuentran ya palabras como máster, escáner, suéter, gánster, etc., cuyos plurales másteres, escáneres, suéteres y gánsteres tenemos ejemplificados a continuación:

(1) Los esfuerzos de los alumnos no se verán ya recompensados con diplomaturas o licenciaturas, sino con grados o másteres [El Mundo (España), acceso: 27-11-2012]

(2) Unas 17 cárceles del país contarán con escáneres corporales [Panorama (Venezuela), acceso: 27-11-2012]

(3) Pancartas, suéteres del Real Madrid y Barcelona, equipos en los que militan las máximas luminarias de España, encendieron el ambiente para sorpresa de los jugadores ibéricos [Crítica (Panamá), acceso: 27-11-2012]

(4) Año tras año hay cineastas que no dejan de retratar la psicología de los criminales, sobre todo de los gánsteres [La Prensa (Honduras), acceso: 27-11-2012]

Un caso excepcional es el de carácter, que añade -es para formar el plural, pero desplaza el acento: carácter – caracteresSe puede consultar una explicación más detallada siguiendo el enlace anterior.

También constituyen una excepción las palabras esdrújulas, como mánager, que se mantienen invariables en plural: los mánager.

Los sustantivos súperhíper, construidos por acortamiento de supermercado e hipermercado, se mantienen también invariables en plural: los súper, los híper.

La teoría está muy bien, pero ahora te conviene un poco de práctica.

Los sustantivos y adjetivos terminados en -m forman el plural añadiendo la terminación -s, como fórum – fórums. Son préstamos de otras lenguas. La mayoría proceden del latín, como currículum (1), ultimátum (2), referéndum (3), etc.:

(1) De este modo Edmundo pudo fotocopiar en la empresa currículums de un gran número de empleados [...] [Belen Gopegui: Lo real]

(2) Desde Moscú, en sus emisiones, bombardearon a la población española con frases que parecían ultimátums [José María Gironella: Los hombres lloran solos]

(3) Obama apoya de forma oficial la causa del matrimonio igualitario en los cuatro estados que celebran referéndums [Dosmanzanas.com, acceso: 31-10-2012]

Hay que tener en cuenta aquí que álbum constituye una excepción, puesto que forma tradicionalmente un plural álbumes (4) y no es posible el plural con -s álbums.

(4)  Los álbumes tenían hojas gruesas forradas con papel fino [...] [Ricardo Elizondo Elizondo: Pliegues en la membrana del tiempo]

Hay también entre los sustantivos y adjetivos terminados en -m préstamos procedentes del inglés, como film (5), webcam (6) y módem (7):

(5) [...] a veces voy a ver los films soviéticos solo para oír los diálogos [...] [Ricardo Piglia: Respiración artificial]

(6) Webcams en directo para seguir la llegada del huracán Sandy a Nueva York [El Huffington Post (España), acceso: 31-10-2012]

(7) Huawei sigue líder de ventas en el decreciente mercado de los módems USB [TeleSemana (Argentina), acceso: 31-10-2012]

Es importante saber que el anglicismo film cuenta también con una forma castellanizada filme que tiene un plural filmes. Puestos a usar esta palabra, es preferible la castellanización.

También hay algún arabismo, como dírham (8):

(8) ¿Para qué quiero yo ahora diez dírhams? [Ángel Vázquez: La vida perra de Juanita Narboni]

Dentro de los arabismos hallamos imam (‘predicador musulmán’), que es una excepción análoga a la de álbum, puesto que forma un plural imames (9). No obstante, es preferible usar en este caso la forma castellanizada imán – imanes.

(9) Sólo una minoría de los imames afincados en Europa ejerce un magisterio intelectual [Rocío Lardinois de la Torre: El islam, una oportunidad para Europa]

Ocasionalmente podemos encontrar también alguna onomatopeya, como cataplum, pero por lo general no habrá oportunidad de formar el plural de estas (y si por cualquier motivo hubiera que formarlo, simplemente habría que añadir -s como en el resto de casos).

Lo mejor ahora es que hagas unos ejercicios para practicar.

Nota: Los ejemplos (1), (2), (5), y (8) están tomados de CREA (Corpus de Referencia del Español Actual, Real Academia Española).

Forma el plural de las expresiones que encontrarás a continuación. Para resolver el ejercicio es útil consultar los artículos sobre plural de palabras terminadas en -s y plural de palabras terminadas en -x. Cuando termines, consulta las soluciones.

a) El delicioso boletus

b) El mix eléctrico

c) El box de salida

d) Un gran bíceps

e) Un siux

f) Una crisis inacabable

g) El caucus republicano

h) Un rictus desagradable

i) Mi ex

j) Un dúplex de 700 metros cuadrados

k) Un anís de Chinchón

l) El holandés errante

m) Una meningitis fulminante

n) Tu dosis diaria

ñ) El adiós

o) El mosquito anofeles

p) Un aerobús

q) El campus universitario

r) La nueva profilaxis

s) La cámara réflex

 

El plural de los sustantivos y adjetivos terminados en -x constituye un caso particular dentro del plural de las palabras terminadas en -s. La pronunciación de la equis en esta posición es [ks], es decir, cuando escribimos fénix o fax lo que pronunciamos es [féniks] o [fáks], respectivamente. Lo que tenemos en todos estos casos es, por tanto, una terminación -s enmascarada por la ortografía. Como la formación del plural se rige por la pronunciación y no por la grafía, tendremos que aplicar las mismas reglas que para las palabras terminadas en -s, a saber:

a) Las palabras agudas terminadas en equis forman el plural añadiendo el morfema -es, como en el ejemplo (1), donde encontramos un plural burofaxes (singular: burofax):

(1) La comunidad tendrá que costear los burofaxes enviados y las costas de abogado y procurador [Cinco Días (España), acceso: 29-10-2012]

Otro ejemplo semejante es el de fax, que al ser monosílabo funciona como palabra aguda y forma un plural faxes.

Como bien me indica Aday, existen algunas excepciones a la regla a). Podemos citar unisex, dux y ex (‘expareja’), que se mantienen invariables en plural.

b) Las palabras terminadas en equis que no son agudas se mantienen invariables en plural, como ocurre con fénix en el ejemplo (2):

(2) ¿Y cuándo mueren los fénix? [Marcial Rodríguez: Cimarrones del 60]

Otros ejemplos son el tórax – los tórax, el dúplex – los dúplex, el clímax – los clímax, etc.

No te vendría mal hacer unos ejercicios para practicar.

También les plantea dudas a muchas personas el plural de carácter, régimenespécimen. Vale la pena que lo consultes.

Para hacer concordar correctamente a un adjetivo con dos (o más) sustantivos, tenemos que diferenciar dos casos principales (1. y 2.):

1. Cuando el adjetivo aparece después de los sustantivos: En este primer caso el adjetivo concuerda con lo que podríamos considerar la suma de los dos sustantivos. Por lo que respecta al número, una acumulación de dos o más sustantivos va a ser siempre plural aunque cada uno de ellos individualmente aparezca en singular. En cuanto al género, tendremos que fijarnos en el de cada sustantivo, lo que da lugar a la siguiente casuística:

1.1. Los dos sustantivos son masculinos. No hay problema: el adjetivo concuerda en masculino y en plural con los sustantivos:

(1) Aquí es donde vamos guardando el oro y los diamantes robados

1.2. Los dos sustantivos son femeninos. La lógica nos dice que en este caso el adjetivo adoptará el número plural y el género femenino:

(2) Me voy a comer unas enchiladas y unas carnitas mexicanas

1.3. Hay mezcla de sustantivos masculinos y femeninos. En este caso predomina el género masculino y se mantiene, por supuesto, el número plural:

(3) No me vendrían mal una impresora y un teclado inalámbricos

2. Cuando el adjetivo aparece antes de los sustantivos: Esta no es la posición normal del adjetivo en español, por lo que no deja de tener cierta lógica que su concordancia se salga también de lo normal. Por lo general, en estos casos el adjetivo concuerda en género y número con el sustantivo más próximo, como vemos en los siguientes ejemplos:

(4) Nos explicaron la concordancia con extraordinario detalle y precisión

(5) Vivía rodeado de sus queridas hijas y nietos

 En (4) el adjetivo extraordinario adopta el género (masculino) y el número (singular) del sustantivo detalle, pero, sin embargo, se refiere tanto a este como al femenino precisión. En (5), en cambio, el género y número que predominan son el femenino plural de hijas, pero hemos de entender que también los nietos son queridos.

Por último, hay que añadir que se pueden producir excepciones a lo expuesto en el caso 1. Cuando los dos sustantivos se conciben como estrechamente relacionados y comparten el mismo género, el adjetivo puede aparecer en singular:

(6) La compra y venta especulativa de acciones no está hecha para corazones débiles

(7) Ya no soportaba el ajetreo y el traqueteo constante de aquel viaje en tren

Estas reglas son las que se aplican en la lengua escrita. En la lengua oral la improvisación y la rapidez del discurso pueden dar lugar a concordancias de lo más variadas.

El género es una categoría gramatical propia del sustantivo y también de los pronombres, adjetivos y determinantes. Todo sustantivo que aparezca en un enunciado en español se podrá adscribir a uno de dos géneros posibles, a saber: masculino o femenino. Así, en el ejemplo (1) es femenino el sustantivo plantas; y masculinos, troncos y árboles.

(1) Las plantas trepadoras subían encaramándose por los añosos troncos de los árboles [Gustavo Adolfo Bécquer: "El rayo de luna", Leyendas]

El sustantivo impone su género a los determinantes y adjetivos de los que se rodea y también a ciertos pronombres. Este es un fenómeno que se conoce como concordancia. En (1) podemos observarlo en el género femenino del determinante las y del adjetivo trepadoras que acompañan a plantas, así como en el artículo los que determina a troncosárboles y en el adjetivo añosos, que especifica una propiedad de troncos.

La oposición central de género en español es la que contrapone el masculino al femenino. Esta es la única que encontramos en los sustantivos. Adicionalmente, podemos identificar un género neutro que ocupa una posición periférica en el sistema y que se manifiesta, por ejemplo, en los pronombres (2, 3) y en ciertas sustantivaciones con el determinante lo (4):

(2) Esto tiene que ver con el atropello del dichoso perro [Luis Mateo Díez: Las horas completas]

(3) Tenía razón, pero ello no me impidió insultarla de nuevo antes de ponerme los zapatos [Jorge Volpi: El fin de la locura]

(4) —¿Cómo?— pregunté, ya sin tratar de ocultar lo evidente [Javier Cercas: La velocidad de la luz]

Los sustantivos del español se pueden clasificar en dos grandes grupos atendiendo no ya a su género, sino a la relación que mantienen con la categoría de género en sí. Por un lado, tenemos los sustantivos con moción de género, que adoptan el género masculino o el femenino en función del sexo del ser al que se refieren. Lógicamente, los únicos referentes posibles para estos sustantivos son seres humanos y animales sexuados. Ejemplos clásicos son niño -a, gato -a, amigo -a. Por otro lado, encontramos los sustantivos de género inherente, que, o bien son masculinos (libro, árbol), o bien son femeninos (mesa, bondad), y no tienen posibilidad de modificar su género.

Lo más habitual en los sustantivos con moción de género es que el género podamos ubicarlo en su terminación. Por eso cambia el significado de niño cuando sustituyo la -o final por una -a (niña) o el de jef-e cuando lo convierto en jef-a. En los de género inherente, en cambio, no es posible adscribir ese valor semántico a una porción concreta del sustantivo, por lo que hemos de entender que es todo él en conjunto el portador de esta categoría gramatical. Por este motivo, solo podemos hablar propiamente de morfemas o terminaciones de género en los primeros. En los segundos podemos constatar ciertas tendencias, pero que no pasan de ser eso, tendencias. Sin ir más lejos, los que terminan en -o suelen ser masculinos, como libro, suelorío; pero esto no impide que sean femeninos manofoto. También tienden a ser femeninos los terminados en -a, como mesa, líneamedicina, pero es fácil encontrar otros que son masculinos (problema, mapa).

Por si esto fuera poco, pueden adoptar cualquiera de los dos géneros un número considerable de los terminados en -o (el testigo, la testigo; el modelo, la modelo) y de los terminados en -a (el atleta, la atleta; el pianista, la pianista). Los sustantivos que, como estos, tienen la facultad de modificar su género sin que ello se manifieste en una alteración de su forma constituyen un grupo particular. Se los denomina sustantivos comunes en cuanto al género.

Otro grupo particular es el de los sustantivos ambiguos en cuanto al género, que pueden presentarse con cualquiera de los dos géneros sin que el cambio de género vaya asociado a un cambio en la referencia del sustantivo. Yo puedo decir el marla mar, pero, en cualquier caso, me estaré refiriendo a la misma realidad. No hay que confundir estos con los casos de cambio de género asociado a un cambio de significado y de referencia. No es lo mismo el frente que la frente.

Existen incluso casos de oposición de género por heteronimia. Esto es lo que ocurre con pares como hombremujer, toro y vaca, en los que cada género se expresa con una palabra diferente.

Es importante, asimismo, no confundir el género como categoría gramatical con el género como noción sociocultural (qué es lo que significa ser hombre o mujer en una determinada sociedad) y, mucho menos, con el sexo como categoría biológica. Es cierto que se da una relación aproximada en algunos casos. Como hemos visto, los sustantivos que se refieren a seres vivos sexuados suelen modificar su género dependiendo del sexo de su referente. Así, yo utilizo el masculino vecino si me estoy refiriendo a un hombre, y el femenino vecina si me estoy refiriendo a una mujer; león se emplea para nombrar a un macho y leona para una hembra. Sin embargo, esto no siempre se cumple. El femenino víctima se puede referir tanto a hombres como a mujeres, y el masculino ornitorrinco se emplea tanto para machos como para hembras. Los sustantivos que presentan esta particularidad se denominan epicenos.

Los sustantivos epicenos nos dan una primera muestra de que la correlación entre el género gramatical y el sexo es aproximada y limitada. Si esto es así cuando estamos hablando de seres vivos con sexo, en cuanto nos fijemos en los sustantivos que designan realidades asexuadas, comprenderemos que su asignación a uno u otro género es perfectamente convencional. No hay nada en el objeto silla que justifique el género femenino del sustantivo silla, de la misma forma que los cuadernos, en el mundo, no presentan ninguna característica que empuje al sustantivo cuaderno a ser de género masculino. La adscripción de género de sustantivos como sillacuaderno nos dice algo sobre cómo está hecha la lengua y no sobre cómo está hecho el mundo.

La convencionalidad del género queda también de manifiesto cuando comparamos lenguas diferentes. Por ejemplo, miel es de género femenino en español y, sin embargo, este mismo sustantivo es masculino en francés (le miel). Es más, una misma palabra ha podido tener géneros diferentes en diferentes momentos históricos. Puente fue femenino hasta el siglo XVIII (de lo que han quedado rastros en los múltiples topónimos que contienen la secuencia La Puente y en el apellido homónimo). Hoy, en cambio, es masculino. El solla luna son, respectivamente, masculino y femenino en español. Sin embargo, en alemán sus géneros se invierten: die Sonne frente a der Mond, donde los artículos dieder nos indican que el primero es un femenino y el segundo, un masculino.

La conformación misma de los sistemas de género puede presentar diferencias incluso entre lenguas que están estrechamente emparentadas. Los sustantivos del español pueden tener dos géneros: masculino o femenino. Se parecen en esto a los del francés, el italiano o el portugués. Se diferencian, en cambio, de los del latín, griego, alemán y ruso, que tienen tres posibilidades: masculino, femenino y neutro.

En definitiva, si la categoría de género del español pudo tener en sus orígenes remotos una motivación en la categoría extralingüística de sexo, hoy es una noción gramatical altamente abstracta y solo tendremos alguna posibilidad de entenderla si la inspeccionamos a la luz de criterios lingüísticos y procurando sobre todo no confundir, a la manera del pensamiento mágico, lengua y mundo.

Lívido forma parte del grupo de palabras con significados contrarios que posee el español, como cualquier otra lengua. Este adjetivo puede significar lo mismo ‘tremendamente pálido’ que ‘amoratado’. El significado más común hoy es, con diferencia, el primero. Así es como se emplea en este ejemplo:

(1) Fíjese en el temple que hemos demostrado ya estos días viéndole comparecer y descomparecer con el rostro lívido por el espanto [Juan José Millás: "Ánimo, presidente", acceso: 28-6-2012]

El espanto hace que nos quedemos pálidos y en ese sentido es como debemos interpretar lívido en (1).

Sin embargo, el significado etimológico de esta palabra es el otro, el que prácticamente ha caído en desuso. Lividus significaba en latín ‘azulado negruzco, de color plomizo’, como nos indica Corominas en su Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. De ahí sale nuestro significado de ‘amoratado’, que podemos encontrar ocasionalmente en textos de nuestros días, como (2):

(2) Cuando despertó definitivamente, ya se filtraban entre las tablas las primeras luces de un amanecer lívido [Luis Landero: Juegos de la edad tardía]

La expresión amanecer lívido hace referencia a los tonos violáceos que a veces toma el cielo al amanecer o al atardecer.

Es más fácil encontrar el significado etimológico si nos remontamos en el tiempo, como en este ejemplo de 1599:

(3) Pero si los bubones mostraren color lívido, negro o de diversos colores, [...] no hay que gastar tiempo en abrirle ni con lanceta ni con fuego o causto [Luis Mercado: Libro de la peste, tomado de CORDE]

Pero no pensemos por ello que el uso como ‘pálido’ es un invento de ayer por la tarde. No hay que buscar demasiado para encontrar un ejemplo de 1837:

(4) Consume el lecho repentina llama, / y de su madre el lívido esqueleto / con tristes voces a Ricardo llama [Juan Arolas: La sílfida del acueducto, tomado de CORDE]

No creo que allá por el siglo XIX se estilaran los esqueletos de color lila, por lo que la única interpretación que nos queda es la de ‘pálido’.

Ambos usos se consideran válidos hoy día. El único inconveniente que se nos puede presentar es que, ocasionalmente, no quede demasiado claro a qué nos referimos cuando empleamos este adjetivo; si bien la interpretación preferente en la lengua actual es la de ‘pálido’.

Conviene, eso sí, no confundir lívido con libido, que se escribe y pronuncia de manera parecida, pero significa algo completamente diferente, como puedes comprobar siguiendo el enlace anterior.

Abigarrado es un adjetivo poco frecuente y por ello mismo se presta a errores. Usado con propiedad, presenta dos acepciones, que no dejan de tener ciertas connotaciones negativas. En la primera significa ‘de colores desiguales y mal combinados’, como en el siguiente ejemplo:

(1) A estas extravagancias se sumaba un maquillaje abigarrado, como a chafarrinones, y una cabellera muy corta y lacia ceñida por una cinta de seda de unos dos centímetros de altura [Eduardo Mendoza: La ciudad de los prodigios, tomado de CREA]

El maquillaje del que se nos está hablando hemos de imaginarlo como un conjunto poco afortunado de pinturas dispersas por la cara, que forman cualquier cosa menos un cuadro favorecedor.

En su segunda acepción significa ‘heterogéneo, compuesto de muchos elementos diferentes y muy dispares’. Con este sentido se utilizó correctamente en la siguiente oración, que tomo de la prensa mexicana:

(2) Después de muchos “ires y decires”, las piezas del abigarrado rompecabezas electoral se van acomodando [Pulso (México), acceso: 22-6-2012]

Aquí se nos está hablando metafóricamente de un electorado que está compuesto por muchos grupos e individualidades con grandes diferencias entre sí y que, por ello mismo, resulta difícil conciliar.

Existe un tercer uso de abigarrado que debemos evitar. Hay quien lo emplea como sinónimo de abarrotado, repleto:

(3) Díez [...] no cree que el Pleno de la Cámara Baja esté “tan abigarrado y tan estresado” como para que no se pueda incluir dentro de los debates “la cuestión más importante que afecta” al futuro y a la credibilidad del país [Diario Siglo XXI (España), acceso: 22-6-2012]

A la aparición de este uso impropio probablemente ha contribuido la semejanza fonética entre abigarrado y abarrotado, pero hay además otro factor de tipo metonímico. Una idea secundaria dentro de la segunda acepción (e, incluso, de la primera) es la de amontonamiento y sobreabundancia, como podemos comprobar en (4), donde se hace un uso correcto del adjetivo en cuestión:

(4) La escena representaba un abigarrado dormitorio, con sillas góticas, candeleros con adornos de pámpanos y un lecho con baldaquino de columnillas retorcidas, y una mortecina lámpara de aceite junto al lecho, que iluminaba la erguida figura de un gigante [Germán Sánchez Espeso: En las alas de las mariposas, tomado de CREA]

A partir de usos como este, quienes utilizan el vocabulario de oído pueden inferir que abigarrado significa simplemente ‘atestado, abarrotado’ o incluso ‘apretujado’.

Estos deslices son fáciles de evitar con tal de que nos tomemos la molestia de consultar un diccionario cuando vayamos a emplear una palabra que se sale un poco de lo corriente. Curiosamente, en esto, como en otras cosas, quienes más saben más suelen dudar, mientras que aquellos que tendrían todos los motivos para ser presa de la inseguridad actúan con la mayor confianza del mundo.