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Etimología de ‘algarabía’

La palabra algarabía se suele utilizar en el sentido de ‘griterío y confusión’, aunque etimológicamente tan solo significa ‘lengua árabe’ (al’arabîya). Es más, si consultas el diccionario, comprobarás que todavía se registra esta otra acepción, aunque ha caído en desuso.

Esta voz surge en la Edad Media, justo cuando se están formando las lenguas románicas y los reinos cristianos en la península ibérica. Este es un proceso que se desarrolla unas veces en tensa oposición y otras veces en enfrentamiento abierto con el poder político, económico, militar y cultural de los árabes, que desde el siglo VIII constituyen la fuerza predominante en los territorios hispánicos.

Otros significados de algarabía son ‘lengua ininteligible’ o ‘expresarse de manera atropellada y pronunciando mal las palabras’. En el fondo, este vocablo es un resumen de la incomprensión, los recelos y la animadversión entre comunidades que se disputan un mismo territorio y que están separadas por lenguas, religiones y culturas diferentes. Lo del otro es lo raro, lo que no se entiende, lo que está mal dicho. Y lo mío es, naturalmente, lo correcto, lo claro, lo normal.

De esta forma, los antiguos hablantes de castellano crearon su propia versión del concepto de ‘bárbaro’ de los griegos. Comparando la etimología de algarabía y bárbaro nos percatamos de que los seres humanos mantienen actitudes y sentimientos muy semejantes a lo largo de los siglos e incluso de los milenios.

Las lenguas dan pistas sobre la historia y la forma de ver el mundo de las gentes que las hablaron. Por eso, el vocabulario es un libro que se abre para quien sabe leer en él.

Etimología de campechano

Campechano era y es la denominación que se les da a los habitantes de Campeche, una región histórica de la península de Yucatán que constituye hoy día uno de los estados de México. A partir de aquí surgió un sentido figurado que resulta frecuente en la lengua coloquial: ‘persona agradable, llana, poco dada a las formalidades’.

El vínculo entre una y otra acepción está en el carácter que se les atribuía a los naturales de Campeche. Al parecer, nuestros antepasados los veían como una gente sencilla y amable, que se caracterizaba por tener un trato especialmente agradable.

No he tenido ocasión de desplazarme hasta Campeche para comprobarlo, pero si algún día lo hago, informaré al respecto.

Etimología de negocio

El sustantivo castellano negocio procede del latín negotium. Esta palabra, a su vez, está formada por la negación nec y el sustantivo otium ‘ocio’:

nec + otium > negotium (literalmente, ‘lo que no es ocio’)

Es una forma curiosa de conceptualizar esta realidad extralingüística. Para los romanos los negocios u ocupaciones son lo que hacemos cuando no estamos disfrutando de nuestro tiempo libre.

Es también interesante que hoy en francés esta idea se expresa preferentemente con el sustantivo affaire, que es precisamente su reverso. Affaire es literalmente ‘lo que hay que hacer’. También existe en esta lengua négoce, pero su uso es más restringido.

El castellano se ha mantenido fiel a la palabra latina, por más que su significado originario haya quedado borrado por el paso del tiempo y ya solo sea accesible cuando nos paramos a reflexionar o cuando alguien nos muestra lo que lleva dentro.

Etimología de halcón

La palabra halcón tiene su origen, probablemente, en el latín falx, que significaba ‘hoz’. La explicación está en la forma curva que adoptan sus garras, al modo de dicho instrumento. De esta opinión son, por lo menos, Covarrubias y Corominas, aunque también hay quien ha buscado el parecido en el pico o en las alas. Nos encontramos, en cualquier caso, ante una denominación metonímica que reposa sobre la semejanza de forma entre dos objetos del mundo.

Esta etimología no es segura. Hay quien prefiere ver un origen germánico en esta palabra. En tiempos de Covarrubias se la llegó a relacionar incluso con el árabe. Sin embargo, no seguiremos estos caminos porque lo más razonable parece pensar que es herencia del latín, como la mayor parte del léxico de nuestra lengua y de sus hermanas, las otras lenguas románicas que todavía se hablan en el mundo.

Etimología de ‘sábado’

Sábado es día de descanso. Lo es en la práctica y lo es en la etimología.

Su origen remoto está en el hebreo šabbat, que era el día de descanso de los judíos. El significado de esa palabra era simplemente eso: ‘descanso’.

Antes de aterrizar en el castellano, pasó por un par de etapas intermedias. Desde el hebreo se introdujo en el griego con la forma sábbaton y a través de esta lengua llegó al latín del cristianismo como sabbatum.

Así fue como consiguió desplazar al antiguo día de Saturno (dies Saturni), del que todavía queda memoria en el inglés Saturday.

La evolución desde el hebreo al castellano, resumida, queda así:

(1) šabbat > sábbaton > sabbatum > sábado

Aunque pueda parecer muy diferente, el castellano sábado tiene el mismo origen que el francés samedi y el alemán Samstag. Estas dos formas, a su vez, tienen más en común de lo que parece. Ambas dan testimonio de otra rama de la evolución desde el hebreo. Para empezar, las dos incorporan la palabra día:

(2) same-di

(3) Sams-tag

Lo segundo que las une es que proceden de una versión popular del griego sábbaton:

(4) sámbaton

De ahí debió de salir una forma latina sambatum.

Sábado constituye un hermoso ejemplo de cómo, en cuanto empezamos a arañar en la superficie, comprobamos que es mucho lo que une al vocabulario de las lenguas europeas, incluso cuando no lo parece a simple vista.

‘Bonito’ y ‘bueno’ son lo mismo

No sé si te has parado a pensarlo, pero etimológicamente bonitobueno son lo mismo.

El adjetivo bonito es simplemente un antiguo diminutivo de bueno. La relación que se da entre las dos palabras es la misma que tenemos entre poderpuedo. Fíjate en este paralelismo y lo verás claro:

Bonito – bueno

Poderpuedo

Lo que marca la negrita en las líneas de arriba es la sílaba tónica. En muchas palabras del español se da un fenómeno fonético heredado de la época de transición desde el latín al castellano por el que la vocal o diptonga en ue cuando recibe el acento prosódico. Esto es especialmente visible en la conjugación de verbos como poder, contar, rodar, etc.

Inicialmente, bonito era un simple diminutivo, igual que guapito o rubito. Posteriormente se especializó para el significado de ‘lindo’ y a partir de ese momento quedó desplazado en su función de diminutivo por una nueva forma: buenecito.

A partir de ahí, bueno y bonito siguieron caminos separados hasta que se llegó a perder la conciencia de su relación. Y así es cómo a partir de una misma palabra hemos llegado a tener dos diferentes.

Estas rupturas dentro del léxico son relativamente frecuentes y están relacionadas con un fenómeno al que los especialistas en lingüística histórica se refieren como especialización semántica. Lo saco aquí a colación porque me parece una forma curiosa de poner de manifiesto las relaciones profundas que a veces unen unas palabras con otras y que a menudo pasan desapercibidas para el común de los hablantes.

Etimología de ‘cálculo’

Un cálculo es una piedra. Eso lo ha aprendido dolorosamente todo el que haya tenido un cálculo en el riñón (y no digamos ya un cálculo biliar). Pero un cálculo es también una operación matemática.

La relación entre lo uno y lo otro es evidente. Calcular viene del latín calculare, que originariamente era echar cuentas juntando piedras, manipulando un puñado de cantos. Los niños aprenden así las sumas y las restas, y de esa manera es como aprendió la humanidad a hacer sus primeras cuentas.

Pero si me interesa esta palabra es sobre todo porque constituye un buen ejemplo de cómo la metonimia moldea el léxico de las lenguas. Las operaciones matemáticas son abstractas. No se ven, no se tocan, no están en ningún sitio y por eso mismo nos resulta complicado entenderlas, representárnoslas, referirnos a ellas. Sin embargo, sucede una cosa. Para quien está aprendiendo las operaciones básicas, las sumas y las restas, estas aparecen en un primer momento indisolublemente unidas a cosas concretas, a unos cuantos guijarros que va poniendo y va quitando, que va trasladando de un montón a otro. Estos sí que los puede ver, tocar y manipular a su antojo. ¿Qué mejor forma de referirse a esa actividad, por tanto, que llamándola con el nombre de ese objeto?

Mano con piedra

Un cálculo de regular tamaño

El mecanismo está claro. Igual que necesitamos echar mano de una piedra para entender una operación matemática, también tenemos que ayudarnos de esa misma piedra para darle nombre.

Somos así. No damos para más. Y sin embargo, cuánto es lo que podemos conseguir a pesar de nuestras limitaciones o quizás, precisamente, gracias a ellas.

Nota: la imagen de la mano con la piedra es obra de Béotien lambda, que la ha publicado con licencia Creative Commons Atribución – Compartir igual 3.0.

Etimología de ‘álgebra’

Para muchos el álgebra es un quebradero de cabeza. Pues bien, etimológicamente no les falta razón.

La palabra álgebra viene del árabe al-gabr, que significa poco más o menos ‘la recomposición o recolocación de los trozos de una cosa que se ha roto’. Lo que ponían en su sitio los antiguos algebristas no eran variables ni relaciones matemáticas, sino algo más simple y más concreto: los huesos.

El álgebra era nada más y nada menos que el arte de recolocar los huesos que se rompían o se salían de su sitio. A partir de ahí, por una metáfora, se empezó a utilizar ese nombre para hablar del arte del matemático que conseguía reducir las operaciones matemáticas a otras más abstractas y generales. Como de costumbre, Covarrubias lo explica magistralmente en su Tesoro de la lengua castellana o española:

ÁLGEBRA, es arte de concertar los huessos desencasados y quebrados. Y dize el padre Guadix que es nombre corrompido de alchebra, que vale restitución, del verbo cheber, que sinifica restituir; Diego de Vrrea, que en su terminación Arábiga se dize giabirun, participio agente del verbo gebere, que sinifica hallar perdido o desconcertado y descompuesto [...]. A cierta regla de guarismo llaman Álgebra porque deve ser de quebrados que llaman los Arisméticos: de allí Algebrista.

¿Por qué recurrimos al nombre de un oficio corriente y moliente para denominar una parte de las matemáticas sumamente abstracta? Por un motivo muy sencillo. Nuestro sistema cognitivo está mejor preparado para manejar lo concreto que lo abstracto. Por eso, cuando un matemático realiza meticulosamente ciertas operaciones en las que va quitando números y poniendo letras en su lugar, lo que hacemos nosotros es imaginarnos a un señor que está juntando los trocitos de una cosa que se ha roto.

Así es como estamos hechos y así es como funciona el lenguaje.

Etimología de ‘jueves’

El castellano jueves procede de la expresión latina Jovis dies, que significaba ni más ni menos que ‘día de Júpiter’, pues este era el dios al que se le encomendaba este día de la semana.

En el paso al castellano se producen algunos cambios que merece la pena destacar. En primer lugar se pierde el elemento dies porque no siempre hacía falta especificarlo: se sobrentendía, como tantas palabras que aparecen siempre en compañía de otras y que por tanto son previsibles. Viene a ser lo mismo que ocurre hoy cuando decimos Estoy esperando el 27 en lugar de Estoy esperando el autobús 27.

Otro cambio importante es que la o de Jovis se convierte en ue. En latín había dos oes, una larga y otra breve. Pues bien, en el paso al castellano la o breve se convirtió en ue en las palabras en las que recibía el acento prosódico. Por eso se produce la evolución Jóvis > juéves. Fíjate en que la posición del acento es lo que explica por qué decimos hoy puédo frente a podérfuérte frente a fortachón. Encontramos un fenómeno análogo con la vocal e en viernes.

El dios Júpiter

El dios Júpiter

Y, por último, hay otro cambio del que no sé si te habrás percatado y que afecta al significado. En latín Jovis dies era una expresión transparente. Cualquiera que oyera eso entendía que le estaban hablando del día de la semana que estaba dedicado a Júpiter. En cambio, en español, si yo tengo necesidad de escribir este artículo es porque el sustantivo jueves se ha desmotivado: se ha perdido la relación con Júpiter, que ya solo es accesible para los estudiosos de la historia de la lengua. El nombre jueves en español ya simplemente nos remite a un día de la semana y no nos habla ni de los dioses ni de las cosas que pasaban en lo alto del Olimpo.

 

Etimología de ‘viernes’

El día de la semana que hoy conocemos como viernes se nombró originariamente en honor de la diosa Venus.

Viernes procede de la expresión latina Veneris dies, o sea, ‘día de Venus’; pero antes de llegar a la forma actual tuvo que dar algún que otro paso. La palabra dies (‘día’) era opcional en latín, de manera parecida a como hoy podemos decir el mes de agosto o, simplemente, agosto. El castellano viernes desechó la palabra día, que, sin embargo, se conservó en otras lenguas románicas:

  • Catalán: divendres
  • Francés: vendredi
  • Italiano: vener

Vemos además en los ejemplos de arriba que la palabra en cuestión se traía un cierto baile, porque lo mismo se podía poner antes o después del nombre de Venus.

La Venus Verticordia de Dante Rossetti

La Venus Verticordia de Dante Rossetti

No acabaron aquí los cambios en el paso del latín al castellano. Veneris era palabra esdrújula (véneris). Como consecuencia, la segunda e se pronunciaba muy débil. Prueba a pronunciar típico muy deprisa y comiéndote la segunda i; verás cómo apenas se nota. Esto es una muestra de que hoy siguen funcionando los mismos mecanismos fonéticos.

El caso es que los hablantes acabaron comiéndose del todo la segunda e de veneris. Todavía hoy tenemos un testimonio de este estadio en el nombre de este día de la semana en gallego: venres. A juzgar por el resultado, esa pronunciación no tenía mayor dificultad para los gallegos, pero por alguna razón a los órganos fonadores castellanos se les atragantaba en época medieval, así que acabaron dándoles la vuelta a las consonantes.

Solo queda por explicar un paso que me he saltado antes para no complicar más las cosas: la e que se pronunciaba acentuada diptongó y se convirtió en -ie-. Todavía hoy podemos apreciar este cambio fonético en alternancias como la de fregar/friego, que dependen de dónde recaiga el acento en la pronunciación.

Para terminar puede ser interesante que leamos juntos el artículo de Covarrubias para la palabra viernes en su Tesoro de la lengua castellana o española, que fue el primer diccionario del español:

VIERNES, vno de los dias de la semana, dicho assi por los Gentiles, en honor de la diosa Venus, o del planeta Venus. La Iglesia Catolica le dio nombre de sexta feria, y en ella hazemos remembrança de la passion, y muerte de nuestro Redemptor Iesu Christo, y con mas particularidad el dia del Viernes Santo. Los Viernes por esta razon, son dias de penitencia, y nos abstenemos de comer carne y grosura, y fuera de los Religiosos, muchos seglares deuotos añaden el ayuno. Prouerbio. Achaques al Viernes por no ayunarle. La semana que no tiene Viernes. Todas le tienen, pero en razon de la abstinencia dezimos no auer Viernes, quando la Pasqua de Nauidad cae en este dia.

Y ya está, esta era la curiosa historia del paso desde veneris dies hasta viernes.