Archivo para la categoría ‘etimología’

Etimología de ‘obús’

2 de Mayo de 2008

Obús de 16 pulgadasObús es una de las pocas palabras de origen checo que tenemos en nuestra lengua. Nos llega a través del alemán. Y ni siquiera la tomamos directamente de aquí. Antes tiene que pasar al francés y de allí lo hará al castellano. Así pues, se trata de un préstamo de tercera mano, nada menos. Esta es la cadena:

Checo houfnice > al. Haubitze > fr. obus > esp. obús

Houfnice (pronunciado aproximadamente “jóufnitse”) significaba al principio ‘catapulta’. Solo después se empezó a utilizar para hablar de piezas de artillería. Se trata de una metáfora que se basa probablemente en la trayectoria: el obús permite lanzar los proyectiles bombeados (o sea, describiendo una parábola). De esa forma se podía disparar con facilidad por encima de las propias tropas, de forma comparable a como lo haría una catapulta.

Según el diccionario histórico alemán de los hermanos Grimm (Deutsches Wörterbuch), la palabra entra en la lengua alemana en el siglo XV a raíz de las guerras husitas en Bohemia. De ahí pasa a las otras lenguas de Europa.

Etimología de ‘abril’

22 de Abril de 2008

La etimología de abril es dudosa. Su nombre en latín era aprilis. Se ha querido relacionar con el verbo aperire ‘abrir’ a través de una supuesta forma aperilis. La explicación es que en este mes la primavera abre la tierra, las flores, etc. Ovidio se hace eco de tal idea; pero esto, probablemente, no pasa de ser un caso de etimología popular.

También se ha propuesto como origen el griego aphrós ‘espuma’ a través de una forma supuesta aphrilis. El mes de abril estaba dedicado a la diosa Venus, quien, según la leyenda nace de la espuma. Su nombre en griego, Aphrodíte, lleva dentro la palabra espuma, aunque aquí, nuevamente, todo parece indicar que nos movemos en el terreno de la etimología popular.

En este caso, lo único que se sabe con certeza es que no se sabe.

Etimología de ‘camaleón’

31 de Marzo de 2008

Camaleón, autora: Hjvannes, licencia GNU de documentación libreCamaleón viene del griego khamailéon, que significa ‘león que se arrastra por el suelo’. Al castellano y a las otras lenguas románicas llega por mediación del latín:

Gr. khamailéon > lat. chamaeleon > cast. camaleón

El nombre griego es un compuesto de khamaí ‘por el suelo’ y léon ‘león’.

Se ha explicado como una denominación irónica motivada por su timidez (por ejemplo, Coromines en su Breve diccionario etimológico de la lengua castellana).

Esto es lo que nos cuenta Covarrubias sobre el camaleón en su Tesoro de la lengua castellana o española:

CAMALEON, este animalejo vi en Valencia en el huerto del señor Patriarca Juan de Ribera, de la misma figura que le pintan. Es cosa muy recebida de la su particular naturaleza mantenerse del ayre y mudarse de la color que se le ofrece en su presencia, excepto la roxa y la blanca, que estas no las imita […] Es nombre griego: chamæleon […] Vale tanto como humilis, seu parvulus leo [’león humilde o pequeño’, A. B.] Es el camaleón símbolo del hombre astuto, disimulado y sagaz, que fácilmente se acomoda al gusto y parecer de la persona con quien trata, para engañarla. Significa también el lisonjero y adulador, que si lloráis, llora; y si reís, ríe; y si, a medio día claro, decís vos que es de noche, os dirá que es assí, porque él ve las estrellas. Este tal merecía que se las hicieran ver realmente, con meterle en un poço muy hondo, de donde dizen poderse ver a medio día […]

Pues ya sabéis a qué ateneros con los camaleones (por lo menos, etimológicamente).

Autora de la imagen: Hjvannes, publicada bajo la licencia GNU de documentación libre.

Catalanismos en castellano

28 de Marzo de 2008

El catalán y el castellano son lenguas hermanas: las dos han salido de la misma madre, el latín, y se han criado en la misma casa, la Península Ibérica. Han crecido juntas, y como buenas hermanas que son se han prestado muchas cosas a lo largo de los años. Por eso en castellano encontramos hoy un número nada desdeñable de catalanismos.

Algunos tienen que ver con la gastronomía y se refieren a alimentos o utensilios existentes en los territorios de habla catalana y que Castilla conoció por su mediación, por ejemplo, paella, alioli, dátil, turrón, ensaimada, perol y butifarra.

Otros pertenecen al ámbito amplio de la economía, manufacturas, comercio, trabajo, etc., como peseta, cordel, cantimplora, faena, granel, papel, retal, esquirol, bajel, guante, pólvora, pincel y sastre.

Algunos se refieren a categorizaciones sociales, como orate, charnego y forastero.

También los hay relacionados con la vivienda: barraca, retrete y picaporte.

Entre los términos botánicos podemos citar clavel y trébol.

También son catalanismos capicúa, añoranza, salvaje y muchas otras palabras tan arraigadas hoy en castellano que ni siquiera sospecharíamos que fueron en su día préstamos.

Otra lengua con la que el catalán mantuvo un estrecho e intenso contacto durante siglos es el italiano. Muchos vocablos y conceptos de origen italiano llegan a la Península Ibérica por mediación catalana; y también en el léxico italiano ha dejado su huella el catalán, pero de eso ya tendría que ocuparse un blog de lengua italiana o catalana. Yo, con el castellano, bastante tengo.

Si le interesa el tema, quizás quiera consultar este trabajo de Claudia Sánchez, estudiante de Filología Hispánica en Salamanca, sobre los catalanismos en castellano.

Y si se le ocurre cualquier otra palabra, no deje de contárnoslo con un comentario a esta entrada.

Etimología de ‘braga’

18 de Marzo de 2008

No, no; no es que hoy vaya a publicar una entrada “porno”. La palabra braga(s), que en España designa una prenda interior femenina, es de origen celta y muy decente. A nosotros nos llega por mediación del latín braca.

Esta palabra se refería a una prenda de vestir propia de los galos, que los romanos desconocían y que les llamó poderosamente la atención: los pantalones. Cualquiera que haya leído un cómic de Astérix y Obélix se habrá dado cuenta de que los romanos visten toga, mientras que los galos se cubren las piernas con pantalones.

Por un desplazamiento metonímico, la palabra que se utilizaba para referirse a los pantalones empezó a aplicarse a la prenda que estaba en contacto con ellos por la parte interior y después acabó especializándose para la versión femenina.

Este es el significado que tiene hoy en el español europeo, aunque hay una gran variedad de denominaciones en el mundo de habla hispana.

En latín no existía el artículo. Este es una innovación de las lenguas románicas a partir de un demostrativo que significaba ‘aquel’:

Illem hominem ‘aquel hombre’ > el hombre

Illam civitatem ‘aquella ciudad’ > la ciudad

En este proceso, el demostrativo original experimenta diversos cambios.

Se reduce su sustancia fónica. Esto salta a la vista al comparar la forma latina con la castellana, que es más breve. La reducción afecta también al acento. El demostrativo latino era tónico, mientras que nuestro artículo es átono y se apoya en la palabra siguiente para su pronunciación. Compárese:

“íllem óminem” / “elómbre”

También se reduce su significado (esto es lo que se conoce como desemantización). Tanto el demostrativo como el artículo tienen un significado gramatical, abstracto. Sin embargo, el significado del demostrativo incluye más componentes. Nos muestra (de ahí su nombre) una realidad que está situada en el máximo grado de alejamiento, pues no está en la órbita de la 1.ª persona (yo) ni de la 2.ª () sino en la de una 3.ª (él). Un componente secundario de este significado es la definitud: esa realidad es conocida por haber sido nombrada anteriormente o porque forma parte por cualquier otro motivo del universo del discurso. Pues bien, en el paso del demostrativo latino al artículo castellano se pierde el componente primario del significado y solo queda este rasgo secundario de definitud.

Además, el artículo ha perdido libertad en cuanto a su posición (fijación sintagmática). En latín el demostrativo podía aparecer antes o después del nombre, o sea, podíamos decir lo mismo illem hominem que hominem illem. Pensemos que con nuestros actuales demostrativos también podemos decir aquel hombre o el hombre aquel. El artículo, en cambio, por fuerza tiene que anteceder al sustantivo: el hombre.

La presencia o ausencia de nuestro artículo viene determinada por reglas en la mayoría de los contextos. El artículo ha sufrido un proceso de obligatorificación. Por eso decimos El pan ha vuelto a subir, mientras que sería incorrecto Pan ha vuelto a subir.

Este proceso se dio en paralelo en castellano y en las otras lenguas románicas. Los resultados fueron ligeramente diferentes (por eso no se utiliza igual el artículo en castellano y en francés, por ejemplo). El pronombre de sujeto de 3.ª persona (él - ella - ello) tiene el mismo origen, pero es una forma tónica con una evolución propia. También salen de este demostrativo nuestros actuales pronombres átonos de 3.ª persona (por ejemplo, La vi ayer). En fin, que el ille latino fue bastante prolífico.

Etimología de ‘marzo’

6 de Marzo de 2008

Marzo viene del latín Martius ‘mes de Marte’, pues este mes estaba consagrado al dios romano de la guerra.

Este nombre está hoy convencionalizado, es decir, ya no remite a ningún dios sino tan solo al mes al que designa.

Etimología de ‘lunes’

2 de Marzo de 2008

El lunes es el día de la Luna.

En latín clásico, este día se llamaba dies lunae, pero la forma popular era dies lunis por analogía con dies martis (’martes’), dies jovis (’jueves’) y dies veneris (’viernes’). Para abreviar, se podía decir simplemente lunis. De ahí viene nuestro nombre actual. La evolución, por tanto, es esta:

Dies lunae > dies lunis > lunis > lunes

En Roma, los días de la semana se nombraban por los astros. En castellano esta relación solo se mantiene desde el punto de vista etimológico. Los nombres se han convencionalizado y desmotivado: la palabra lunes no remite a la Luna sino solamente al día de la semana. En el caso del sábado y el domingo, ni siquiera se mantiene la relación etimológica porque el cristianismo la ha borrado.

Etimología de ‘monje’

24 de Febrero de 2008

Etimológicamente, un monje es alguien que vive retirado del mundo. Este nombre procede del griego monachós ’solo, único’, es decir, el monje es un ser solitario.

La denominación se basa en una metonimia: uno de los atributos de la condición monástica es el estar apartado del mundo y este es el que se empleó para darle nombre.

Etimología de ‘trabajo’

16 de Febrero de 2008

Trabajo viene del latín tripalium, que significaba literalmente ‘tres palos’ y era un instrumento de tortura formado por tres estacas a las que se amarraba al reo.

Mediante una evolución metafórica, adquirió el sentido de ‘penalidad, molestia, tormento o suceso infeliz’ (Dicccionario de la Real Academia Española: trabajo, 9.). Eso es lo que significa en este ejemplo:

[…] quando veais que Dios embia trabajos, hambres, necessidades y guerras, no os aflijais ni penseis que Dios no se acuerda de vosotros, que no ay quando mas os quiera que el dia que os dà trabajos: ya la persecucion, ya la enfermedad, ya la muerte del padre, ya la del marido, ya la pobreza […] [Cristóbal Lozano: El Rey penitente: David arrepentido, 3.ª impresión, Valencia, 1698]

En el ejemplo anterior podemos reconstruir la metáfora inicial: sufrir una enfermedad es como estar atado a un instrumento de tortura.

Esta primera evolución metafórica supuso perder los rasgos más específicos del significado: ya no hay aquí maderas, ni se ata a nadie a ningún sitio; tan solo ha quedado la idea más general de sufrimiento.

El actual sentido de ‘ocupación retribuida’ resulta de una ulterior evolución metafórica a partir de aquí. Lo que se produce ahora es una especialización del significado, que pasa a ser más concreto, más específico.

En los cambios de significado de esta palabra hay también un elemento metonímico que liga la parte con el todo, el efecto con la causa: una parte (un efecto) de la tortura es el sufrimiento, que también está presente en cualquiera de las actividades con las que nos ganamos el pan. Pensemos, sobre todo, que en los antiguos trabajos en el campo este era un sufrimiento físico intenso. Cualquiera que haya vendimiado, sin ir más lejos, sabe lo que es el dolor de riñones, helarse por la mañana, sudar al mediodía, mojarse cuando llueve…

No, si al final va a resultar que no se está tan mal en la oficina… ¿o sí?