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¿’Aparte’ o ‘a parte’?

20 de Abril de 2008

Como norma general, aparte se escribe en una palabra. Tiene varios usos diferentes. En uno de ellos es un adverbio que significa ‘en otro lugar’, ’separado’ o incluso ‘a un lado, al margen’, como en el ejemplo (1):

(1) He tratado de dejar aparte todos los prejuicios que he ido acumulando contra el libro, leerlo, y luego formarme una opinión concreta [Tatuado en papel, acceso: 19-4-2008]

También existe la locución aparte de, que puede significar ‘además’ (2) o ’sin contar’ (3):

(2) Eric Olhsson es diseñador gráfico y trabaja como freelance aparte de ser músico [Graficante, acceso: 19-4-2008]

(3) Aún es joven, tiene 40 años y dos meses contados, y, aparte de unos triglicéridos rebeldes, está razonablemente sano [Fibromialgia, acceso: 20-4-2008]

Estos son los usos más importantes de aparte escrito junto. Quedan dos que solo comentaré de pasada porque no plantean tantas dudas. Hay un aparte adjetivo ‘diferente, singular’ (Ese es un caso aparte) y un aparte sustantivo, como en la expresión hacer un aparte con alguien ‘hablar con otra persona sin que se enteren los demás de lo que dicen’.

Hasta aquí llegan los usos de aparte escrito junto.

Además, ocasionalmente, pueden coincidir la preposición a y el sustantivo parte como palabras independientes en la secuencia a parte (separado):

(4) […] el conseller Huguet quiere escuchar a parte de la sociedad digital y se va a estudiar cómo impulsar la sociedad de la información [K-Government, acceso: 8-4-2008]

Las apariciones de esta combinación son relativamente escasas. Normalmente podremos reconocerla porque admitirá que introduzcamos un artículo entre la preposición y el nombre o incluso que añadamos un artículo y un adjetivo:

(5) El conseller Huguet quiere escuchar a una parte considerable de la sociedad digital

Haz la prueba con los ejemplos (1), (2) y (3); y verás cómo no funciona.

En resumen, antes de escribir a parte separado, desconfía y compruébalo. Probablemente estás metiendo la pata.

Existen unos pocos nombres cuyo acento cambia de sílaba al formar el plural:

Carácter > caracteres

gimen > remenes

Escimen > espemenes

Como vemos, el acento recae sobre una sílaba diferente, pero la posición relativa se mantiene. Así, para carácter, la sílaba tónica en singular es -rac- frente a -te- para el plural; pero la palabra es llana en singular y lo sigue siendo en plural, pese a que el sufijo de plural -es añade una sílaba.

En el caso de carácter y espécimen, algunos hablantes utilizan un singular regresivo que se forma a partir del plural, quitándole la terminación y manteniendo el acento en la misma sílaba que estaba acentuada en plural:

Caracteres > caracter

Espemenes > especimen

Estos singulares regresivos no están admitidos en la norma.

El singular agudo caracter se suele utilizar con el significado de ‘letra, signo de un sistema de escritura’ (por ejemplo, teclado de 104 caracteres, un caracter del alfabeto cirílico). De esta forma, se reserva carácter para ‘rasgos de la personalidad’ (Pedro tiene buen carácter) y se crea una nueva denominación para ’signo de la escritura’. La norma solo acepta la forma llana carácter para los dos casos.

Sobre todo

13 de Febrero de 2008

Sobre todo es una locución adverbial que se escribe separada y significa ‘especialmente, principalmente’. Veamos un ejemplo:

La idea de los folletos […] es acompañar a las mujeres —y al inmigrante en general—, sobre todo en materia de autoestima […] [Agenda de Derechos Humanos para el Bicentenario, acceso: 12-2-2008]

Hay también un sustantivo sobretodo que se escribe junto. Si es usted español, puede olvidarse de esta palabra porque se refiere a una prenda de vestir que cayó en desuso. Usted probablemente nunca escribirá sobre ella. Si es usted un hablante americano, es posible que esa palabra signifique para usted lo que para nosotros abrigo. Procure no confundirla con la expresión anterior.

O sea, prendas de vestir aparte, la forma correcta de escribir sobre todo es en dos palabras.

Caucus

14 de Enero de 2008

En estos días se está utilizando mucho la palabra caucus porque se están desarrollando las primarias para elegir al nuevo Presidente de Estados Unidos.

Dentro del complejo sistema electoral de este país, los caucus son asambleas de los partidos políticos que sirven en algunos Estados para elegir delegados que tendrán un papel directo o indirecto en la designación del candidato a Presidente. Iowa, por ejemplo, utiliza este sistema.

No voy a entrar aquí en los detalles de qué es un caucus. Para eso remito al lector al artículo correspondiente en la Wikipedia en inglés o en español. Lo que me interesa es el uso de esta palabra en nuestra lengua.

Si vamos a buscarla a los diccionarios académicos, veremos que no aparece ni en el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) ni en el DPD (Diccionario panhispánico de dudas). Eso no quiere decir que su uso sea incorrecto (¡cuidado!). Esta es una de tantas palabras que no están recogidas en el diccionario pero que son necesarias. Y probablemente acabará incorporándose cuando se sienta que está lo suficientemente arraigada en nuestra lengua.

Su uso en relación con el proceso electoral estadounidense está más que justificado, puesto que es un nombre necesario para referirnos a esa realidad específica. Si lo sustituyéramos por uno castellano como asamblea o convención, ganaríamos quizás en casticismo, pero no en precisión ni en claridad.

Eso sí, debemos tener la precaución de escribir caucus en cursiva (como se está haciendo en esta entrada) para indicar que es un extranjerismo.

Su plural es caucus, invariable. Sigue el modelo de las palabras españolas terminadas en -s que no son agudas, como virus:

El virus > los virus

El caucus > los caucus

Veamos un ejemplo de este plural en un texto periodístico de hace unos días:

El ex Gobernador de Massachussetts, Mitt Romney, ganó hoy los caucus del Partido Republicano en el Estado de Wyoming […] [La Vanguardia (España), 5-1-2008]

Debe evitarse el plural a la inglesa caucuses.

En resumen:

a) Caucus es un extranjerismo necesario que nos permite referirnos de manera precisa e inequívoca a una institución determinada.

b) Como es un extranjerismo, debemos escribirlo en cursiva

c) Utilizamos para el plural la misma forma que para el singular: caucus.

El plural de referéndum es referéndums, con -s al final.

La norma general es que las palabras latinas acabadas en -m forman su plural en castellano añadiendo una -s:

Pódium > pódiums

Memorándum > memorándums

Factótum > factótums

Ítem > ítems

Esta es la solución adoptada por las Academias en el DPD (artículo sobre plural, secciones 1.h y 1.k).

Las siguientes posibilidades no triunfaron y ya no se consideran válidas:

a) Atenerse al plural etimológico, es decir, formarlo como en latín: debemos evitar formas como referenda.

b) Utilizar la forma singular para el plural: fue durante mucho tiempo la solución propuesta, por ejemplo: los referéndum.

Los hablantes mostraban una preferencia clara por el plural terminado en -s y la norma ha terminado por dar cuenta de este hecho.

Lo que sí nos aconsejan nuestros académicos es que utilicemos la forma castellanizada siempre que esté disponible. O sea, es preferible decir el referendo, los referendos a el referéndum, los referéndums.

Hay un par de excepciones a la regla:

a) Las locuciones (expresiones fijas formadas por más de una palabra) se mantienen invariables en plural: los currículum vítae (no se añade -s a ninguno de los integrantes de la locución)

b) Álbum tiene un plural ya asentado álbumes, por lo que no se debe formar solamente con -s

Como se puede ver por los ejemplos anteriores, estos latinismos se acentúan siguiendo las normas generales.

‘Amoto’ y ‘atril’: reanálisis

27 de Diciembre de 2007

Las formas atril y amoto son el resultado de sendos procesos de reanálisis que han alterado las fronteras entre el determinante y el sustantivo.

Nuestro atril procede del latín lectorile (que, a su vez, procedía de lector):

Lectorile > latril > atril

Alguien debió de creer que la ele inicial de latril formaba parte del artículo. Así, una parte del nombre quedó embebida en el artículo:

El latril > el atril

El sustantivo moto surge de motocicleta por acortamiento:

Motocicleta > moto

Aparece así un nombre femenino terminado en -o. Esto no es más extraño que otros nombres femeninos terminados en -o como mano, pero contribuyó al cambio. Si en el caso de atril una parte del nombre se integró en el determinante, en el de moto es el determinante el que le va a pasar un trozo al nombre:

Una moto > un amoto

Estas dos palabras tienen diferente consideración desde el punto de vista normativo: amoto se considera incorrecta, mientras que atril es correcta.

Bodega, botica, boutique

24 de Diciembre de 2007

Hoy día tenemos en español tres nombres que están emparentados históricamente pero que tienen diferente significado y diferente consideración social:

Bodega, botica, boutique

Los tres vienen del griego apothéke, que significaba ‘almacén’. Cuando se conoce la etimología, enseguida se cae en la cuenta de que sus significados están relacionados: los tres son sitios donde se almacenan cosas (que después se pueden vender). Los almacenes estaban normalmente en los sótanos, que eran el mejor sitio para conservar alimentos, bebidas, hierbas medicinales, etc. En una bodega se prepara, guarda y elabora el vino; en una botica, las medicinas; y en una boutique, mercancías en general (la boutique era en francés al principio cualquier tipo de tienda y solo después se especializó en el significado de tienda de moda o de productos selectos).

Mientras que la palabra bodega pertenece a un nivel neutro de lengua, botica pertenece a los niveles populares y boutique a los de prestigio.

La palabra bodega es perfectamente presentable en sociedad, pero puede aparecer también en los contextos más populares. Es como esas camisas que quedan bien igual con un traje que con unos vaqueros. El vino lo mismo se bebe en la taberna que en los palacios, en bota que en copa de cristal.

Cuando hablamos de una botica o de un boticario, no podemos evitar pensar en las cosas de antiguamente, en los pueblos, en partidas de dominó con el boticario, el cura y el alcalde, en un mundo que ya no existe o está dejando de existir. Si a un licenciado en farmacia recién salido de la facultad le digo que ya es boticario, me pondrá mala cara. Si le digo que es farmacéutico, ya es otra cosa. Botica y boticario tienen un tufillo sospechoso y han sido sustituidos por los términos más prestigiosos farmacia y farmacéutico.

Lingüísticamente, el origen de la boutique es el mismo que el de la botica y, sin embargo, su consideración social es muy diferente. Boutique nos llega a través del francés. Esta palabra recibe su prestigio del que tienen la lengua y la cultura francesas, de París como uno de los grandes centros de la moda internacional y de la condición selecta de las mercancías que allí se venden. Tanto prestigio tiene que es capaz de traspasárselo a todo lo que se le ponga al lado, como un actor al que le basta con aparecer con alguien para hacerlo famoso. Piénsese en la diferente impresión que producen estas dos oraciones:

Mi hijo ha puesto una tienda de ropa

Mi hijo ha puesto una boutique

Las dos se refieren a la misma realidad, pero al oír la segunda no podemos dejar de pensar en un establecimiento con un cierto nivel. Quien utiliza esta palabra, participa del prestigio de la cultura que nos la dio y de los productos que se venden en esas tiendas.

A los franceses les resultan curiosos otros usos del término que hemos empezado a hacer en español para diseminar su prestigio, para elevar realidades muy humildes, por ejemplo:

Boutique del pan

Boutique de la fruta

Hoy muchos comerciantes estarían dispuestos a abrir una boutique del pan, pero ya hace falta más valor para decir que vas a poner una tahona.

Al final, la cuestión es dime con quién andas y te diré quien eres. El vino pertenece a lo popular y castizo, pero también a lo culto y distinguido. Entender de vino siempre es un signo de distinción y refinamiento. Por eso la palabra bodega se mueve con la misma comodidad en la corte que en la aldea. La botica pertenece a lo castizo y popular, pero le falta el sentarse a las buenas mesas y el codearse con las gentes de posibles. En francés todo resulta más fino y el lujo es más lujoso. Esto incluye, naturalmente, a las boutiques parisinas y a cualquier realidad que toquemos con la varita mágica de la palabra boutique.

¿O no? ¿Por qué no nos cuenta usted qué le parece?

Los adverbios terminados en -mente (por ejemplo, sinceramente) no existían en latín. Son una innovación de las lenguas románicas. Surgen de expresiones como esta:

Clara mente (’con mente clara’)

Lo que tenemos en el ejemplo es un adjetivo (clara) combinado con el sustantivo mente. El sustantivo y el adjetivo están en caso ablativo, que era el del complemento circunstancial. Esta combinación podía aparecer en oraciones del tipo:

Te lo digo con la mente clara

Al principio, los adjetivos tienen que ser compatibles con el significado de mente. Despues mente se va vaciando de significado hasta quedar convertido en un elemento que sirve para formar adverbios a partir de adjetivos. La pérdida de significado va acompañada de la pérdida de libertad en el plano formal: deja de ser una palabra independiente para convertirse en un sufijo que forzosamente va ligado a un adjetivo.

Todavía encontramos un indicio de su origen en el hecho de que el adverbio se construya a partir de la forma femenina del adjetivo. El sustantivo mente era femenino y el adjetivo tenía que concordar con él.

Encontramos otro rastro de su procedencia en el doble acento que presentan estos adverbios en la lengua oral; decimos:

Cláraménte

Tanto el adjetivo como el sufijo adverbializador -mente llevan su propio acento como recuerdo de que en su día fueron palabras independientes. Esto es excepcional en nuestra lengua. Los compuestos llevan normalmente un solo acento, por ejemplo sacacórchos, donde el acento recae únicamente sobre el segundo componente.

También en la lengua escrita, la acentuación de los adverbios en -mente es particular: solo lleva tilde el adverbio si el adjetivo la lleva por sí solo, como pidamente.

Hay otra peculiaridad más que se explica por su origen. Cuando se coordinan dos de estos adverbios, lo normal es que el sufijo sólo aparezca en el segundo:

Este es un punto de vista general en todos los asuntos políticos: cuanto se haga, hay que hacerlo honrada y sinceramente [Ángel Ganivet: Idearium español]

Esto no ocurre con otros sufijos. Es el antiguo sustantivo independiente que asoma una vez más.

El sustantivo latino mens mentis se ha roto en dos en su paso al castellano y a las otras lenguas románicas: un nombre mente que es su sucesor directo y un sufijo adverbializador -mente. Hoy los hablantes no reconocen ninguna relación entre uno y otro a pesar de que históricamente son hermanos y tienen la misma forma. Es normal: los hablantes se dedican a hablar y no a hacer historia de la lengua. ¡Por suerte!

Nombres comunes en cuanto al género

29 de Noviembre de 2007

Los nombres comunes en cuanto al género son los que disponen de una única forma para masculino y femenino, como, por ejemplo, turista:

El escritor —no lo puede evitar— siente una especial predilección y atracción por el turista pobre […] [Camilo José Cela: Cajón de sastre]

Sin siquiera una idea articulable olió el peligro, se dijo que por más atrasada que estuviera la turista inglesa en su cena era necesario quedarse ahí […] [Julio Cortázar: Territorios]

Se trata de nombres que se refieren a seres vivos que tienen sexo. El sustantivo cambia de género para dar cuenta de las diferencias de sexo de los seres a los que se refiere (esto se conoce como moción de género). Su peculiaridad consiste en que el cambio de género no va acompañado de un cambio de forma del nombre (no hay terminaciones diferentes para masculino y femenino). Sí que podemos apreciar el cambio de género por la concordancia de determinantes (en los ejemplos de arriba, el, la) y adjetivos (inglesa).

Otros ejemplos de nombres comunes en cuanto al género son soldado, piloto, testigo, cónyuge, modelo, atleta, conserje, estudiante, yonqui, canciller, etc.

Nombres epicenos

12 de Noviembre de 2007

Los nombres epicenos se refieren a seres vivos sexuados. Son sustantivos que presentan un único género gramatical, ya sea masculino o femenino. Esto supone que no pueden cambiar de género para indicar una diferencia de sexo en los seres a que se refieren.

Muchos sustantivos epicenos son nombres de animales, por ejemplo:

El avestruz, la serpiente, el hámster, el águila, la gacela

Algunos se refieren a personas:

La víctima, la persona

Un sustantivo como gacela es femenino y no puede tener otro género. No podemos formar un masculino cambiando la terminación (gacelo) o sustituyendo el artículo femenino por el masculino (el gacela). Dado que no disponemos de medios morfológicos, si queremos especificar el sexo del referente, tendremos que recurrir a medios léxicos. Esto es lo que se hace en el siguiente ejemplo, en el que palabras adicionales (macho, hembra) son las encargadas de expresar la diferencia de sexo:

Una pantera macho jugueteaba con una pantera hembra

En este otro ejemplo, para especificar el sexo de la persona de la que se habla (la víctima) se recurre a medios parafrásticos, o sea, se explica:

La víctima era un hombre de 57 años de edad que falleció al salirse de la vía el coche en el que circulaba […] [Sur Digital (España), 20-10-2007]

Los nombres epicenos no han de confundirse con los ambiguos y comunes en cuanto al género, de los que nos ocuparemos en sendas entradas.