Archivo para la categoría ‘sustantivo’

Los nombres y adjetivos que terminan en vocal + y tienen dos posibilidades para formar el plural: algunos añaden solamente -s; y otros, -es. Un ejemplo del primer tipo es jersey:

¿Por qué las ovejas no encogen cuando llueve y los jerséis de lana sí? [irrelevante, acceso: 30-3-2009]

Como podemos ver en la oración de arriba, estas palabras tienen la peculiaridad ortográfica de que la y cambia a i al añadir el sufijo. Nótese que el plural del ejemplo anterior se acentúa porque es una palabra aguda terminada en -s. También siguen este modelo espráis, taráis, yoqueis, etc.

Entre las palabras que añaden -es tenemos rey, ley, buey, convoy, bocoy. Veamos un nuevo ejemplo:

Faltan leyes que sancionen el derroche indiscriminado [Blog del Proyecto Lemu, acceso: 30-3-2009]

Algunas palabras oscilan o han oscilado entre un plural y otro. Por ejemplo, guirigay admite los dos; mientras que convoy tiene hoy un plural convoyes que ha acabado imponiéndose a convoys.

No hay forma de saber de antemano qué sufijo es el necesario. Esto forma parte de la idiosincrasia de cada palabra y es, por tanto, un problema que nos debería resolver el diccionario. Sin embargo, los diccionarios tradicionales no incluían información sobre la formación del plural ni siquiera para las palabras que podían resultar dudosas. El Diccionario panhispánico de dudas ha venido a llenar esta laguna, al menos para las palabras más frecuentes.

Las palabras terminadas en -s forman el plural de dos maneras diferentes, dependiendo de la sílaba en que recaiga el acento.

Si la palabra es aguda, es decir, si va acentuada en la última sílaba, añade -es. Así, de obús, tenemos obuses:

[...] mis padres aceptaron casi encantados, porque entonces lo que más nos tiraban eran obuses y como nosotros vivíamos en el último piso, los oíamos silbar por encima del tejado y nos daba mucho miedo [Soy una Pobre Pensionista, acceso: 19-1-2009]

Si el acento recae en cualquier otra sílaba, la forma de plural es la misma que la del singular, por ejemplo, el lunes – los lunes:

Esta mañana me he levantado y era lunes, y ya todos los lunes son malos, pero si encima sales a la calle y llueve, y se te olvida el abono transporte [...] [Principio de Incertidumbre, acceso: 19-1-2009]

Esta regla se aplica también a las palabras que terminan en -x porque lo que cuenta aquí no es la escritura sino la pronunciación, de modo que el plural de fénix es los fénix:

Prepotentes, orgullosos y sibaritas, los Fénix no se distinguen por tener una relación bondadosa con las demás razas de la Bruma [Los Cuentos de la Bruma, acceso: 19-1-2009]

También nos hace dudar a veces el plural de las palabras terminadas en y en .

Nombres con moción de género

15 de Enero de 2009

Nombres con moción de género son los que pueden adoptar el género masculino o femenino dependiendo del sexo del ser al que se refieren.

Lo normal es que este cambio de género se exprese morfológicamente con terminaciones diferentes, por ejemplo, niñ-o, niñ-a.

No obstante, esto no siempre es así. Los nombres comunes en cuanto al género, presentan moción de género, pero no reflejan este cambio con terminaciones diferentes, sino que tienen una misma forma para masculino y femenino: el turista, la turista.

Por otra parte, no todos los nombres que se refieren a seres sexuados presentan moción de género. Este es el caso de los nombres epicenos.

Déficit, superávit, accésit

8 de Enero de 2009

Hay tres palabras latinas de uso asentado en el español culto que terminan en -t: déficit, superávit, accésit. En latín eran verbos, pero hoy los utilizamos como sustantivos.

Déficit viene de deficio y significa simplemente ‘falta’. Ese es hoy su sentido, aunque un poco más especializado. Déficit es la diferencia negativa entre los ingresos y los gastos; por ejemplo, el dinero que le falta al Ministro de Economía a final de año. Podemos ver cómo se utiliza en un texto real:

El déficit de EEUU registrará 1,2 billones de dólares en el año 2009, sin contar el gasto adicional en el plan de estímulo económico que impulsa Barack Obama [...] [Jaque al Neoliberalismo, acceso: 7-1-2009]

Superávit es el perfecto del verbo supero y significa etimológicamente ni más ni menos que ’sobró’. De hecho, nuestro verbo sobrar no es sino la forma castellanizada de superare. El superávit es el dinero que le sobra al mismo Ministro de Economía en año de vacas gordas si se sabe administrar. Veamos un ejemplo un poco más preciso:

La balanza comercial argentina registró en noviembre un superávit de 952 millones de dólares [...] [Economía Avanzad@, acceso: 8-1-2009]

Nuestro accésit viene de una forma de perfecto de accedo. De los tres es el que más se ha especializado semánticamente. Hoy en castellano se refiere específicamente a un premio secundario de concursos literarios o de otro tipo. Quiere decir que la obra casi llegó ahí, al pódium, que le faltó poco para alcanzar el máximo galardón, como en esta oración:

En el concurso, el gijonés Ricardo Candás obtuvo el accésit con su obra ‘El día que desapareció Bernarda’ [avilés:ciudad de mujeres, acceso: 8-1-2009]

Hay que tener cuidado con la pronunciación de esta palabra, que es llana (acsit), no la vayamos a convertir en esdrújula como hacen muchos.

Tradicionalmente se recomendaba no formar el plural de estas palabras porque en latín eran verbos. Finalmente se ha impuesto el criterio de que su plural se debe formar añadiendo una -s, como sustantivos que son hoy día. Estos son los plurales correctos:

Los crecientes déficits comerciales y de cuenta corriente [...] significan que EEUU necesita atraer más de 700 mil millones de dólares este año para impedir que el dólar se debilite [e4blog, acceso: 8-1-2009]

Brown dijo a la prensa que las naciones con los mayores superávits deberían hacer todo lo posible para ayudar [Economía Avanzad@, acceso: 8-1-2009]

Tanto el primer premio como los accésits podrán declararse desiertos [Sociedad del Pie Peludo, acceso: 8-1-2009]

La verdad es que a mí me sigue costando trabajo pronunciar esas terminaciones en -ts, sobre todo si van seguidas de consonante; pero no deja de tener su lógica que se regularice el plural.

Nótese que aunque son palabras latinas se acentúan. Así se debe hacer con las que se han integrado en el léxico castellano.

La pierna es un jamón

23 de Noviembre de 2008

Nuestro nombre pierna viene del latín perna, que significaba ‘jamón’.

‘Pierna’ se decía en latín clásico crus, pero en el habla popular se prefería la otra forma, que era más divertida. Esto era típico del latín vulgar: se sustituían las expresiones serias del habla culta por otras más expresivas.

Es lo mismo que hacemos hoy cuando nos ponemos a hablar de nuestras cosas con nuestros amigos, familiares, compañeros de trabajo… Es más, esta misma metáfora sigue vivita y coleando en el mundo hispánico. Cuando un abuelo dice orgulloso “qué jamones tiene esta niña”, está asociando la pierna de la criatura y la pata del animalito, como se ha hecho durante miles de años a orillas del Mediterráneo, donde el cerdo tiene una enorme relevancia cultural.

Imagínate un buen jamón. Todo lo que te sugiere es lo que lleva dentro esta metáfora: una pata lustrosa, recubierta de carne sabrosa y consistente, que solo de verla ya se le hace a uno la boca agua…

Estos mecanismos expresivos son fundamentales en el cambio lingüístico. Lo que empieza siendo una ocurrencia ingeniosa puede triunfar, de modo que la gente lo va repitiendo. Si tiene más éxito todavía, puede asentarse en el léxico de una lengua y, con un poco de suerte, llegar a desplazar a la expresión original.

Las lenguas sirven para que la gente hable de lo que siente, lo que le preocupa, lo que necesita. Sirven para regañar, embaucar y decir tonterías. Y dentro de esa masa va el fermento del cambio, que permite que las palabras y quienes las pronuncian vayan acompasados en su recorrido por el mundo.

Nombres de género inherente

10 de Noviembre de 2008

Nombres de género inherente son los que solo tienen un género (o masculino o femenino) y no pueden cambiarlo.

Frecuentemente designan realidades asexuadas, por ejemplo, la mesa, el libro, la bacteria, el espermatozoide, la patata, el tomate.

No obstante, también pueden referirse a seres vivos con sexo. En ese caso, nos encontramos ante los denominados sustantivos epicenos. Estos son nombres con un solo género que pueden referirse a individuos de uno y otro sexo, por ejemplo, la serpiente, la perdiz, el ornitorrinco, el gorrión, la persona, etc.

Otro caso particular es el de los sustantivos que expresan la diferencia de género mediante heteronimia, es decir, que tienen palabras diferentes para el individuo de sexo masculino y el de sexo femenino, por ejemplo, hombre/ mujer, caballo/ yegua. Cada uno de esos nombres es de género inherente; por ejemplo caballo es inherentemente masculino y no hay posibilidad de que adopte el género femenino.

Frente a los sustantivos de género inherente se encuentran los que tienen moción de género, en los que esta categoría gramatical varía según se refieran a seres de sexo masculino o femenino (por ejemplo, niño/ niña).

El guardés, la guardesa y el guarda

21 de Octubre de 2008

A pesar de lo que pueda parecer por el título, esta entrada no tiene nada que ver con triángulos amorosos ni nada por el estilo. Se ocupa de un modesto problema de morfología.

Si nos fijamos en el sustantivo guardés, nos daremos cuenta de que tiene una forma poco habitual para el castellano. Esto es así porque se trata de una formación regresiva a partir del femenino guardesa.

El par originario era guarda y guardesa. Este femenino presenta la misma terminación -esa que encontramos en abadesa o condesa. Solo un puñado de sustantivos forman así el femenino y tienden a pertenecer a registros cultos. Es probable que a muchos hablantes les sonara raro. Los hablantes de cualquier lengua no suelen tener mayor inconveniente en oír cosas que no entienden. Están acostumbrados desde pequeñitos. Lo que no soportan es decir cosas que no entienden. Cuando se encuentran en ese brete, buscan una explicación a su manera.

En el caso que nos ocupa, la solución fue inventarle a guardesa un masculino guardés. Ahora todo encajaba. En lugar del femenino en -esa teníamos simple y llanamente un femenino en -a. Se había producido un reanálisis, es decir, se reinterpretaron las fronteras morfológicas y donde teníamos una estructura guard-esa algunos empezaron a ver guardes-a.

El antiguo masculino guarda no desapareció, sino que quedó como un término de significado general aplicable a cualquiera que desarrolla tareas de vigilancia. Guardés/ guardesa se especializó semánticamente y se utiliza, sobre todo en su forma plural los guardeses, para referirse a quienes guardan una casa o una finca, generalmente viviendo en ella. Con este significado está recogido en el diccionario.

Y esto es todo. El problema era modesto, pero espero que tuviera también su interés.

El queísmo

17 de Octubre de 2008

El queísmo es un fenómeno antinormativo que consiste en eliminar ante la conjunción que una preposición exigida por un verbo (1a), sustantivo (2a) o adjetivo (3a):

(1a) Me acuerdo que hasta a Zidane le pusieron en duda cuando llegó [...] [As, acceso, 17-10-2008] [incorrecto]

(1b) Me acuerdo de que hasta a Zidane le pusieron en duda cuando llegó

(2a) Si la carrera a la Casa Blanca es una competición de fondo, que lo es, no cabe duda que el senador por Illinois, el demócrata Barack Obama, sigue llevando la delantera a su rival, el senador por Arizona, el republicano John McCain [La Vanguardia, acceso: 17-10-2008] [incorrecto]

(2b) Si la carrera a la Casa Blanca es una competición de fondo, que lo es, no cabe duda de que el senador por Illinois, el demócrata Barack Obama, sigue llevando la delantera a su rival, el senador por Arizona, el republicano John McCain

(3a) Estoy seguro que los mismos que lo hicieron el martes, cantarán el himno cuando Francia juegue en la Eurocopa o el Mundial [Público, acceso: 17-10-2008] [incorrecto]

(3b) Estoy seguro de que los mismos que lo hicieron el martes, cantarán el himno cuando Francia juegue en la Eurocopa o el Mundial

Las formas correctas son las de (1b), (2b) y (3b). El que el sustantivo forme parte de una locución, como en el ejemplo (2), no afecta a su régimen.

Normalmente, la preposición suprimida es de, como en los ejemplos anteriores, aunque también pueden ser otras, como en:

(4a) Esta versión fue desmentida por Xulio Calviño, quien insistió que un coche de un año [...] no tiene por qué pasar la ITV [La Voz de Galicia, acceso: 17-10-2008] [incorrecto]

(4b) Esta versión fue desmentida por Xulio Calviño, quien insistió en que un coche de un año no tiene por qué pasar la ITV

La pregunta del millón es, naturalmente, cómo sé yo si tengo que utilizar preposición y cuál. Para esto no hay reglas, puesto que es un problema léxico. Forma parte de la idiosincrasia de ciertas palabras el incluir una determinada preposición en su plan de construcción. El único remedio consiste en consultar el diccionario. El Diccionario panhispánico de dudas nos será de utilidad, por lo menos para los casos más frecuentes. Te recomiendo que lo añadas a los motores del búsqueda del navegador para tenerlo siempre a mano. También el María Moliner contiene información útil sobre régimen.

Como los hablantes se sienten inseguros, unas veces eliminan y otras veces añaden preposiciones incorrectamente. Cuando ocurre esto último, nos encontramos con el fenómeno opuesto, conocido como dequeísmo.

Una de las mayores sorpresas lingüísticas de mi niñez fue descubrir que la mujer del caballo no era la caballa sino la yegua.

En castellano, el procedimiento normal para expresar la oposición de género gramatical consiste en variar la terminación manteniendo la base:

Niño, niña

Sin embargo, un puñado de nombres tienen formas completamente diferentes para masculino y femenino, como caballo, yegua; es decir, expresan la oposición de género por heteronimia.

Heteronimia es un término formado sobre raíces griegas: héteros ‘diferente’ y ónoma ‘nombre’. Es un fenómeno que se produce cuando confluyen nombres de etimología diversa para expresar significados diferentes pero íntimamente relacionados, en este caso, la oposición de género.

Caballo viene del latín caballus ‘caballo malo’, mientras que yegua procede de equa ‘yegua’. La oposición del latín clásico entre equus y equa fue sustituida por el par caballus/ equa.

En castellano tenemos algunos casos más de heteronimia, por ejemplo:

Hombre, mujer

Padre, madre

Yerno, nuera

Toro, vaca

Como se puede ver, suele afectar a nombres que tienen una gran relevancia cultural (o que la tuvieron históricamente). Lo contrario sería antieconómico. Imagínate cómo sería una lengua en la que masculino y femenino no tuvieran nada que ver.

Este fenómeno también se observa en otras lenguas en las que existe el género como categoría gramatical. Una diferencia relevante en todas las culturas del mundo es la diferencia de sexo, sobre todo, la del hombre frente a la mujer. Pues bien, aquí encontramos heteronimia en muchas de las lenguas de Europa. Estos son solo unos pocos ejemplos:

Castellano: hombre, mujer

Catalán: home, dona

Euskera: gizon, emakume

Francés: homme, femme

Alemán: Mann, Frau

Checo: muž, žena

Griego: ándras, gynaíka

Poco a poco fui superando el choque de mi primer encuentro, a tan corta edad, con la heteronimia. Incluso conseguí hacerme a la idea de que la caballa era un animal que venía en lata y se comía en bocadillo. Pero quién sabe si por eso me dio después por estudiar estas cosas…

¿Esquís o esquíes?

3 de Octubre de 2008

Para los nombres y adjetivos terminados en -i tónica, coexisten dos plurales diferentes, uno en -s y otro en -es:

En la ermita de Lomos de Orios, [...] me dijo Luisvi (el santero) que había visto subir a unos montañeros del club Sherpa de Logroño con los esquís al hombro [Montes, acceso: 2-10-2008]

Es lo que tenemos los enfermos, que contamos el tiempo que queda para volver a ‘calzarnos’ los esquíes y volver a deslizarnos por la nieve [El Planeta Imaginario, acceso: 2-10-2008]

Esto probablemente ya lo sabías y lo que te preguntas es cuándo se utiliza el uno y cuándo el otro. Lo que tenemos aquí, más que una norma estricta, son tendencias. En general, las palabras pertenecientes a registros cultos, tienden a mantener la terminación -es. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con los gentilicios (adjetivos de procedencia geográfica):

Los panecillos marroquíes especiados son otra delicia que acompaña muy bien a distintas comidas [...] [Gastronomía y Cía, acceso: 2-10-2008]

Esto nos lo confirma nuestro querido Google. Una búsqueda exacta para marroquíes arroja 1 300 000 documentos frente a tan solo 39 700 para marroquís [1-10-2008], es decir, un 97% de las apariciones para una y tan solo un 3% para la otra. Lo que predice la gramática se confirma, por tanto en el uso.

Las palabras de registros más populares, en cambio, prefieren el plural en -s, por ejemplo, pirulís, popurrís:

La anterior canción es una traducción aproximada de la canción Les Sucettes (Los pirulís), compuesta por Gainsbourg (quién si no) [Joel Loves Clementine, acceso: 2-10-2008]

[La canela] También se emplea a menudo para hacer almohadillas perfumadas y popurrís de flores olorosas [Casa y Jardín, acceso: 2-10-2008]

Aquí hay que evitar el plural en -es.

Hay también un grupo de palabras que no se decantan claramente. Por ejemplo, el motor de búsqueda de Google devuelve 20 200 documentos para bisturís y 17 600 para bisturíes [1-10-2008]. La diferencia es, pues, poco significativa. En el caso de esquís/ esquíes, que era el que daba título al artículo, las dos formas se consideran correctas y tienen uso.

Hay incluso un sustantivo con tres plurales correctos:

Maravedí > maravedís, maravedíes, maravedises

En la práctica, hacemos poco uso de esta palabra porque se refiere a una realidad (una unidad monetaria) que ya no existe. Hecha esta salvedad, la forma más corriente es maravedís, ocasionalmente se puede presentar maravedíes y solo en textos antiguos encontraremos maravedises.

El lector perspicaz probablemente se habrá percatado de que el plural maravedises tiene que ver con otro que aparece popularmente en nombres terminados en vocal tónica, por ejemplo:

Pie > pieses

Café > cafeses

Ni que decir tiene que estos otros plurales no son normativos.

Por último, el plural de (afirmación) es siempre síes, mientras que el de si (nota musical) es sis (este último, al menos, virtualmente; no he podido documentarlo en la práctica):

Síes 205, Noes 228. Rechazada la moción [Desde Washington, acceso: 2-10-2008]

También te puede interesar la formación del plural de nombres y adjetivos terminados en -u tónica (por ejemplo, tabús/ tabúes) porque es un caso análogo al que estamos estudiando.

En definitiva, la formación del plural de los nombres y adjetivos terminados en -i tónica no es un problema baladí… y si fueran varios no serían baladíes ;)