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¿En qué se parecen el francés y el andaluz?
19 de Noviembre de 2009
No, esto no es un chiste del tipo Van un inglés, un francés y un español. Va muy en serio y espero que sirva para mostrar que lo que en unos parajes es correcto en otros se puede considerar dialectal o incluso vulgar.
El francés y el español son dos lenguas románicas que, partiendo de la base del latín vulgar, se han ido alejando poco a poco. Resulta curioso, sin embargo, que en este viaje una de las variedades del español, el andaluz, haya llegado al mismo sitio que el francés.
Para no complicar demasiado la exposición voy a pedirles a los lectores que me permitan la licencia de tratar el andaluz como si fuera una variedad homogénea, aunque todos sabemos que no lo es.
La primera coincidencia y más llamativa es el seseo. Comparemos las siguientes palabras:
Cesar – cesser [sɛ.se]
Si yo, como hablante de Castilla, pronuncio el verbo cesar, haré una diferencia entre la primera consonante y la segunda. Un hablante andaluz, en cambio, las pronunciará iguales. Pues bien, en esto coincidirá con el hablante de francés.
El francés, como lengua, es seseante. Si carece de denominación para este fenómeno, es porque cuando todo el mundo sesea desaparece la noción misma de seseo, igual que, si todos fuéramos rubios, no tendríamos nombre ni para rubio ni para moreno. Es importante explicar esto para que entendamos que el concepto de seseo, en español, solo adquiere sentido en contraste con las variedades distinguidoras del Norte de la Península Ibérica.
Otro fenómeno fonético típicamente andaluz es la pérdida de las consonantes finales. Estoy seguro de que muchos hablantes andaluces pronunciarían el verbo cesar sin la -r final. Una vez mas, es lo mismo que encontramos en francés.
De rebote, la relajación y pérdida de las consonantes finales podría llevar a confundir el singular y el plural. Uno de los mecanismos compensadores que se han desarrollado en andaluz consiste en marcar el plural mediante la apertura vocálica. En los dos ejemplos siguientes, la o abierta [ɔ] distingue el plural del singular:
Niño – niños
[ 'ni.ɲo - 'ni.ɲɔ]
Algo de esto podemos encontrar también en francés, por ejemplo, en el artículo determinado, cuyo plural se pronuncia con una e más abierta:
[lə] – [lε]
La última semejanza de que me voy a ocupar aquí tiene que ver con el uso de los pronombres personales. En castellano tenemos tú y usted como formas de confianza y de respeto, respectivamente, del pronombre de segunda persona. Estas formas se corresponden en plural con vosotros y ustedes:
Tú – usted
Vosotros – ustedes
Este sistema queda simplificado en andaluz con la pérdida de la forma de confianza vosotros en el plural, con lo que el anterior cuadrado castellano queda convertido en un triángulo invertido:
Tú – usted
Ustedes
Pues bien, esta es, ni más ni menos, que la disposición que encontramos en francés, lengua en la que a tu (confianza) – vous (respeto) en singular se opone únicamente vous en plural:
Tu – vous
Vous
Insisto en que para desarrollar esta breve comparación me he visto obligado a simplificar mucho y a pasar por alto la considerable diversidad de las hablas andaluzas. Lo que me interesaba no eran los detalles sino mostrar cómo un mismo fenómeno lingüístico puede tener diferente consideración social en diferentes lugares.
No faltará quien me diga —y con razón— que lo que aquí cuento no es, ni mucho menos, exclusivo del andaluz, sino que también es aplicable en mayor o menor medida a las variedades americanas del español. Y así es, efectivamente, porque el español de América empieza en Andalucía y continúa en Canarias. Pero ya habrá tiempo para fijarse en América; hoy me apetecía hablar de las cosas de aquende los mares.
[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, ¿En qué se parecen el francés y el andaluz?]
Nota: los archivos de sonido con los que se ilustran las pronunciaciones de cesser, le y les proceden del Proyecto Shtooka y han sido publicados bajo licencia Creative Commons Atribución 2.0 Francia.
Plural de palabras terminadas en vocal + y
1 de Abril de 2009
Los nombres y adjetivos que terminan en vocal + y tienen dos posibilidades para formar el plural: algunos añaden solamente -s; y otros, -es. Un ejemplo del primer tipo es jersey:
¿Por qué las ovejas no encogen cuando llueve y los jerséis de lana sí? [irrelevante, acceso: 30-3-2009]
Como podemos ver en la oración de arriba, estas palabras tienen la peculiaridad ortográfica de que la y cambia a i al añadir el sufijo. Nótese que el plural del ejemplo anterior se acentúa porque es una palabra aguda terminada en -s. También siguen este modelo espráis, taráis, yoqueis, etc.
Entre las palabras que añaden -es tenemos rey, ley, buey, convoy, bocoy. Veamos un nuevo ejemplo:
Faltan leyes que sancionen el derroche indiscriminado [Blog del Proyecto Lemu, acceso: 30-3-2009]
Algunas palabras oscilan o han oscilado entre un plural y otro. Por ejemplo, guirigay admite los dos; mientras que convoy tiene hoy un plural convoyes que ha acabado imponiéndose a convoys.
No hay forma de saber de antemano qué sufijo es el necesario. Esto forma parte de la idiosincrasia de cada palabra y es, por tanto, un problema que nos debería resolver el diccionario. Sin embargo, los diccionarios tradicionales no incluían información sobre la formación del plural ni siquiera para las palabras que podían resultar dudosas. El Diccionario panhispánico de dudas ha venido a llenar esta laguna, al menos para las palabras más frecuentes.
Construcciones impersonales con ’se’ y leísmo
7 de Febrero de 2009
Hay un caso de leísmo que está aceptado en la norma y es corriente incluso para hablantes y territorios que no son leístas. Es el que aparece asociado a construcciones impersonales con se, por ejemplo:
[...] rehuyeron combate donde se les esperaba —área del “Peñón Viejo”— y se desviaron sin molestia alguna hacia Chalco [Ciencia y Sociedad, acceso: 7-2-2009]
El ejemplo anterior es de un autor mexicano (y, por tanto, nada sospechoso de leísmo). Teniendo en cuenta que esperar rige complemento directo, aquí cabría decir se los esperaba. Sin embargo, la variante más extendida es la leísta. Ambas se consideran correctas, eso sí.
Este fenómeno afecta tanto al singular como al plural. Es claramente más frecuente en masculino, aunque también se puede encontrar asociado al femenino:
[Isis] era más prominente mitológicamente como la esposa y hermana de Osiris y la madre de Horus y se le adoraba como la esposa y madre arquetípica [Cat Thinking, acceso: 7 de febrero de 2009]
Oraciones como la anterior no se consideran incorrectas; pero, en cualquier caso, lo habitual aquí es se la adoraba.
Esta no es sino una más de las ramificaciones del complejo fenómeno gramatical del leísmo.
Calcos
26 de Enero de 2009
Un calco es una palabra que se toma prestada de otra lengua, pero traduciéndola. El ejemplo clásico es rascacielos, que es castellano por fuera y americano por dentro. Formalmente es la traducción literal del inglés skyscraper. Conceptualmente, lo que tenemos es una metáfora que se trasplanta del ámbito lingüístico y cultural angloamericano al hispánico.
Este es un procedimiento muy frecuente para llenar lagunas léxicas con términos importados. Tiene además la virtud de la discreción: pasa desapercibido. ¿Qué haríamos nosotros hoy sin nuestro jardín de infancia, nuestra ciencia ficción, nuestro disco duro o nuestro ratón? Podríamos tomarlos fácilmente por naturales de la meseta castellana y, sin embargo, vienen del alemán Kindergarten y del inglés science fiction, hard disk y mouse, respectivamente.
Un caso interesante es el de empoderar (< empower, inglés). Nosotros hemos tomado la palabra como traducción literal de un término utilizado en los movimientos por los derechos civiles estadounidenses; pero da la casualidad de que ya existía en castellano clásico. Se ha revitalizado así un vocablo que prácticamente habíamos olvidado.
Este no es ningún invento moderno. Ya el latín in-dividuum era un calco del griego á-tomon. Los dos quieren decir originariamente ni más ni menos que ‘no dividido’.
El calco permite importar léxico de otras lenguas sin despertar las suspicacias de los temidos puristas, que suelen cebarse, más bien, en su primo hermano: el extranjerismo.
Plural de palabras terminadas en -s
19 de Enero de 2009
Las palabras terminadas en -s forman el plural de dos maneras diferentes, dependiendo de la sílaba en que recaiga el acento.
Si la palabra es aguda, es decir, si va acentuada en la última sílaba, añade -es. Así, de obús, tenemos obuses:
[...] mis padres aceptaron casi encantados, porque entonces lo que más nos tiraban eran obuses y como nosotros vivíamos en el último piso, los oíamos silbar por encima del tejado y nos daba mucho miedo [Soy una Pobre Pensionista, acceso: 19-1-2009]
Si el acento recae en cualquier otra sílaba, la forma de plural es la misma que la del singular, por ejemplo, el lunes – los lunes:
Esta mañana me he levantado y era lunes, y ya todos los lunes son malos, pero si encima sales a la calle y llueve, y se te olvida el abono transporte [...] [Principio de Incertidumbre, acceso: 19-1-2009]
Esta regla se aplica también a las palabras que terminan en -x porque lo que cuenta aquí no es la escritura sino la pronunciación, de modo que el plural de fénix es los fénix:
Prepotentes, orgullosos y sibaritas, los Fénix no se distinguen por tener una relación bondadosa con las demás razas de la Bruma [Los Cuentos de la Bruma, acceso: 19-1-2009]
También nos hace dudar a veces el plural de las palabras terminadas en -í y en -ú.
Nombres con moción de género
15 de Enero de 2009
Nombres con moción de género son los que pueden adoptar el género masculino o femenino dependiendo del sexo del ser al que se refieren.
Lo normal es que este cambio de género se exprese morfológicamente con terminaciones diferentes, por ejemplo, niñ-o, niñ-a.
No obstante, esto no siempre es así. Los nombres comunes en cuanto al género, presentan moción de género, pero no reflejan este cambio con terminaciones diferentes, sino que tienen una misma forma para masculino y femenino: el turista, la turista.
Por otra parte, no todos los nombres que se refieren a seres sexuados presentan moción de género. Este es el caso de los nombres epicenos.
Déficit, superávit, accésit
8 de Enero de 2009
Hay tres palabras latinas de uso asentado en el español culto que terminan en -t: déficit, superávit, accésit. En latín eran verbos, pero hoy los utilizamos como sustantivos.
Déficit viene de deficio y significa simplemente ‘falta’. Ese es hoy su sentido, aunque un poco más especializado. Déficit es la diferencia negativa entre los ingresos y los gastos; por ejemplo, el dinero que le falta al Ministro de Economía a final de año. Podemos ver cómo se utiliza en un texto real:
El déficit de EEUU registrará 1,2 billones de dólares en el año 2009, sin contar el gasto adicional en el plan de estímulo económico que impulsa Barack Obama [...] [Jaque al Neoliberalismo, acceso: 7-1-2009]
Superávit es el perfecto del verbo supero y significa etimológicamente ni más ni menos que ’sobró’. De hecho, nuestro verbo sobrar no es sino la forma castellanizada de superare. El superávit es el dinero que le sobra al mismo Ministro de Economía en año de vacas gordas si se sabe administrar. Veamos un ejemplo un poco más preciso:
La balanza comercial argentina registró en noviembre un superávit de 952 millones de dólares [...] [Economía Avanzad@, acceso: 8-1-2009]
Nuestro accésit viene de una forma de perfecto de accedo. De los tres es el que más se ha especializado semánticamente. Hoy en castellano se refiere específicamente a un premio secundario de concursos literarios o de otro tipo. Quiere decir que la obra casi llegó ahí, al pódium, que le faltó poco para alcanzar el máximo galardón, como en esta oración:
En el concurso, el gijonés Ricardo Candás obtuvo el accésit con su obra ‘El día que desapareció Bernarda’ [avilés:ciudad de mujeres, acceso: 8-1-2009]
Hay que tener cuidado con la pronunciación de esta palabra, que es llana (accésit), no la vayamos a convertir en esdrújula como hacen muchos.
Tradicionalmente se recomendaba no formar el plural de estas palabras porque en latín eran verbos. Finalmente se ha impuesto el criterio de que su plural se debe formar añadiendo una -s, como sustantivos que son hoy día. Estos son los plurales correctos:
Los crecientes déficits comerciales y de cuenta corriente [...] significan que EEUU necesita atraer más de 700 mil millones de dólares este año para impedir que el dólar se debilite [e4blog, acceso: 8-1-2009]
Brown dijo a la prensa que las naciones con los mayores superávits deberían hacer todo lo posible para ayudar [Economía Avanzad@, acceso: 8-1-2009]
Tanto el primer premio como los accésits podrán declararse desiertos [Sociedad del Pie Peludo, acceso: 8-1-2009]
La verdad es que a mí me sigue costando trabajo pronunciar esas terminaciones en -ts, sobre todo si van seguidas de consonante; pero no deja de tener su lógica que se regularice el plural.
Nótese que aunque son palabras latinas se acentúan. Así se debe hacer con las que se han integrado en el léxico castellano.
¿Por qué decimos ‘anduve’?
27 de Diciembre de 2008
El verbo andar presenta una irregularidad muy llamativa en su conjugación: en el pretérito perfecto simple se utiliza anduve en lugar de la forma regular andé, por ejemplo:
La mujer pantera (1942), Anduve con un zombi (1943) y El hombre leopardo (1943) sorprenden y destacan entre toda la producción clásica hollywoodiense del género fantástico por su insólita modernidad [Claqueta.es, acceso: 27-12-2008]
Todos nos hemos equivocado alguna vez o, como mínimo, hemos dudado. La irregularidad afecta también a los tiempos que se basan en el pretérito indefinido, como el pretérito imperfecto de subjuntivo: anduviera o anduviese (y no andara, andase).
Lo que ocurrió con este verbo fue que la conjugación regular se vio alterada en castellano antiguo por influencia de pretéritos irregulares de verbos muy frecuentes como haber:
Ove > andove (después hube, anduve)
Esta influencia de unas formas sobre otras es lo que se conoce como analogía.
Se han explicado alguna vez estos fenómenos de cambio analógico como si fueran una especie de regla de tres:
Haber es a hube como tener es a X
Despeje el lector la X.
Nombres de género inherente
10 de Noviembre de 2008
Nombres de género inherente son los que solo tienen un género (o masculino o femenino) y no pueden cambiarlo.
Frecuentemente designan realidades asexuadas, por ejemplo, la mesa, el libro, la bacteria, el espermatozoide, la patata, el tomate.
No obstante, también pueden referirse a seres vivos con sexo. En ese caso, nos encontramos ante los denominados sustantivos epicenos. Estos son nombres con un solo género que pueden referirse a individuos de uno y otro sexo, por ejemplo, la serpiente, la perdiz, el ornitorrinco, el gorrión, la persona, etc.
Otro caso particular es el de los sustantivos que expresan la diferencia de género mediante heteronimia, es decir, que tienen palabras diferentes para el individuo de sexo masculino y el de sexo femenino, por ejemplo, hombre/ mujer, caballo/ yegua. Cada uno de esos nombres es de género inherente; por ejemplo caballo es inherentemente masculino y no hay posibilidad de que adopte el género femenino.
Frente a los sustantivos de género inherente se encuentran los que tienen moción de género, en los que esta categoría gramatical varía según se refieran a seres de sexo masculino o femenino (por ejemplo, niño/ niña).
El guardés, la guardesa y el guarda
21 de Octubre de 2008
A pesar de lo que pueda parecer por el título, esta entrada no tiene nada que ver con triángulos amorosos ni nada por el estilo. Se ocupa de un modesto problema de morfología.
Si nos fijamos en el sustantivo guardés, nos daremos cuenta de que tiene una forma poco habitual para el castellano. Esto es así porque se trata de una formación regresiva a partir del femenino guardesa.
El par originario era guarda y guardesa. Este femenino presenta la misma terminación -esa que encontramos en abadesa o condesa. Solo un puñado de sustantivos forman así el femenino y tienden a pertenecer a registros cultos. Es probable que a muchos hablantes les sonara raro. Los hablantes de cualquier lengua no suelen tener mayor inconveniente en oír cosas que no entienden. Están acostumbrados desde pequeñitos. Lo que no soportan es decir cosas que no entienden. Cuando se encuentran en ese brete, buscan una explicación a su manera.
En el caso que nos ocupa, la solución fue inventarle a guardesa un masculino guardés. Ahora todo encajaba. En lugar del femenino en -esa teníamos simple y llanamente un femenino en -a. Se había producido un reanálisis, es decir, se reinterpretaron las fronteras morfológicas y donde teníamos una estructura guard-esa algunos empezaron a ver guardes-a.
El antiguo masculino guarda no desapareció, sino que quedó como un término de significado general aplicable a cualquiera que desarrolla tareas de vigilancia. Guardés/ guardesa se especializó semánticamente y se utiliza, sobre todo en su forma plural los guardeses, para referirse a quienes guardan una casa o una finca, generalmente viviendo en ella. Con este significado está recogido en el diccionario.
Y esto es todo. El problema era modesto, pero espero que tuviera también su interés.